martes, 12 de mayo de 2020

Palabras

Palabras que actúan como dosis ínfimas de arsénico que uno traga sin darse cuenta e intoxican el pensamiento, que es el paso previo a la acción; que descienden suavemente por la garganta con doble sentido, que hubiéramos querido pronunciar y fuimos incapaces de hacerlo, políticamente correctas, arrinconadas en la clandestinidad por los políticamente correcto, olvidadas en el baúl del pasado. Palabras que provocan estremecimientos, que abren horizontes, que salvan vidas, que hieren como navajas. Efímeras, que vienen y van en las alas de la moda, que vinieron para quedarse.

Las palabras tienen una identidad construida a lo largo de los siglos. Son elocuentes y hablan a aquellos que se detienen a pronunciarlas una y otra vez hasta extraerles su esencia.

Cuando las palabras se alían entre sí, ceden una porción de su soberanía para construir una identidad conjunta. Se asociación solidariamente, incluso cuando sus significados son antagónicos. La esencia de cada una de ellas se trasforma y enriquece al cobijo de las otras que componen la expresión.

El inmenso caudal del idioma fluye con sus infinitas ramificaciones como un río del que parten regatos que se convierten en surcos por los que circulan las palabras y las expresiones, como lo hace el agua al encuentro de la tierra, que la aguarda para que participe en la prodigiosa tarea de alumbrar la vida vegetal. El árbol que hidrata el agua se convierte en papel, en una hoja de papel en blanco, que es para la escritura lo que el silencio para la música: un componente imprescindible.

En la quietud de la noche, el corazón bombea la sangre que escala hasta el cerebro, por cuyo complejo circuito viajan las experiencias, las inquietudes y las emociones acumuladas durante la jornada, a la espera de que el motor de la creatividad se ponga en marcha y las convierta en poemas. Y así, días que se convierten en semanas, mesas, años, décadas, centurias y milenios.

La mente está en alerta para captar los destellos de la inspiración, que se presenta sin llamar a la puerta, nunca deja imágenes idénticas en su fugaz trazado y tampoco otorga segundas oportunidades.

Y como sucede con el viento, no se le puede poner fronteras. La muralla de la ortodoxia se derrumba ante el ímpetu de lo que brota: puntos, comas y todos los signos de la ortografía pierden su jerarquía y se ponen al servicio del texto para que éste refleje con fidelidad los sentimientos que quiere trasmitir el que escribe.

Los hijos no son una campana que anuncia a sus padres de Oriente a Occidente, sino que son aquello que otros, que nada saben de sus progenitores, ven ellos: son una nueva entidad. LO mismo sucede con los textos escritos, porque desde el momento en que un lector hace un alto en su camino, se evade del ruido que lo rodea y logra internarse por el itinerario de las palabras, en su cerebro nace una nueva obra.

La controversia que suscita la cuestión de si la literatura es de quien la escribe o de aquel que la necesita seguirá alimentando los debates. Las profecías de los agoreros del apocalipsis, que auguraban la muerte de los libros, resultaron fallidas.

Algún día, cuando el sol engulla la Tierra y ya no estemos, alguien leerá palabras atragantadas, disfrazadas, que no salen, temerosas, rabiosas. Palabras que dicen, que hablan, que callan, que no dicen nada, que pasan, que exclaman, que interrogan, que animan, que machacan. Palabra de aliento, de esperanza de tormento.

miércoles, 15 de abril de 2020

Zorros en la catedral

En 1977, Carl Sagan planteó una pregunta a un pintor y productor radiofónico de Toronto. Quería saber cómo podría un artista expresar la esencia de la identidad humana a un público que no hubiera tenido el menor contacto con los seres humanos. Con Frank Drake, astrofísico como él, Sagan acababa de ser invitado por la NASA a diseñar algo significativo sobre la humanidad que acompañara a las naves Voyager (I y II) en sus visitas a los planetas exteriores y en su posterior viaje a través del espacio interestelar.
Idearon un disco de cobre, recubierto de oro, de treinta centímetros de diámetro, capaz de registrar tanto imágenes como sonidos, para lo que dispone de una aguja fonográfica.
En el apartado de imágenes figuran diagramas del ADN y del sistema solar, además de fotografías captadas en la naturaleza, paisajes rurales y urbanos, arquitectura, hombres cazando, gente comiendo, atletas en plena competición o a una pareja de seres humanos en la que en el útero de la mujer se está desarrollando un feto.
Saludos en cincuenta y cinco idiomas, sonidos del mar, el viento, la lluvia y el fuego, aullidos de lobos, besos, música de los pigmeos navajos y de mariachis, canciones de Louis Amstrong, el aria La reina de la noche, de la ópera La flauta mágica, de Mozart, o el cuarteto de cuerda Cavatina, de Beethoven, forman parte de la selección realizada.
Las Voyager fueron lanzadas en 1977. Ambas pasaron junto a Júpiter en 1979 y alcanzaron Saturno dos años después. La Voyager I se internó en el Polo Sur de dicho planeta y actualmente se encuentra más lejos de la Tierra que cualquier otro objeto creado por los seres humanos. La Voyager II visitó Urano y Neptuno y está dejando atrás el Sol.

Frank Drake
Carl Sagan


Alan Weisman
El viaje interestalar fue proyectado para no tener límites temporales ni geográficos. Como un paseo a través de la eternidad entre miles de galaxias. Sagan y Drake confiaban en que algún ser inteligente que navegara por el espacio fuese capaz de descifrar los mensajes gráficos y sonoros enviados desde un minúsculo planeta situado a billones de kilómetros de distancia llamado Tierra.
Cuando se vengan abajo los tejados de la Catedral y de los edificios de la Cidade da Cultura de Compostela, los árboles crecerán en los espacios que ocuparon las naves, capillas, salas y oficinas. Zorros, lobos, osos, jabalíes y corzos se convertirán en sus pobladores. Al final, cuando la erosión, convierta a las Voyager en polvo estelar, las ondas sonoras y los diagramas es todo lo que se conservará de los seres humanos: una gota en un océano, un instante en millones de años. Tal vez entonces, alguien se emocione mientras escucha el Canto nocturno de los indios navajos o las gaitas de Azerbaiyán, o traten de descifrar el significado de una mujer amamantando a un bebé, tres mensajes poéticos que también figuran en el catálogo enviado desde la Tierra.





CRONOLOGÍA EN UN MUNDO SIN SERES HUMANOS

DOS DÍAS. Con los mecanismos de drenaje desactivados, los túneles del metro se inundan.
SIETE DÍAS. Los generadores diésel, que impulsan el agua de los circuitos de refrigeración de los reactores nucleares, se quedan sin combustible y el mecanismo para.
UN AÑO. Los millones de pájaros que mueren cada año en todo el mundo sobreviven gracias al fallo de las luces de localización de las torres de comunicación y a la inanidad de los cables de alta tensión.
DIEZ AÑOS. El tejado con la grieta, que ya tenía goteras hace una década, desapareció hace tiempo.
CIEN AÑOS. Las poblaciones de pequeños depredadores (mapaches, comadrejas y zorros) disminuirán a raíz de una responsabilidad de los seres humanos: los gatos asilvestrados desestabilizan la cadena trófica.
TRESCIENTOS AÑOS. Los puentes se derrumban. Los diques se anegan, se inundan y se vienen abajo. Ciudades construidas en los deltas de los ríos y en los rellenos del litoral son arrastradas por el agua.
MILES DE AÑOS. Cualquier construcción que quedara en pie en Nueva York acaba convertida en un inmenso bloque de hielo.
TREINTA Y CINCO MIL AÑOS. El suelo queda limpio del plomo depositado durante la era industrial (el cadmino desaparecerá después de75.000).
CIEN MIL AÑOS. El dióxido de carbono vuelve a los niveles previos a la aparición del ser humano (puede que incluso tarde más).

CIENTOS DE MILES DE AÑOS. Aparecen los microbios capaces de degradar el plástico.
TRES MIL MILLONES DE AÑOS. Aunque en formas inimaginables para nosotros, la Tierra sigue siendo un planeta con vida.
DIEZ MILLONES DE AÑOS. Las esculturas de bronce son reconocibles todavía.
MÁS DE CINCO MIL MILLONES DE AÑOS. El Sol, en su fase de gigante roja, se expande y engulle los planetas más cercanos; entre ellos, la Tierra.
LA ETERNIDAD. Nuestras emisiones de radio y televisión, probablemente fragmentadas, siguen viajando por los confines del Universo.

viernes, 7 de febrero de 2020

Corresponsal en Cerdedo


El tiempo es un juez implacable. El paso de los años permite valorar en toda su extensión la labor realizada. La sombra de los días se proyecta sobre las actuaciones del ayer y el transcurrir de las estaciones, con su carga diaria de acontecimientos, hechos cotidianos y experiencias, se convierte en un filtro. Cuando llega la hora de mirar hacia atrás y hacer un recopilatorio, sólo quedan grabados en la memoria y mantienen plena vigencia aquellos actos realizados en clave de universalidad y de eternidad.


Son los actos que reflejan el esfuerzo diario que supone enfrentarse a los compromisos de cada jornada manteniendo la dignidad individual y el empeño por fomentar la implicación colectiva en un futuro más justo, los que permanecen. Es entonces cuando puede comprobarse la vigencia de los mensajes, y un repaso sosegado a través de las crónicas firmadas desde Cerdedo por Manuel Monteagudo Ruzo (Castro-Cerdedo, 24 de diciembre de 1916) en el Diario de Pontevedra en los veinte años transcurridos entre 1968 y 1988 permiten concluir que, lejos de diluirse su mensaje cuando amarillea el papel en el que fueron impresas, conservan una rabiosa actualidad y se perfilan como una guía a seguir, a pesar de haber sido escritas en unas circunstancias nada propicias, cuando no en una situación de abierta incomprensión social y hostilidad política.

“¿Por qué los vecinos de esta villa no creamos una cooperativa y ponemos manos a la obra para que nuestros terrenos baldíos sean repoblados? (…)”, planteaba el 9 de junio de 1968. “En ocasiones nos autodenominamos pobres. En realidad, no aprovechamos nuestros recursos y pensamos que nos lo van dar todo hecho”, remachaba. “Cabe destacar que, con una pequeña inversión, sería un centro turístico”, sentenciaba un año después, pero en 1978 denunciaba, una vez más, la degradación medioambiental, el abandono y la suciedad de algunos de los parajes más atractivos, como el camino de A Torrente y la calzada que conduce a la capilla de san Antón, con el puente romano sobre el río Lérez.

“No hace muchos días, unos forasteros me preguntaron cuál era el camino para acercarse a la capilla; se me ocurrió guiarlos por otro sitio con el fin de ocultarles las inmundicias y el triste espectáculo”, reconocía. Aquello que calificaba como “el triste espectáculo” continuaba a la vista de todos dos años después. “Hay sitios por donde cuesta trabajo pasar, tanto por las ortigas y zarzas que cortan el paso como por el barrizal de aguas pestilentes y nauseabundas que repugnan”.

Advertía que, “aunque corre prisa, no es para obrar con hormigón sino que debe ajustarse a la forma tradicional de la construcción romana”.
Hoy, la situación dista mucho de ser la adecuada. “Los vertederos, que actualmente circundan el pueblo, se van extendiendo hacia el centro. Es repugnante e inquietante”, denunciaba en mayo de 1982. Durante el mismo mes, Manuel Monteagudo expresaba su desolación ante la progresiva sustitución de árboles nobles, como el roble o el castaño, por el eucalipto. “La repoblación forestal actual está asentada en un barril de pólvora. Si los incendios forestales continúan al ritmo actual, el país estará calcinado dentro de veinte años”.

Transcurridos 24 años, Cerdedo acaparaba las portadas de los medios. En la primera semana de agosto de 2006, el fuego prendido en la parroquia de Pedre se extendía por los concellos de Cotobade, Campo Lameiro y Pontevedra, llevándose por delante tres vidas y miles de hectáreas de monte.

En medio de la desidia, Monteagudo subrayaba el empeño de los colectivos vecinales por cubrir con sus iniciativas y esfuerzos aquellas necesidades que desatendía el Concello. “Nos despedimos de toda esta buena gente de Abelaindo, los felicitamos por su carretera, digna de mayor encomio. Han sido los primeros en acometer una obra comunal que debe ser guía para otros pueblos”.

Cinco hombres y seis mujeres habían construido una pista de 1.700 metros de longitud sin más herramientas que sus brazos, unas azadas, palas y calderos, 15.000 pesetas (90,15 euros) recaudadas y 65.000 (390,65 euros) de “única ayuda” municipal. Era el 20 de octubre de 1968. Ya no tendrían que caminar hasta el cementerio de Cerdedo con los ataúdes sobre los hombros como había sucedido hasta entonces y como debieron seguir haciendo los vecinos de Filgueira al camposanto de san Martiño de Figueroa. “Es inaudito que en los tiempos que corren tengan que llevar los muertos a hombros en un trayecto de tres kilómetros”, apuntaba el 28 de agosto de 1978.

En su periodismo reivindicativo también tenían cabida las iniciativas que perseguían honrar a quienes volcaron su obra en beneficio de los demás. Suya fue la petición de que la plaza principal, situada junto a la iglesia, llevase el nombre de un sacerdote que luchó siempre por los más humildes y trató de hacer visibles a las mujeres, Fernando García Leiro. Publicó el primer artículo el 26 de febrero de 1971, y el 24 de junio de 1979 alcanzaba su objetivo.

No corrió la misma suerte su pretensión de que la avenida que conduce al colegio público fuese denominada Doctor Alexander Fleming, “a fin de que los niños conozcan algo más que nombres de futbolistas”, apostillaba. Monteagudo denunció la invasión de propiedades privadas por empresas como la Compañía Telefónica Nacional de España para instalar postes del tendido sin la autorización preceptiva de sus propietarios, los destrozos causados por la empresa que reformó la entonces carretera Nacional 541 Ourense-Pontevedra (Agromán) o los apagones, objeto de debate en un pleno del Concello.

 “Se habló de las tinieblas por las que atraviesan nuestras parroquias. Es inconcebible e inadmisible. Fenosa y el concesionario tienen que arreglarlo, porque santa Lucía bendita no se compromete a hacer este milagro”, escribía en tono sarcástico.

En 1968 reclamó un campo de fútbol, del que Cerdedo aún carece hoy, y una pista polideportiva, porque entendía entonces que la salud mental y la física eran igual de importantes. “No se necesita, creo, que vayan a los bares” los jó-venes, para quienes solicitó en 1968 la construcción de un teleclub dotado de una “buena biblioteca”.
 
Manuel Monteagudo dejó constancia en las páginas del Diario de Pontevedra de los avatares de una de las figuras de mayor dimensión intelectual de Cerdedo, nacido, como él, en la parroquia de Castro: José Rogelio Otero Espasandín. Poeta, ensayista y divulgador, impartió clases de español en varias universidades de Estados Unidos, donde finalizó su periplo como desterrado. Falleció a los 87 años en 1987.

Y como si de la espina dorsal de su obra se tratase, los artículos relacionados con la construcción de un embalse en el río Lérez son una constante. “No sólo va a cambiar la geografía, sino también el clima, provocando el éxodo sin retorno”, vaticinaba el 6 de junio de 1976. La aldea de Serrapio, hoy vacía, es la mejor constatación.

“Ustedes me desarraigan, ustedes rompen mi círculo social, mi comunidad de vida, el paisaje, el aire, aquel camino, aquel recuerdo, mi historia como ser humano y hasta los muertos; entonces, esos valores, aparte del intrínseco de la tierra ¿Cuál es el justiprecio? (…) Mientras nos ofrecen a 160 pesetas el metro cuadrado (0,96 euros), en As Encrobas ofrecieron a 625 (3,75); en Oroso, a 312 (1,87); Saltos del Sil, en 1968, a 230 (1,38) y Accesos a Galicia de Valedoras a 257 (1,54 euros). (…) Como bien dice la asociación de vecinos, el Ayuntamiento guarda el más hermético silencio, un silencio que debería ser el primero en romper ante las justas reivindicaciones de su pueblo”, exponía el 22 de octubre de 1978.

Años más tarde, el conjunto formado por un molino, un horno y una vivienda, situado al lado de uno de los puentes más antiguos del municipio, era trasladado desde Serrapio a un nuevo emplazamiento, en Codeseda, por sus propietarios, que se hicieron con uno de los elementos más valiosos del patrimonio etnográfico cerdedense por un desembolso de 300.000 pesetas (1.803 euros), precisa Monteagudo. Las expropiaciones fueron ejecutadas, pero el embalse en el río Lérez no fue construido.

El periodista cerdedense retrata una sociedad apática y resignada, que observa el envejecimiento y el paulatino abandono de aldeas y lugares. “Teníamos en el año 1920 unos 7.500 habitantes, mientras que en la actualidad (12 de septiembre de 1968) seremos unos 5.000. Por esta misma regla de tres para el año 2000 no llegarán a 2.500”. También acertó en este vaticinio: el 1 de enero de 2007, el número de habitantes era de 2.330 (1.283 mujeres y 1.047 hombres).



domingo, 5 de enero de 2020

1936




“O fascismo no 36 arrasou, derrubou, tronzou, exterminou en todo o que cheirase a asociacionismo e liberdade. Non houbo fronte de guerra: houbo terror, asasinato, houbo unha auténtica cazata. O proxecto, os proxectos, os horizontes a esperanza, todo foi tronzado. Hai moita e moi boa e interesante literatura sobre o tema. Últimamente, ademais, especialmente vizosa na novelística. Tal e así que Rexina Vega, a recente gañadora do Premio Xerais de Novela, dixo ó recolle-lo premio: ‘Outra maldita obra sobre a Guerra Civil’. Novelas, poemas, homenaxes literarios, investigacións… Diolas dea. Memoria política. Doutra banda, o revisionismo, o negacionismo ou a patética paz dos vencedores”.


O 23 día de xuño do ano 2008, Anxo Angueira pronunciaba estas palabras nun acto organizado pola asociación ecoloxista e cultural Verbo Xido en Cerdedo.

“O don de prender no pasado a faísca da esperanza tan só lle é dado ao historiador perfectamente convencido de que tan sequera os mortos están seguros se o inimigo vence. E o inimigo nunca cesou de vencer”, advertía Dionisio Pereira, parafraseando a Walter Benjamín, na presentación do seu libro ‘Album de guerra. Canteiros da Terrra de Montes no Exército Popular da República’, celebrada o día 2 de febreiro do mesmo ano en idéntico escenario.

É preciso recordar e construír exercicios literarios sobre os traumas colectivos para liberarnos do peso que deixaron os asasinatos e as torturas. É preciso recordar que o mal estivo aquí. Nos centros de detención, nos camiños, nas cunetas... É preciso nomear en voz alta os nomes daqueles que morreron ou foron perseguidos por defender a legalidade. Cando a democracia pague a súa débeda con quen pelexou por ela, a Guerra Civil deixará de ser unha ferida aberta para se converter nunha lección da historia que no debería volver a repetirse.

Pero o inimigo nunca cesou de vencer.

Nicola Saco e Bartolomeo Vanzetti foron acusados de cometer un crime. Con Estados Unidos nunha profunda depresión económica, o pobo pedía sangue. Unha árbore e unha corda. As vítimas foron dous humildes emigrantes italianos: un zapateiro e un peixeiro acabaron na cadeira eléctrica en Massachusetts no mes de agosto do ano 1927.

“O inimigo querenos mortos e mortos nos vai ter para defender o privilexio e a tiranía, para humillarnos, para acobardarnos, para vencernos, para destruirnos e encadear os pobos ao carro da súa escravitude (…) E ese mesmo inimigo espeta os seus inmundos tentáculos na carne de todos los pobos da Terra, prepara o máis grande militarismo do mundo e apréstase a escravizar a enteira humanidade. Hai que aplastarlle a cabeza”, advertiu (advertiunos) Bartolomeo Vanzetti diante do Tribunal que o xulgou.

Setenta anos despois, o Goberno de Estados Unidos de América recoñecía o erro cometido e pedía perdón.

Aquí, no ano 1963, o franquismo asasinaba a dous mozos anarquistas acusados en falso de pór dous artefactos explosivos. Joaquín Delgado e Francisco Granados foron sentenciados a garrote vil despois de sufrir espantosas torturas. O Tribunal Supremo da España democrática, avanzada e europea negouse a recoñecer a barbaridade cometida por un sinistro Tribunal Militar.

Derrotados os nazis, o xeneral Charles Degaulle promoveu o xuízo que levou ó paredón de fusilamento o exprimeiro ministro de Francia, Pierre Laval, por colaborar con Hitler. Facelo é un delito penado con cadea tamén en Austria, Bélxica, República Checa, Polonia, Rumanía ou Eslovaquia.

Aquí, Jaime Mayor Oreja, ex-ministro do Interior do Partido Popular entre os anos 1996 e 2000, afirmou, impunemente, que o franquismo foi un período “tremendamente plácido”. Lonxe de expropiarlle-los bens conseguidos a punta de fusil, aquí finánciase o franquismo con fondos públicos.

No ano 2007, a Audiencia da cidade alemana de Mannhein impuxo a condena máxima, cinco anos de cárcere, ao historiador Ernest Zündel por negar sistemáticamente o xenocidio nazi.

Aquí, no mes de xaneiro do ano 2008, o Tribunal Constitucional acordou que negar o Holocausto non é un delito, pechando un caso aberto sete años atrás pola Audiencia de Barcelona. Foi o pronunciamento dos xuíces escollidos para velar pola orde constitucional diante do recurso presentado por Pedro Varela Geiss, propietario da Libraría Europa, un foco de propaganda e activismo nazi nucleadora da organización Círculo Español de Amigos de Europa (Cedade).

Os alemáns que acoden aos antigos campos de concentración, nos que morreron millóns de seres humanos, choran, piden perdón e avergóñanse polo que fixeron os seus devanceiros. O día 6 de este mes, a canciller, Angela Merkel, visitou o de Auschwitz, en Polonia. “A loita contra o antisemitismo e toda forma de odio é una prioridade do Goberno”, dixo.

Aquí, a ultradereita organizou concentracións no Valle de los Caídos nas que insulta, ameaza e recorda que os que gañaron a guerra siguen mandando, mantendo as súas cotas de poder e disposta a axustarnos as contas en cando a historia lle dea unha oportunidade de facelo.

Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.
Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.
Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos.
Y también
por ti.
(Aquí no se salva ni dios, lo asesinaron.)
Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel.

(Blas de Otero deixou o aviso en 1955).


Tamén Luis Pimentel, en 1937.

¿Outra vez, outra vez o terror!
Un día e outro día, sen compás, sen protesta
Galicia ametrallada nas cunetas
dos seus camiños.
Chéganos outro berro.
Señor ¿qué fixemos?
-Non fales en voz alta-
¿Hasta cando durará iste gran enterro?
-Non chores que poden escoitarte
Hoxe non choran máis que os que aman a Galicia
¿Os milleiros de horas, de séculos,
que fixeron falla
para faguer un home!
teñen que se encher aínda
as cunetas
con sangue de mestres e de obreiros.
Lama, sangue e bágoas nos sulcos
Son semente.

Voltemos ao presente.

“Algunos se han acordado de sus padres cuando ha habido subvenciones para encontrarlos”, atreveuse a dicir o exvoceiro do PP Rafael Hernando.

“Ni dictadura ni leches. Se vivía de maravilla”, dixo a concelleira do mesmo partido en Calpe (Alacant) Ana Sala.

“Quienes fueron condenados a muerte es porque se lo merecían”, sentenciou o alcalde de Baralla (Lugo), tamén do PP, Manuel González, mentres que o seu homólogo de Beade (Ourense) e compañeiro de partido, Senén Pousa, érguelle un altar a Franco no despacho do Concello.

“Es un error la condena realizada por el Congreso al levantamiento militar de 1936”, dixo Manuel Fraga Iribarne. “El glorioso alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 fue uno de los más simpáticos movimientos político-sociales de que el mundo tiene memoria”, deixou dito Fraga en 1949. “Vientos de revancha”, sentenciou José María Aznar cando os concellos comezaron a retirar placas adicadas a franquistas das rúas e prazas, cumplindo así o establecido na Lei de Memoria Histórica.

Acheguémonos máis ao presente.

“Los de izquierdas son unos carcas, todo el día en la fosa de no sé quién”, afirmou o seu sucesor, Pablo Casado. “Quince millones para que desentierren unos huesos”, é una frase pronunciada pola senadora do mesmo partido Esther Muñoz.

A Xunta de Galicia e o Concello de Redondela poñen os cartos de todos para que se celebre na Illa de San Simón un festival de música electrónica. ‘Llevamos la música a lugares insólitos’, di o eslogan. Certo: a un campo de concentración. O mesmo no que no mes de novembro do ano 2019 autorizou a celebración dunha festa de Halloween a una empresa: burla e colonización cultural nun mesmo acto.

Nas bancadas dos campos de fútbol vomitan racismo, xenofobia, machismo e homofobia. Deséxanlle a morte a uns futbolistas e chámanlle putas a mulleres que denunciaron ser vítimas de agresión sexuais. E nunca pasou nada ata que un grupo de siareiros do Rayo Vallecano lle chamaron nazi a un futbolista de probadas simpatías coa ultradereita de Ucrania. A Liga de Fútbol Profesional bendeciu a suspensión do partido. “España necesitaba una alternativa así”, dixo o seu presidente, Javier Tebas, referíndose a Vox.

“Insisto. En los movimientos racista y fascista, aparte de ciertas cosas inadmisibles, hay mucho de aprovechable, a condición de amoldarlo a nuestro temperamento y empaparlo de nuestra doctrina”. Esta declaración foi feita por Gil Robles á volta da súa viaxe para asistir ao Congreso de Nuremberg en 1933.

Demasiados medios de comunicación lle chaman “patriotas” ou “constitucionalistas” aos fachas que posan coa bandeira franquista. É a prensa que critica a quen lle chama nazis aos nazis.

O filólogo Victor Klemperer, perseguido polos nazis, deixou un aviso no libro ‘La lengua del Tercer Reich’: “As palabras poden actuar como doses ínfimas de arsénico: un trágaas sen decatarse, parecen non provocar efecto ningún, e ao cabo dun tempo, próducese o efecto tóxico”.

“Lo que queda al final es una pregunta inquietante que lleva días rondándome la cabeza. Cómo actuaría cada uno de nosotros. Qué haríamos, preocupados a veces porque se ha acabado el agua mineral, porque el niño se ha meado, porque le hemos hecho un rayazo a la moto, si vinieran a nuestra casa en mitad de la noche y tuviésemos que elegir. ¿Daríamos la cara aunque nos la partieran? ¿Delataríamos al vecino?  ¿Huiríamos dejando todo atrás? ¿Bajaríamos la cabeza? Todo pasó hace solo 80 años. Tanta barbarie, tanto odio, tanto cabronazo”. Esta párrafo é dun artigo sobre o libro ‘Un cesto de mazás’, de Montse Fajardo, escrito polo xornalista Adrián Rodríguez no Diario de Pontevedra.

Alá cadaquén coa súa resposta.

No camiño seguido polos seres humanos, un dos fitos con máis significado foi a toma de conciencia da súa existencia e da anguria diante da morte. Os nosos devanceiros cavaban sepulturas e facían ofrendas aos seus mortos. No ano 1976 foi descuberta La Sima de los Huesos, en Atapuerca (Burgos), o primeiro e máis grande cemiterio do planeta. Centos de milleiros de anos despois, seguimos vivindo no país das foxas e das cunetas (¿100.000, 120.000?), somos un anacronismo no continente máis desenvolto e socialmente más avanzado do mundo). Ningunha sociedade pode construirse esquecendo os seus crimes.

A intención do totalitarismo é facer desaparecer ás persoas e a súa memoria, facer como se nunca chegasen a existir, apunta o arqueólogo de Soutelo de Montes Alfredo González Rubial no seu libro ‘Volver a las trincheras’ botando man do pensamento da filósofa Hannah Arendt.

Ao longo da historia, a encrucillada é sempre a mesma: civilización ou barbarie.

“Que non se repita”, din os vellos. Pero nós sabemos que seguen mandando os que se consideran designados para mandar por deus e pola historia, e que hai listas, como no 36. Pero aquí seguimos, en pé, todos aqueles que estamos dispostos a botar leña ao lume para que non se apague a esperanza, e non viramos a cara porque sabemos que un fascismo difuso está deixando paso a outro coa cara descuberta: do ovo acubillado pola gaivota xurdiron as serpes. Caídas todas as máscaras, queda a calavera, e para que non se repita o exterminio e a cazata é preciso seguir loitando contra a desmemoria e o revisionismo.

No limiar do libro sobre a represión franquista en Cerdedo, escrito por Dionísio Pereira, Alfredo González Ruibal deixou escrito:

“Son necesarios moitos libros, moitas conferencias nas que se denuncie a represión franquista, moitas máis clases nas que falemos aos rapaces do pasado máis sinistro do país, para que poidamos estar seguros de que o sacrificio de quenes loitaron pola liberdade e a xustiza non foi en van e que nós –como sociedade- aprendemos a lección.

Por todo iso, e por Albino Agraso Santamaría, Antonio Blanco Solla, Amando Iglesias Pérez, Demetrio Lorenzo Ordóñez, Santiago Ramos Ramos e Bernardino de la Torre Fernández, asesinados o día 31 de decembro do ano 1936 en Marín, temos que seguir adiante, e só así poderemos dicir, como Simónedes de Ceos dos caídos nas Termópilas:

“Gloriosa é a súa fortuna, fermoso é o seu destino, é a súa tumba un altar. En vez de pranto teñen a lembranza, e alabanza é o seu loito. E nin o mofo nin o tempo, que todo o doma, destruirán as súas sepulturas”.



(Escrito leído o día 31 de decembro do ano 2019 en Marín, no acto organizado pola Asociación pola Recuperación da Memoria Histórica)

domingo, 7 de abril de 2019

Espiritista, nudista y masón


Eusapia Palladino protagonizó decenas de sesiones espiritistas en Milán, en 1884. Dos años después, participó en varias demostraciones en Varsovia, y en 1905 puso de manifiesto sus poderes en París, en una demostración a la que asistió el matrimonio Curie, dos años después de haber recibido el Premio Nobel, y las calificó de «experiencias científicas».

Charles Richet, al que la Academia Sueca le otorgó el mismo galardón más tarde, también estaba entre el público, al igual que Jacques Curie, hermano de Pierre, un ferviente seguidor de su doctrina. «He sido testigo de la levitación de una mesa mediante las habilidades de Eusapia Palladino (...) y estoy absolutamente convencido de que el fenómeno presenciado no se debía al engaño ni a la intervención de sus pies, manos o rodillas», aseguró Howard Thurston, una celebridad de la magia, tras haber contemplado una sesión celebrada en Nápoles.

Nacida en el año 1854, fallecida en 1918, procedente de una familia humilde y con una educación elemental, la medium italiana también desarrolló su actividad en Rusia y Estados Unidos, ganándose la fama de poseer extraordinarios poderes paranormales y ser capaz de comunicarse con los muertos.

Atraído por su capacidad, José Manuel Otero Acevedo participó en una serie de experimentos realizados por Eusapia Palladino en Nápoles, cuyos resultados dejó reflejados en dos libros, titulados ‘Los fantasmas’ y ‘Lambroso y el espiritismo’, publicados en 1985.

El primero también fue editado en italiano y en alemán, indica la profesora emérita de la Plymouth State Universiy Virgina Milner. Hipnosis. Fue Otero, un experto en la hipnosis, quien convenció de la existencia de los espíritus a un materialista convencido, llamado Cesare Lombroso, aprovechando unas conferencias celebradas en Barcelona.

El más extraordinario de los relatos del italiano es aquel en el que narra como Eusapia Palladino fue capaz de levitar «hasta lo alto de una mesa». Un famoso coetáno suyo, nacido en Edimburgo (Gran Bretaña) en el año 1859, llamado Arthur Conan Doyle, también creía en el espiritismo y se pasó 30 años tratando de comunicarse con los muertos, aunque no hay constancia de que hubiesen respondido a sus invocaciones.

De la misma época del creador del detective Sherlock Holmes y de Eusapia Palladino fue Harry Houdini, que vino al mundo en Budapest en 1874 y lo abandonó en Michigan (Estados Unidos) en el año 1926. El considerado como el más hábil de los escapistas, que no logró abandonar su tumba, situada en el cementerio de Queens, en Nueva York, falleció con 52 años, a causa de una peritonitis, causa nunca demostrada científicamente porque no se le realizó una autopsia a su cuerpo.

La teoría oficial es que el origen de la dolencia fue un puñetazo recibido en una de sus actuaciones, pero no convenció a su familia, que solicitó la apertura de unas investigaciones ante la sospecha de que hubiera sido envenenado por los espiritistas. El motivo que argumentan quienes apoyan esta tesis es que Houdini combatía las supersticiones y lograba poner de relieve la falsedad de las teorías de los seguidores del espiritismo.

José Manuel Otero Acevedo nació en Rosario de Santa Fe (Argentina) en el año 1865, estudió Medicina en la Universidad de Santiago, doctorándose en la de Madrid con la tesis titulada ‘Etiología y tratamiento del lupus tuberculoso’. En 1910 dirigió el Hospital Provincial de Pontevedra y fue el primer neurocirujano español que realizó con éxito la operación quirúrgica del sistema nervioso simpático.

Antes de haber sido un reconocido cirujano, José Manuel Otero impulsó la creación de la Tuna Compostelana, que presidió en 1888, y durante sus tiempos de estudiante universitario también fue redactor de ‘Café con gotas’, fundado dos años antes, un semanario que se audodefinía como “humorístico sin tostada, cómico, satírico e ilustrado”.

Otro vehículo utilizado para trasladar al público sus opiniones fue ‘Pero-Grullo’, también semanario satírico y humorístico de Santiago, que editó y dirigió Otero, aunque por poco tiempo. La publicación, anticlerical y anticarlista, que sacaba a relucir los trapos sucios de la curia, fue prohibida por orden de Victoriano Gisasola y Méndez, canciller-secretario del arzobispo Victoriano Guisasola y Rodríguez, que era su tío, después de que hubiera salido a la calle su segundo número.

Es posible que hubiera sido durante su etapa universitaria en Santiago cuando trabó amistad con un joven que se hacía llamar entonces Ramón Simón del Valle, con el que compartió experimentos que Otero denominaba «visión a distancia». En uno de ellos hipnotizó a un medium. El dramaturgo arousano calificó de «divertidas» las sesiones, cuyo rastro puede encontrarse en obras como ‘La lámpara maravillosa’, expone Virgina Milner.

En Madrid, además de Valle-Inclán; otro escritor, Pío Baroja, y los pintores Rusiñol i Prats y Romero de Torres y Alejandro Sawa, fueron «amigos de fanfarria» de José Manuel Otero, afirma Alejandro Pérez Lugín en ‘La Casa de la Troya’. De «pintoresco, finisecular que iba de chic y estaba a la moda fashion» lo calificó.

Coleccionista de antigüedades, orientalista, apasionado por la parasicología y radioaficionado, en la poliédrica biografía de Otero figura su intervención en la primera de las excavaciones arqueológicas realizadas en Os Castros do Neixón, situados en la parroquia de Cespón (Boiro), además de haber sido uno de los impulsores de la Feria del Automóvil de Pontecesures.

Posiblemente hablase en esperanto, el idioma creado por el oftalmólogo polaco L. L. Zamenhof en 1887. Raimundo García Domínguez, Borobó, escribió de Otero que «era, según la gente bien de Pontecesures, cuanto había que ser para ir sin remisión al infierno: ateo, masón, vegetariano, volteriano, tal vez nudista y, sin duda, republicano federal». 

Agrega el escritor que «poco le faltaba para que lo tildasen de bolchevique, a pesar de su fortuna, en aquellos últimos años que coincidieron con la revolución rusa». José Manuel Otero Acevedo falleció en Pontecesures en año 1920. 


A las 4.30 horas del día 31 de marzo de 2015, los vecinos de la localidad se despertaron sobresaltados. Estaba ardiendo una casa de piedra situada en la céntrica calle San Luis. Nada se supo de la causa del incendio. Era su vivienda.

sábado, 23 de febrero de 2019

¿Quién se acuerda?








Fue necesario que un millón de personas se manifestasen durante 24 horas en Ereván para que el Gobierno de la URSS, a la que pertenecía Armenia en el año 1966, promoviese la construcción del parque de la Tsitsernakaberd (Fortaleza de las golondrinas pequeñas). Una estela de 44 metros de longitud apunta al cielo, doce losas de basalto gris representan el número de provincias armenias que pertenecen hoy a Turquía, en cuyo centro arde una llama desde entonces en memoria del millón y medio de víctimas del genocidio cometido por los otomanos entre los años 1915 y 1920. Los nombres de todos los pueblos donde se produjeron matanzas están grabados en un muro.

Un grupo de hombres y mujeres descienden por una de las escaleras, depositan flores, forman una cadena con las manos y cantan una oración en recuerdo de sus antepasados. Proceden de Estados Unidos, un país donde encontraron refugio cuando se produjo la diáspora. Argentina fue otro destino preferente, al igual que Líbano y Francia. Siete millones de armenios viven hoy fuera de su país y tres permanecen en él, el mismo número que cuando tuvo lugar el exterminio. En un bosque crecen los árboles plantados por personalidades de la política, las ciencias o las artes. En la otra cabecera de la amplia explanada situada en la colina del río Hrazdam despunta el Museo del Genocidio.

Es una construcción subterránea, de forma circular, donde están expuestos documentos, fotografías, objetos y declaraciones relacionadas con la matanza. La luz tenue crea un ambiente de opresión similar al que trasmite el dedicado a Franz Kafka en Praga. Los visitantes caminan, leen, observan los rostros de niños famélicos, rostros desencajados, cuerpos congelados por el frío o calcinados por el sol y caravanas de seres humanos conducidos a la muerte, mientras caminan en silencio o hablan en voz baja.

Allí también está el recuerdo de los combatientes que encontraron refugio en Musa Dagh y repelieron a los invasores, protagonizando una heroica resistencia que concluyó cuando comprendieron que Armenia había sido abandonada y ningún gobierno iba a acudir en ayuda de un país secundario en el mapa de la geopolítica mundial y se vieron obligados a huir.

En un restaurante próximo a la catedral de Ecdmiadzin se reúne a comer un grupo de armenios procedentes de Líbano. En una mesa próxima hablan en español: son descendientes de las víctimas que huyeron a Buenos Aires. Desde el patio exterior llega la voz de una mujer que está interpretando una canción. Su voz suena con el fondo de agua cayendo por la cornisa de madera que rodea el jardín. Pero el drama sigue presente: son escasa las familias que no cuentan alguna víctima entre sus antepasados.

«El calor del sol del desierto quemó sus cuerpos escasamente vestidos y sus pies desnudos, mientras caminaban por la arena caliente del desierto sufrieron tantas heridas que miles cayeron y murieron o fueron asesinados donde caían. Así, en pocos días, lo que había sido una procesión de seres humanos normales se volvió una horda tambaleante de esqueletos cubierto de polvo, buscando vorazmente trozos de comida», denunció Henry Morguenthau. Pero nadie quiso escuchar la llamada de auxilio del embajador de Estados Unidos en Turquía. «En un recoveco del río cerca de Erzinghan, los miles de cuerpos muertos crearon una barrera de tal magnitud que el Éufrates cambió su curso aproximadamente cien yardas», dejó escrito entonces.
 
 Poco antes de que la Alemania nazi invadiese Polonia, Adolf Hitler reunió a sus lugartenientes. Ante las dudas que percibió, les hizo una pregunta: «¿Quién se acuerda de Armenia?» Ninguno. Fue el primer genocidio del siglo XX. La mayor parte de los países siguen sin reconocerlo, y aquellos que lo afirmen en Turquía se exponen a acabar en la cárcel o muertos, como Hrant Dink, el director de una revista que fue tiroteado en Estambul en el año 2007. Cada 24 de abril, miles de armenios acuden a la Tsitsernakaberd para recordar que ese día comenzó la masacre.

miércoles, 20 de febrero de 2019

El oro del Imperio




Cuando hacerse una fotografía era un acontecimiento, al igual que las carreteras asfaltadas y el ruidoso paso de los vehículos, un grupo de unos treinta alumnos del colegio de Carracedelo (León) dejó constancia gráfica de la excursión realizada al fascinante paisaje de Las Médulas (El Bierzo). Un cura sujeta a uno de los chicos, que no tenía más de ocho años entonces y se llama Álvaro Rodríguez.

 «Supongo que sería un traste entonces», comenta por teléfono mientras sonríe desde la Taberna del Che, un establecimiento que regenta en esta localidad, cuya tipología constructiva sigue los cánones tradicionales de esta comarca en un entorno dominado por el cemento. 

Este lugar era entonces atractivo para quienes vivían en sus inmediaciones y completamente desconocido para el resto, hasta que las infraestructuras viales facilitaron el acceso y la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad, en el año 1997. Viajar en el espacio resulta hoy más accesible que nunca, y para hacerlo en el tiempo basta con la observación, la imaginación y algunos datos históricos. 

Entre los siglos I y III, este territorio pertenece al Imperio Romano, y el descubrimiento de oro pone en marcha una intensísima actividad extractiva en la que participan más de veinte mil personas, que canalizan el agua procedente de ríos y regatos de las montañas y construyen una gigantesca red hidráulica de varios cientos de kilómetros de longitud (uno de cuyos hitos es atravesar una montaña, la de Montefurado, en Quiroga (Lugo)), para embalsarla en la parte superior de las explotaciones.

 El siguiente paso consiste en horadar las entrañas de las montañas, en cuyo interior se encuentra el metal precioso. Después abren las compuertas para liberar el agua y que esta se desplace pendiente abajo antes de introducirse a través de la amplia e intrincada red de túneles. Abatidas por el colosal impacto, las paredes no soportan la presión y se vienen abajo. Por las canalizaciones que habían sido construidas previamente baja la corriente llevando el oro hacia la zona donde fueron construidos los lavaderos. 

«El monte cae roto desde su altura, con un gran estruendo que no puede concebir la mente humana», describe Plinio el Viejo en sus escritos. La actividad es incesante: «Se cava a la luz de las lucernas, estas sirven también para medir los turnos de trabajo, y en muchos meses no se ve el día», añade el historiador. Entre cuatro mil quinientos y cinco mil kilos de oro fueron extraídos a lo largo de dos siglos, precisa el cronista del Imperio Romano. 

Agotado el filón, una superficie de 1.115 hectáreas queda abandonada. Su aspecto apenas guarda parecido con el que presentaba antes de la fiebre del oro, porque su extracción hizo necesario el movimiento de doscientos cuarenta millones de metros cúbicos de tierra, y su desplazamiento da lugar a la formación de grandes cerros, farallones, cortados, cárcavas de arcilla rojiza y de varios lagos.

Ausentes los seres humanos, la naturaleza recupera su protagonismo. Crecen entonces los robles, las encinas y las carcasas en un territorio que estaba dedicado a los castaños, cuya plantación intensiva realizaron los romanos con el objetivo de disponer de un recurso con el que alimentar a la mano de obra. De este modo, la necesidad se convierte en el origen de otra característica que hace peculiar el paisaje de Las Médulas. 

Algunos ejemplares arbóreos son milenarios, se convirtieron en referencias y destacan por su porte, como el de Pereda de Ancares. El insólito paisaje elaborado por la acción de los seres humanos y por los meteoros tiene un aspecto lunar visto desde el mirador de Las Pedrices, que resulta especialmente recomendable en los atardeceres o de Orellán: los montículos rojizos despuntan entre las masas verdes de las arboledas y dejan ver los pasadizos que permiten introducirse en su interior. 

El movimiento de tierras provocado para lograr el acceso al metal fue el origen de la creación de un entorno fascinante en la comarca de El Bierzo (León) [ Nómadas ] Unos son grandiosos como catedrales, y tal es el caso de La Cuevona o de la Cueva Encantada, mientras que el acceso a otros, como el de Pico Reirigo, hace necesario el uso de una linterna y resulta espectacular y emocionante. 

La madera de los castaños es utilizada en la construcción de los voladizos que bordean la primera planta de las viviendas, al igual que la pizarra, la cuarcita y el barro, y mantienen la fisonomía tradicional de los pueblos en unos entorno rodeado edificios y casas cuyo componente esencial es el hormigón.

Un destino que parecía tan lejano para Álvaro Rodríguez cuando visitó por primera vez Las Médulas, cruzando el río Sil por el puente colgante entre Villaverde y San Juan de Paluezas, ya no lo era tanto en otro viaje, el que realizó hace algo más de tres décadas en compañía de un grupo de amigos, que compartieron unas paellas. «Las cosas ya habían cambiado muchísimo», afirma recordando aquella experiencia. Cruzarse con visitantes de distintas nacionalidades caminando por sus senderos o contemplando sus lagos es algo frecuente.

 «Abismal» es el adjetivo que usa para referirse a su transformación, aunque el paisaje apenas haya cambiado del que contemplaron los soldados romanos hace más de veinte siglos.