domingo, 19 de diciembre de 2010

Cuando Franky tocó el piano


Federico Olóriz Aguilera estudió en la Facultad de Medicina de Granada y desarrolló buena parte de su carrera como docente en la Universidad Central de Madrid. Suya es la autoría de un trabajo que permite identificar a las personas por sus huellas dactilares.
Aquel estudio, que se convertiría en una de las herramientas más importantes para los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, comenzó a aplicarse en 1899 en España y Portugal.
En Estados Unidos y Gran Bretaña utilizan el ‘ método Henry’, mientras que en América del Sur y en otros países europeos y asiáticos aplican el creado por un croata nacionalizado en Argentina, Juan Vucetich, en 1891.
Es posible que Francisco Javier Martínez San Millán, alias Franky, se hubiese ilustrado sobre las técnicas de identificación, porque desde el 8 de agosto de 2006, si de algo dispone es de tiempo, puesto que se encuentra entre barrotes al no haber logrado escapar de las huellas que lleva impresas desde el día que vino al mundo. Cuando los agentes del Grupo de Localización de Fugitivos del Cuerpo Nacional de Policía le piden que extienda sus dedos, los entinte y los apoye en un papel, lo que en la jerga de la delincuencia llamaban en otros tiempos tocar el piano, se resiste y sólo facilita el dedo índice de la mano derecha.
A pesar de que se había sometido a una operación de cirugía estética para modificar ligeramente el aspecto de su cara, los agentes tienen la completa seguridad de quién es el individuo que habían ido a arrestar a Dènia ( Alicante).
Queda por completar el último trámite antes de trasladarlo a una prisión para cumplir los doce años de pena que le había impuesto el tribunal encargado de juzgar a los detenidos en la Operación Nécora, después de que su castigo inicial, de diecisiete, fuese rebajado.
Y cuando las comparan con las que le habían tomado a raíz de detenciones anteriores, descubren que no coinciden plenamente: tal cosa acontece con las de los dedos índice y pulgar de la mano derecha.
La Policía Científica las estudia a fondo y logra determinar que se trata de Franky. Acaban de encontrarse con el primer delincuente español que se había operado para cambiar sus huellas dactilares, sustituyendo la piel de los dos dedos de las manos por la de los pies, por medio de un injerto.
En su empeño por liberarse de su pasado, incluso quiere cambiarse de nombre: se hace llamar Gustavo Adolfo Rey Fernández, un nombre que corresponde a un ciudadano de Pontevedra.
" Cuando vi el despliegue, me di cuenta de que sabíais quién era y la buena vida se había acabado", comenta a los agentes que lo arrestan, con 42 años. Habían transcurrido catorce como fugitivo. El cartel en el que puede verse su cara figura entre el de los 15 prófugos más buscados del país.
Franky se había largado el 27 de septiembre de 1994, un día antes de que le fuese notificada la sentencia. Hasta entonces, este leonés, natural de San Pedro Bercianos, vivía en Poio (Pontevedra).
Es un narcotraficante asimilado que se diferencia de los históricos en un aspecto: evita hacer ostentación de la riqueza alcanzada con el negocio de la muerte ante el vecindario, mientras que sus colegas adquirían mansiones o vehículos de alta potencia para dejar claro que habían esquivado las estrecheces económicas para sumergirse en la miseria moral.
Aunque Franky tampoco se había enterrado en una cueva para convertirse en un eremita y meditar. Ni mucho menos, pero cambia de aires y procura ser discreto.
En Dènia hay un alto porcentaje de habitantes procedentes de otras latitudes. Cuando le preguntan, responde que es piloto de aviones. Periódicamente, recibe la visita de su familia en un chalé asentado sobre una parcela de 12.000 metros cuadrados. De lo más normal.
Así, puede disfrutar de las ganancias obtenidas en una operación que culminó con el desembarco de 1.700 kilos de cocaína, hasta que le echan el guante. Ahora le espera una larga temporada a la sombra y dar cuenta de su presunta implicación en el desembarco de cinco toneladas de cocaína en Tapia de Casariego ( Asturias).
La relación de causas pendientes no se agota ahí: también deberá dar explicaciones sobre la Operación Temple. Es una de las de mayores dimensiones de Europa, que permitía la incautación de 12,5 toneladas: 7,5 en el barco ‘ Tamsaare’ y el resto en una vivienda en A Pobra do Caramiñal ( A Coruña).
Es decir, que entre una causa que ya está sustanciada y otras dos por las que deberá responder, Francisco Javier Martínez San Millán podría haber participado en el desembarco 19 toneladas de cocaína. Esta cifra sitúa al leonés entre los narcos más productivos, aunque su nombre no salga a relucir cuando pronunciamos de carrerilla los de los narcotraficantes más importantes de Galicia.
La entrada en su chalé de Dènia permite a los agentes descubrir un búnker que había ordenado construir con el vano propósito de enterrarse en él cuando sintiera cerca el peligro, siguiendo los pasos de otros delincuentes españoles, colombianos, mexicanos o de nacionalidad italiana.
Con el arresto de Franky se reduce la nómina de narcotraficantes fugados, en la que sigue figurando el vilagarciano Luis Jueguen Vilas, que tiene pendiente una condena de 15 años de prisión derivada del desembarco de cocaína en el barco ‘ Dobell’ frente a las costas de Cedeira ( A Coruña).
El exvicepresidente de la Cámara de Comercio huía a Argentina en 1992, después de que un sicario colombiano matase de un tiro, delante de sus narices, a su primo y tesorero de la misma institución, José Manuel Vilas, en Benavente ( Zamora), a raíz de una deuda derivada de esta operación.
El otro es Carlos Ruíz Santamaría, alias, ‘ El Negro’, condenado por la Operación Temple, que logró la libertad condicional de la Sección Cuarta de la Audiencia nacional, por la módica cifra de 30.000 euros, y ya no volvió a dejarse ver desde diciembre de 2001. Este episodio había acarreado una sanción a los integrantes de la sala. Dos años y medio después de la detención de Franky queda por despejar la incógnita de quién lo operó y dónde se realizó el trabajo al hijo de Evangelino y Eustaquia. Algunas fuentes indican que podría haberse desplazado a Colombia.
En diciembre de 2008, la Policía de Estados Unidos capturaba al doctor José L. Covarubias, cuando intentaba volver de Arizona a México, en la localidad fronteriza de Nogales, bajo la acusación de haber extirpado quirúrgicamente las huellas dactilares de Marc George, un jamaicano que había sido arrestado en una operación de tráfico de drogas.
Huir de la identidad tampoco es una tendencia de los últimos tiempos: en 1934, los hermanos Carpis y Fredy Baker dos hampones de Chicago, intentaron cambiarlas. Están registrados otros intentos, realizados con métodos más rústicos, como la utilización de ácidos corrosivos o cauterizadores.
"Él pone un sello en las manos de todos los hombres, a fin de que todos reconozcan sus obras" ( Libro de Job 37, 7).


Diario de Pontevedra (28-12-2008)

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