domingo, 2 de enero de 2011

Cal viva para dos muertos


La memoria de los seres humanos es como un depósito dividido en contenedores. Los recuerdos que acumula a lo largo de su existencia se depositan en uno u otro, en función del impacto que le provoca y el paso del tiempo. Los historiadores llaman pasado ausente a una serie de vivencias que parecen haber caído en el pozo del olvido, pero se mantienen latentes y provocan una especie de calambrazo que recorre la espina dorsal cuando surge el estímulo.

Es lo que sucede al citar el crimen que tuvo lugar hace algo más de 16 años en Meis. Con la excepción de los cadáveres, en este suceso todos fueron presuntos y supuestos, hasta que una resolución judicial daba por cerrado el caso, absolviendo a quienes habían sido imputados.

Ajustándose al relato de los hechos del fiscal, la historia comienza en 1992, cuando Luis Sotelo Villar, de Vigo, y Eugenio Manuel Simón Pedreiro, de Cangas, compran dos kilos de cocaína, por la que pagan siete millones de pesetas (42.000 euros). Contratan para transportarla a Manuel Antonio Silvestro Solla, de Meis.

Pasan los días y la droga no llega. Silvestro les explica que se deshizo de ella al encontrarse con un control policial. Sotelo y Simón no lo creen y le hacen una visita. Del encuentro quedan huellas en su cara y una amenaza.

Aterrorizado, encarga a Juan Carlos Paredes Petrovelle, alias ‘Cicatrices’, y a Ives Antolín Jean Baptiste que se ocupen de despachar a los acreedores. A cambio, recibirán medio kilo de cocaína.

Sotelo y Simón son citados a última hora de la tarde del 13 de diciembre en un taller mecánico de Meis. Tras el escarmiento, es probable que realizasen el viaje con la convicción de que pagaría. Llegan en torno a las 20 horas.

Silvestro los conduce a un lugar donde se encuentran escondidos los matones, que sorprenden a sus víctimas por la espalda, disparándoles varios tiros sin mediar palabra. Paredes Petrovelle y Jean Baptiste cobran y desaparecen de la escena. De momento.

Siguiendo las conclusiones provisionales a las que había llegado el fiscal, los cadáveres habrían permanecido varios días sin ser enterrados. Para esta tarea, Silvestro cuenta con un socio: Fernando Sabarís Martínez, de Barro.

Ambos se encargan de descuartizarlos antes de arrojarlos a la fosa séptica del taller, cubriéndolos de cal viva para borrar cuanto antes las huellas del crimen. Meses más tarde, vacían la fosa y trasladan los restos a un lugar sin determinar, que algunas fuentes sitúan en las proximidades de lo que hoy es la Autovía do Salnés y entonces era la futura Vía do Salnés, porque estaba en fase de construcción.

Cuando las familias de Simón y Sotelo denuncian sus desapariciones, la Policía apunta en la dirección acertada: Meis. Las escuchas telefónicas permiten a los agentes hacerse con indicios que implicarían a Silvestro y lo detienen. Pero tienen que dejarlo en libertad después de tres días. El caso entra en una vía muerta.

Transcurridos dos años, la Policía de Valladolid arresta a una banda de delincuentes que habían asaltado un furgón que transportaba 27 millones de pesetas (162.000 euros). Uno de ellos alude a ‘Manolo de Meis’ en una conversación. En el grupo figura un delincuente conocido por las fuerzas de seguridad: Rolando Cancela Veiga, con una pistola delatora.

Sus declaraciones en las dependencias judiciales de Cambados, adornadas con todo tipo de detalles, reabren el asunto. A renglón seguido, vacían la fosa séptica del taller de Meis, donde aparecen siete piezas dentales, tres uñas, fragmentos de huesos, cabellos y una bala que había sido disparada por la pistola de Cancela. Era el 21 de febrero de 1994.

Con Silvestro, Sabarís y Jean Baptiste en la cárcel, falta ‘Cicatrices’, al que la Policía no logra echar el guante. Todo parecía encajar y había llegado el momento del proceso que concluiría con la vista en la Audiencia Provincial de Pontevedra, celebrada durante la primera semana de febrero de 1997.

Y entonces, salta la sorpresa. Rolando Cancela, que tan locuaz se había mostrado en la fase de instrucción, se desdice de todas sus afirmaciones, manteniendo sólo una: que había estado en posesión del arma de la que los peritos demostraron su uso en el crimen.

Silvestro reconoce la deuda con Simón y Sotelo, aunque la vincula a un asunto derivado del contrabando de tabaco, afirma que las lesiones en la cara habían sido consecuencia de un accidente laboral y que los restos humanos en la fosa séptica podría haberlos arrojado cualquiera que le tuviese manía, porque por los servicios del taller pasa mucha gente.

Cuando le preguntan por el uso de la cal viva, responde que la utilizó para que no oliesen dos perros que había enterrado en la fosa. A ‘Cicatrices’ y Jean Baptiste no los conoce de nada.

Sabarís niega su participación en la desaparición de los cadáveres y Jean Baptiste declara que en la fecha del crimen se encontraba en A Fonsagrada (Lugo), acompañado por su novia, además de tachar de mentiroso compulsivo a Rolando Cancela.

El fiscal mantiene la petición de penas que había fijado en el escrito de calificación: 68 años de prisión para Silvestro, como inductor de un doble asesinato; 71, para Jean Baptiste, como autor, y tres para Sabarís, por haber encubierto el delito. Total: 142 años.

El titular de la Sección Cuarta dela Audiencia absuelve a los tres imputados al entender que no hay pruebas que demuestren su culpabilidad, porque la base de las acusaciones son las declaraciones de Cancela en Cambados, en condición de testigo e imputado, y carecen de validez al no haber contado con asistencia letrada.

También advierte de que los restos hallados pertenecen a Sotelo, por lo que la familia de Pedreiro tuvo que aguardar a que transcurriesen diez años, desde que fue denunciada su desaparición, para recibir las compensaciones económicas por su fallecimiento.

Este caso sólo podría ser reabierto en el supuesto de que fuese detenido Juan Carlos Paredes Petrovelle, ‘Cicatrices’ -al que sus compinches sitúan en Colombia-, al haber renunciado a recurrir tanto el fiscal como las familias de los fallecidos, y si se hallasen nuevas pruebas incriminatorias.

Manuel Antonio Silvestro Solla se quitaba la vida años después.

Diario de Pontevedra (11-1-2009)

1 comentario:

  1. Es para solicitar autorizacion para publicar los artículos tuyos de "crónicas salvajes" en el blog que estoy comenzando, seria cortar y pegar y obviamente poniendo el nombre del autor, osea, el tuyo. mi correo es sindikto@hotmail.com . Espero respuesta. Gracias y salu2

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