lunes, 28 de febrero de 2011

La bomba

Hamid, Ying y Juan Pablo, dos niños y una niña, jugando en algún lugar del mundo, encuentran una bomba. Ignoran qué es ese artefacto abandonado y depositan en él sus esperanzas. Imaginan que les podría dar poder, felicidad o riqueza. No quieren compartir el secreto con los mayores. Prefieren descubrirlo solos. Una gran bendición caerá sobre sus cabezas, piensaYing cuando regresa del arrozal. Para Yasmin serían los más bonitos vestidos, sedas y flores. Para su madre, todas las cosas mágicas que tienen las mujeres de Oriente. Para su padre, todos los camellos, se dice a sí mismo, Hamid bajo la noche estrellada. Se mudarían a la capital, como el primo Marcelo, pero, al contrario que él -que vivía en una chabola en lo alto de un cerro, sin agua y sin electricidad y con barro- ellos lo harían para comprarse una bonita casa en el centro, se imaginaba Juan Pablo en el poblado. Pero los intentos por abrirle los intestinos resultaron vanos, hasta que una hormiga se coló por un resquicio que habían provocado los niños en la estructura. Entonces, estalló, llevandose por delante sus ilusiones. Jordi Sierra i Fabra cuenta esta historia en un libro titulado 'La bomba', recomendado para mayores de 12 años. Treinta y cuatro países fabrican bombas antipersona. España las almacena. Hay millones esparcidas sobre la tierra porque el 23% de las que fueron arrojadas no explotaron, al haber amortiguado su caída las ramas de los árboles o el suelo reblandecido. Los administradores del miedo anunciaron en Oslo que se reunirán en el próximo año para tratar de impulsar el Tratado de Otawa, firmado en 1996 (e incumplido) que prohíbe su fabricación.

Diario de Pontevedra (6-04-2007)

domingo, 27 de febrero de 2011

Cortegada, un regalo envenenado


Cuando el Rey Alfonso XIII insinuó la posibilidad de buscar una nueva ubicación para su residencia veraniega, que se encontraba en San Sebastián, un grupo de vecinos, que ya habían protagonizado, cinco años antes, una iniciativa para donarle unos terrenos en Vilagarcía, con la pretensión de que construyese un palacio, empezaron a mover los hilos. Corría el año 1907. Pusieron los ojos en la isla de Cortegada.

Así comenzó el proceso promovido por “vecinos entusiastas” y «altas personalidades». Los notables locales debían de hacerse con la propiedad, y «las altas personalidades de la región» eran los avalistas ante el Banco de España.

La presencia de la familia real iba a convertir a esta isla del Concello de Carril en el eje de la vida nacional. “Aguas arriba del Ulla empezará a extenderse la población veraniega como en la riviera extranjera. El ray-grass inglés, las pelouses, césped aterciopelado de París y chalés y merenderos se alzarán paulatinamente”, profetizaba en 1908 un entusiasmado Domingo Villar Granjel en su obra ‘Cartas sobre Galicia’.

«Soñar no tenía precio», comenta Marcelino Abuín en el libro ‘Vilagarcía y el mar: Historia del puerto’, en el que está documentado este reportaje. En la ciudad «habían fijado la atención de muchas personas que veían una de las zonas con mayor potencial de crecimiento», agrega. La presencia de los monarcas era la clave para impulsar sus potencialidades.

«Entre las dos dilatadas colinas de la isla, se alzará el palacio”, expone Villar Granjel, de 60 metros de fachada y la misma medida de fondo, con un patio de 20 por 24 y torres de 40 metros de altura, dotado de embarcaderos, jardines y parques «como los grandes castillos de los grandes soberanos de Europa».

Además de detallar las características del palacio, también expone las del puente. «Enorme, semejante al Puente de la Torre de Londres, decorado al estilo de la arquitectura civil alemana de la Edad Media», subraya. Será levadizo en el centro, con una longitud de 129 metros y dos grandes puertas ornamentales".

La prisa es la tónica dominante. Sin tener asegurada la propiedad, se informa de la aceptación del monarca y de la próxima visita que realizará a la localidad», advierte el historiador vilagarciano.

Y la llegada del Rey Alfonso XIII tiene lugar a finales del verano de 1907. La visita es breve y no se compromete a acudir durante los cumento se le entregara con las omisiones que se le entregó porque siempre pensó que fuese para ejercer él libremente su dominio en toda la isla, encontrándose con una porción de terreno de la misma litigable por no haberlo cedido su propietarios», podía leerse en las crónicas de la época.

En marzo de 1908, Vilagarcía recibía con amargura la noticia, pero no estaba escrito el último capítulo. Las fuerzas vivas convocaron una manifestación. Se celebró el 17 de marzo.

«Señor, Galicia, que no ha ensombrecido jamás la gloriosa historia de la patria, que no ha delinquido en el perjurio, quisiera no ser, una vez más, la olvidada entre sus hermanas regiones de España No nos olvidéis Señor», suplica el presidente de la Sociedad Agrícola Ría de Arousa en su proclama.

Cuatro días después, el Rey responde que está dispuesto a aceptar el regalo si le entregan la totalidad de la isla. La comisión encargada de las gestiones lo consigue. La escritura de la donación fue firmada el día 16 de julio de 1910 en Madrid.

Pero, por entonces, el monarca ya había puesto sus ojos en la Magdalena de Santander, que se convirtió en su residencia de verano, aunque no por eso renunció al regalo que con tanta insistencia se empeñaron en hacerle.

Y sin residencia real ni isla, los promotores de la iniciativa se vieron ante el compromiso de pagar 620.000 pesetas por los trámites, y parte de los propietarios perdieron el dinero recibido en concepto de indemnización al quebrar el banco Herederos de Francisco Deza.

Abandonada a su suerte, la naturaleza se adueñó de la isla de Cortegada, que fue vendida por Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, a Inmobiliaria Cortegada por 60 millones de pesetas (360.000 euros).

Su proyecto, fechado en 1979, incluía la construcción de un puente, 800 viviendas y hoteles.

La Corporación municipal, presidida por José Luis Rivera Mallo, de Alianza Popular, aprobó el plan parcial en 1984.

Los obstáculos obligan a la inmobiliaria a retrasar la ejecución del proyecto, y en 1991 la Corporación, presidida por el socialista Javier Gago, rechaza el proyecto. La Xunta la declara parque natural.

Perdido su valor como inversión, la Xunta inicia los trámites para recuperarla, para lo que tuvo que pagar 1,8 millones de euros. El desembarco que simbolizó el cambio de titularidad de Cortegada se celebró en agosto del 2007, 97 años después de la fallida donación.

En el amplio y prolijo calendario que desembocó en la recuperación de Cortegada para el patrimonio público jugó un papel decisivo una plataforma vecinal, creada en el año 1989, que logró crear una conciencia ciudadana respecto al valor de la isla mediante un intenso y riguroso trabajo de divulgación de sus valores patrimoniales y naturales.

Diario de Pontevedra (14-02-2010)

Cuenta atrás para la despedida más larga

Olvidan cómo vestirse, no recuerdan si se ducharon esa mañana, desconocen con qué motivo se encaminan hacia la puerta, caen en el desánimo, pierden la capacidad de hablar y entender y se hunden en la depresión. ¿Qué está sucediendo? Son algunos síntomas que caracterizan la enfermedad de Alzheimer. Una tortura que destroza una herramienta básica de la inteligencia humana: la memoria.

La padecen medio millón de personas en España, pero quienes en realidad la sufren son sus familiares y cuidadores, que viven en primer plano el proceso de desestructuración de un ser querido con la impotencia que supone no poder hacer más que tratar de darle cariño y unos tratamientos (farmacológicos y terapéuticos) que palían levemente las consecuencias. Son víctimas del profundo desgaste físico y psicológico que supone mantener una atención constante durante 24 horas cada día a lo largo de varios años.

Tratan de mantener abiertas las vías de comunicación para trasmitirles afecto y cariño. Alcanzan el objetivo durante un tiempo, pero el paso de los días resulta implacable y se levanta un muro que lo aisla completamente. A partir de ese momento sólo vale mantener la confianza en que, de un modo u otro, les esté llegando algo de lo que quieren tarsmitirse, porque no hay sonido ni gesto que lo certifique.

El riesgo de padecerla comienza, habitualmente, a partir de los 65 años, y es más alto el porcentaje a medida que la edad es más avanzada, aunque también están registrados casos en los que el enfermo no llegó a cumplir los 50. Teniendo en cuenta que la esperanza de vida marca una curva ascendente, la media de incidencia podría situarse entre diez y veinte años.

En la fase inicial, la sintomatología es leve y los pacientes pueden realizar las funciones básicas, aunque necesiten apoyo, porque pueden perderse. Algunas consecuencias pueden pasar inadvertidas, pero una vez que se verifica que algo anormal está ocurriendo, se plantea la disyuntiva: mientras unos optan por acudir al médico para que haga un estudio y elabore un diagnóstico, otros se resisten a asumirlo, multiplicando las dificultades en su entorno.

Es, también, el momento en el que los familiares deben prepararse para afrontar lo que está por venir. Comienza la cuenta atrás para despedida más larga y dolorosa. Alcanzada la etapa intermedia, el grado de dependencia aumenta y es preciso ayudarlos para que se laven, vistan o coman. Las alteraciones cognitivas son muy obvias.

A estas alturas, están incapacitados para trabajar, se desorientan fácilmente y pierden la capacidad para entender frases sencillas. Delirios y alucinaciones, relacionados con animales, objetos, personas conocidas o ladrones, son frecuentes. También se incrementa la desconfianza, y las víctimas de ella son muchas veces las personas más cercanas, el marido o la mujer, habitualmente.

En la recta final de la enfermedad, son dependientes para todas las tareas básicas de la vida. Precisan que les den de comer, limpiarlos y moverlos. Pierden el contacto con el medio exterior y no pueden comunicarse ni responder a los estímulos externos. Caminan con dificultades y, en ocasiones, tienen un comportamiento agresivo o pasivos. También ponen de relieve la deshinibición. Aparece la rigidez muscular y se altera el patrón del sueño.

Es entonces cuando aumentan los riesgos de complicaciones infecciosas, deshidratación, desnutrición o heridas derivadas de la inmovilización. De hecho, la causa final de la muerte suele estar relacionada, en muchos casos, con estas complicaciones.


ESTRATEGIAS ANTE EL ALZHÉIMER

En Galicia son más de 40.000 los mayores de 60 años que padecen la enfermedad de Alzheimer, y unos 200.000 los familiares que lo estarían sufriendo indirectamente. “Es necesario contar con unidades de día, pero estamos en una situación muy precaria”, afirma Manuel Seijo-Martínez.

El neurólogo del Hospital do Salnés afirma que la estimulación, física e intelectual, en la primera etapa, ayuda a frenar su avance. Pero esta labor debería realizarse en lugares dotados de medios y profesionales adecuados.

Así, además de mejorar su calidad de vida, propiciaría que sus seres más próximos dispusiesen de unas horas de descanso. Otra medida que debería ser aplicada en estos casos es la de disponer de fines de semana libres para distanciarse del problema, agrega.

Hablar, y exponer las sensaciones, es una terapia que contribuye a aliviar la carga, reduciendo las posibilidades de sufrir un síndrome que se caracteriza por la ansiedad, el aislamiento o la sensación de no haber hecho todo lo posible, al que también están expuestos los cuidadores.

Este objetivo es el que persiguen las asociaciones, para cubrir el hueco que dejan las administraciones. Seijo-Martínez colabora con la que se constituyó en Vilagarcía, pensada para atender a los más de 800 afectados en la comarca. España sigue en el furgón de cola en cuanto a inversión.

“El gasto por paciente con demencia y año es de 5.000 euros, mientras en Alemania son 26.000, 21.000 en Holanda, 19.000 en Gran Bretaña y 14.000 en Bélgica”, detalla. En un nivel más bajo figuran países como Estonia, Lituania, Eslovenia, Polonia, Hungría o Malta, agrega. Una plaza en las escasas residencias adaptadas supone un desembolso medio de 18.000 euros al año.

Seijo-Martínez plantea un preocupante escenario: la población con algún tipo de demencia será de casi diez millones en 2040 en Europa, cuando en 2001 eran cinco. Pero no cabe resignarse. En el mundo de los fármacos, el horizonte que se abre esperanzador.

El primer paso lo había constituido una vacuna que resultó efectiva, pero provocó un efecto secundario que obligó a poner fin a los ensayos porque era el origen de encefalitis. Las autopsias sirvieron para comprobar que provocaba la disolución de las placas miloideas que se depositan en el cerebro y originan el Alzheimer.

Fue preciso dar un paso atrás para seguir avanzando.“Hoy es posible retrasar la enfermedad entre ocho y doce meses”, recuerda el coordinador del Área Médica del Hospital do Salnés.

La próxima referencia es la Reunión Internacional sobre el Alzheimer, que se celebrará en Chicago durante el mes de julio, porque en ese foro serán publicados los resultados de los ensayos clínicos realizados, que se transformarán en fármacos al alcance de los afectados en un plazo que cifra entre uno y dos años.

Diario de Pontevedra (8-06-2008)

La droga mata a un cerdo en Carril


Los cerdos disponen de un gran poder destructivo en el hocico. Los gorrinos que se crían en cautividad horadan el suelo de las cuadras hasta construir túneles.

Para reprimir su ímpetu exploratorio se utiliza un método que consiste en colocarle un alambre en los morros, de manera que cuando tratan de dar rienda suelta a su impulso, el dolor les hace abandonar la idea. En algunas comarcas de Galicia usan la expresión ‘vincar o porco’ para referirse a esta práctica.

No hay noticias de que al curricho de ‘Los Romualdos’ le hubiesen colocado el vinco y tampoco hay constancia de que le hubiesen realizado la autopsia para determinar las causas de su muerte, que varios medios de comunicación atribuyeron a una sobredosis de hachís.

Este episodio se habría producido durante los primeros años de la década anterior en Carril (Vilagarcía). ‘Los Romualdos’, un clan cuyo potencial económico en nada podría compararse con el de los narcotraficantes de la comarca, se vieron en un apuro y optaron por guardar un cargamento en la cuadra, convencidos de que a las fuerzas de seguridad no se les pasaría por la cabeza buscarlo en semejante lugar.

Pero no se plantearon una variable: que podrían ser detenidos; y esto es lo que sucedió. Es posible que no hubiesen comentado con el resto de la familia donde estaba el escondrijo, y el gorrino acabó metiendo los morros en aquel bulto que desprendía un olor tan característico y diferente del habitual.

El cucho debió haberse pegado una buena panzada para que le provocase la muerte, convirtiéndose así en el primer cerdo fallecido por sobredosis de una droga que los especialistas no consideran mortal, por más que con un porro se encienda otro, sin haber tenido en cuenta que además de fumarse también se podía comer.

“Éste fue un tema del que se habló mucho y con el que se hizo bastante cachondeo”, recuerda un vecino que está al frente de un establecimiento público, lo que le permite pulsar la opinión de vecindario. “Muchos creyeron que fue verdad y yo también, aunque bueno…”, agrega dejando en el aire una sombra de duda.

Por aquella época, en la que el dinero sucio circulaba a raudales, otro episodio que acaparó titulares fue el hallazgo de una importante suma de dinero en las tuberías del alcantarillado. La cantidad no llegó a ser desvelada, pero quienes siguieron de cerca este suceso coincidieron en apuntar que se trataba de varios millones de pesetas (miles de euros).

El descubrimiento lo realizaron los operarios encargados del mantenimiento de la concesión del servicio de alcantarillado y abastecimiento de agua, cuando acudieron a reparar un atasco que se había producido en la plaza de Ravella (Vilagarcía), muy cerca de la Casa Consistorial.

Denunciado este hecho, entre los componentes del Cuerpo Nacional de Policía enseguida apuntaron en la misma dirección: un agente del Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA), muy conocido en la ciudad por sus amistades con elementos como Sito Miñanco o Danielito Carballo, que fue asesinado de un tiro cuando se encontraba en el Pub Museo de la ciudad arousana, motivo por el que estaba siendo sometido a vigilancia.

La tesis que circulaba entonces señalaba que su ventajosa posición le permitió disponer de contactos que le advirtieron de que estaba próximo un registro de su vivienda, y para evitar problemas optó por una solución radical: tirar cientos de billetes por el retrete. La fortuna se alió con este elemento, que acabaría siendo expulsado del SVA, porque el agua los alejó de las canalizaciones de su piso y de las bajantes, para desembocar en la conducción general, impidiendo determinar el punto de partida de un dinero tan sucio y maloliente como el hachís de Carril, pero igual de efectivo para comprar viviendas o vehículos.

La fortuna, entendida como la descoordinación entre los distintos cuerpos que luchan en la erradicación del tráfico de drogas, se convirtió en un aliado de uno de los nombres propios de mayor impacto mediático de este mundillo: Laureano Oubiña Piñeiro.

El Servicio de Vigilancia Aduanera estaba buscándolo para detenerlo en relación con un alijo, sin lograr su propósito, cuando hubiera sido suficiente con que los agentes se acercasen a la sede de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Vilagarcía, situada entonces en la calle Castelao, donde acudía cada quince días el cambadés, porque se encontraba en libertad vigilada.

El 1 de octubre de 1999 lo hizo para firmar en las dependencias policiales, y después se fue a comer a un restaurante de Dena.

Cuando se disponía a compartir el ágape con dos amigos, suena su teléfono móvil y le advierten de que el SVA acaba de arrestar a su hijastro, David Pérez Lago. Su esposa, Esther Lago, que acudió a Aduanas para interesarse por su hijo, también era detenida y fallecía años después en un accidente de tráfico.

Lo que fue calificado como el mayor gatillazo policial de la lucha contra el narcotráfico, se convirtió en el inicio de un largo periplo de Oubiña por varios países europeos hasta que fue detenido en el restaurante de hotel de Atenas (Grecia), donde estaba hospedado, y extraditado a España. Corría le año 2000.

El recorrido había comenzado unos días después de la detención de su esposa e hijastro, cuando supo que había sido condenado a cuatro años de prisión por un alijo de hachís incautado en Martorell (Barcelona).

Mientras su rostro podía verseen las fotos pegadas en las paredes de las comisarías españolas, el cambadés tuvo la oportunidad de comprobar que la fama que tenía en Galicia no trascendía más allá del Padornelo y A Canda y, mucho menos al otro lado de los Pirineos.

Se percató de tal circunstancia en una cafetería situada cerca del edificio que alberga el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, a la que acudió asiduamente a tomar uno vino.

Allí se encontró con varios representantes de la soberanía española, que no se percataron de que tenían al lado uno de los prófugos más famosos de la época, a pesar de que no se había afeitado la barba ni usaba peluca para pasar inadvertido, como llegó a comentarse.

Diario de Pontevedra (1-02-2009)

domingo, 13 de febrero de 2011

Morir en Irak

Said se arrepiente de no haber hecho caso de los consejos de su padre. Le había pedido que fuese pastor, pero prefirió convertirse en un maestro. Con el encerado encima sale a los caminos tratando de encontrar alumnos, en compañía de otros enseñantes iraníes que se encuentran en su misma situación.

El grupo se dispersa, y después de largas horas en solitario encuentra un grupo. Son unas veinte personas, son hombres mayores, excepto una mujer y su hijo. Ofrece sus servicios y los rechazan. Así comienza ‘Pizarra’, una película dirigida por Makhmalbat Samira.

Son nómadas y se extraviaron cuando intentaban llegar a Irak, le explican a Said. Todo lo que consigue es un trato: recibirá cuarenta nueces si consigue llevarlos hasta la frontera.

Uno de los miembros más viejos de la expedición es incapaz de orinar, por más que sus compañeros tratan de ayudarle. Le cuesta caminar, y la pizarra sirve de improvisada camilla Said cobra cinco nueces por el servicio. El viejo es el padre de la mujer, que se llama Halaled, y su único objetivo para morir tranquilo es que se case.

Said está casado, pero la familia de su mujer se la llevó cuando vivían en Teherán. Desde entonces se hizo cargo de los tres hijos, y el más pequeño mamó la leche de muchas mujeres, por lo que se parece a todas y está enfermo, explica.

Ahora están muy lejos y pide la mano de Halaleh. La pizarra sirve de biombo para la ceremonia nupcial, que se celebra mientras la novia intenta que su hijo, Chuan, haga pis, y dos amigos de su padre luchan tratando de conquistarla también.

Caminan entre escarpados, riscos y pedregales. Durante las paradas trata de enseñar a escribir a su esposa: ‘Te quiero’, escribe en a pizarra. Ella no le hace ningún caso. Él la suspende.

Le pone un cero, otro a su suegro y el tercero, para él. El encerado sirve para poner a secar la ropa que acaba de lavar en un río estancado de agua turbia.

Cuando entran en la niebla, Said anuncia que llegaron a la frontera, pero no le creen. Insiste, y le responden que trata de engañarlos, que están perdidos. Parece incapaz de convencer a la comitiva de viejos nómadas.

Entonces suenan disparos. Se esconden, y cuando finaliza el tiroteo avanzan unos metros, pedregales, riscos y escarpados por delante de nuevo.

La niebla deja ver una alambrada de espinos en el suelo. Ya no tienen la menor duda de que están en la frontera. Se arrodillan y rezan alborozados.

Said renuncia a cruzarla y se divorcia de Halaleh. Se lleva las cuarenta nueces, mientras que a Halaleh le corresponde la pizarra.”Voy de estación en estación, en la que suben y bajan pasajeros, pero él es el único que seguirá siempre conmigo”, dice señalando a su hijo. Es la única frase que dirigió a su marido. Echa a andar con el encerado sobre las espaldas y puede leerse: ‘Te quiero’.

sábado, 12 de febrero de 2011

No hay dinosaurios en la isla de Cortegada


Jose María Ramos Chaves y Rosa López Cardalda cerraron la puerta de su vivienda cuando el mes de agosto del año 1907 estaba casi vencido. Como una veintena de vecinos, durante los días anteriores habían trasladado sus enseres en una lancha a la localidad de Carril (Vilagarcía).

Él era uno de los tres guardas de Cortegada y, como el resto de los habitantes de la isla, vivía de la tierra. José María y Rosa fueron los últimos en abandonarla.

Su nuevo propietario era el rey Alfonso XIII, al que se la regalaron un grupo de acaudalados jerifaltes de la provincia de Pontevedra, esperando que construyese en este lugar un palacio para pasar sus vacaciones de verano, y hacer valer sus influencias aprovechando la cercanía del poder.

La firma del acta de donación se celebró el día 18 de agosto, a las 18.30 horas.

El notario José Barreiro Meiro dio validez a la rúbrica, estampada por Benigno Quiroga Ballesteros en nombre del rey.

Mientras se celebraba este acontecimiento, «apartados del lugar, se encontraban agrupados los últimos habitantes de Cortegada, en cuyos rostros se reflejaba la melancólica sensación que les producía el abandono de sus lugares de tantos años», puede leerse en una crónica.

Entre discursos, aplausos y felicitaciones, «los isleños, llorando muchos de ellos y abrazándose, se agrupaban frente a la ermita», indica la crónica del acto del traspaso de la propiedad.

El monarca, que puso como condición para aceptar el regalo convertirse en el dueño de todo el territorio, aceptó la dádiva cuando los promotores de la iniciativa lograron vencer la resistencia de los propietarios, pero durante el tiempo transcurrido, Alfonso XIII ya había puesto sus ojos en Miravent (Santander) donde ordenó levantar el palacio para sus estancias estivales.

El presente llegó tarde y el palacio no llegó a construirse. La operación fracasó. El bullicio que provocaban los pobladores dio paso a un silencio que se prolonga desde hace más de un siglo.

Ausentes los seres humanos, la naturaleza recobró todo el protagonismo en este enclave situado en la desembocadura del río Ulla.

Veiga do Medio, Lanzada de Abaixo, Agro Pequeno, Bruñedo, Agriño da Eira, Espiñeira, Tomada de Arriba, Sartaxéns, Falliño, Rabelo Pequeno, Bao da Torre y Rosiña do Outeiro son algunos nombres que habían dado a las 1.204 fincas, con una extensión de 256.148 metros cuadrados, en que se encontraba dividida la isla cuando tuvieron que desalojarla.

Las raíces de los arbustos se incrustaron en los muros, que fueron cediendo ayudados por la acción del viento y la lluvia y la carencia de una mano que los reconstruyese.

Cabras y caballos aún permanecieron durante varias décadas, y su presencia hizo posible frenar el crecimiento de la maleza. Pero sus propietarios decidieron que no resultaba rentable, y se los llevaron a tierra firme

Lentamente comenzaron a borrarse las delimitaciones de las pequeñas propiedades, que habían permanecido durante siglos como cicatrices sobre la tierra, en las que cultivaban maíz, trigo, guisantes o patatas.

La vida estaba debajo de los piés y el aprovechamiento era máximo, de ahí que el terreno inculto ocupase poco más de una hectárea, mientras los pinares se esparcían en 124.461 metros cuadrados situados en la fachada más exterior de la isla y expuesta a las inclemencias.

Sin la protección de la tierra cercana, las condiciones meteorológicas son más adversa, y la inclinación que puede observarse en estos árboles podría ser consecuencia de un tornado, apunta Ramón Encisa, un naturalista y micólogo de Vilagarcía que estudia a fondo esta isla. «Probablemente se produjeron más, y son otro síntoma del cambio climático», agrega.

Además de distintos ecosistemas, también se registran diferentes climas en esta pequeña isla, y basta un recorrido de treinta minutos de duración para darse cuenta de que en unos lugares sobra la chaqueta y en otros su abrigo resulta casi insuficiente.

Testigos mudos del paso de los siglos son los pinos mansos que pueden verse desde Carril.

Las casas, levantadas piedra sobre piedra, sin más amparo que el equilibrio que lograba la mano experta del cantero, comenzaron a ceder por sus tejados.

Hundidos éstos, se vinieron abajo las paredes interiores y fragmentos de las fachadas, mientras en el suelo germinaban las semillas transportadas por el viento.

El resultado de 104 años de abandono queda patente a la vista de árboles cuyas ramas despuntan sobre las ruinas de la veintena de viviendas, de planta baja la mayor parte, mientras sus troncos crecen encajados entre los muros que delimitaban las habitaciones

No quedan ningún rastro que permita ubicar el emplazamiento de las parras, que cubrían 3.360 metros cuadrados de superficie, ni de las cuadras y los alpendres.

La ermita, cuya primera referencia bibliográfica está fechada en el año 1334, corrió la misma suerte. Familias de jabalíes llegaron a utilizarla como morada. La última romería se celebró en el año 1935 y quedan las cuatro paredes.

Idéntico fue el destino que corrió el albergue de peregrinos, situado al lado y cubierto casi totalmente por la maleza.

La red de senderos que serpenteaban por una superficie de 49 hectáreas se difuminó por el crecimiento de la vegetación para desaparecer casi totalmente.

Permanece grabada sobre la piedra la huella que dejó el refuerzo metálico que forraba las ruedas de madera de los carros tirados por las vacas, y permite imaginar su paso camino del mar, para cruzar. durante la marea baja, en dirección a Carril.

Y los laureles, que brotaron espontáneamente, crecieron mientras el viento los obligada a inclinarse para resistir su empuje sin romperse.

Este bosque ocupa hoy una superficie de tres hectáreas salpicadas de ramas retorcidas que se elevan y entrelazan, construyendo un techo verde por el que se filtra la luz. El suelo está recubierto por hiedras y helechos.

No existe en este paraje la más mínima huella del paso de los seres humanos. Ni una lata ni una bolsa de plástico en un entorno que permite evocar cómo pudo haber sido la tierra hace miles de años, donde podría catalogarse de sorprendente no encontrarse con un dinosaurio.

Después de que hubiesen marchado los seres humanos también abandonaron la isla los cuervos. Punta Corveiro es un topónimo esclarecedor quw conduce a un lugar, situado en la parte más septentrional de Cortegada, donde abundaban las fincas dedicadas al cultivo del maíz, que servía de alimento a estas aves.

Otra consecuencia estriba en que las aves que utilizan esta isla en su tránsito desde los países escandinavos hasta el norte de África pueden descansar sin ser molestadas.

«Esta isla posee todas las características ecológicas ideales para las laurisilvas, como son la humedad y las especies acompañantes. Cuenta con un microclima que favorecó la implantación de este bosque, que se fortaleció y extendió por las circunstancias históricas», figura en un trabajo elaborado por una comisión ciudadana creada en la década de los ochenta del siglo XX para promover su devolución al patrimonio público.

En la quietud encontraron el mejor entorno las setas. Las nieblas contribuyen a que la humedad se mantenga estable durante casi todo el año y modula las temperaturas.Las misteriosas hijas de la lluvia están a sus anchas.

La consecuencia es que más de medio millar de especies crecen asociadas a los árboles o en un terreno que se alimenta de la descomposición de ramas y hojas, formando una gruesa y mullida capa sobre la que se entierran los pies al caminar.

Ramón Encisa es el secretario de la agrupación micológica A Cantarela, de Vilagarcía. Junto al presidente de este colectivo, Carlos Puga, comenzó a elaborar un estudio sobre las setas en el año 2002 que está deparando grandes sorpresas.

La mayor tal vez haya sido el hallazgo de la Hygrocybe calyptraeformis, con su forma de flor abierta y un color rosa pálido, porque se trata de una especie que crece habitualmente en puntos situados a 800 metros de altitud, y el punto más alto de Cortegada sólo sobresale 22 metros del agua.

También llama la atención la presencia de la Hygrocybe nitiosa, la Crepidotus crocophyllus, la Clavulina fumosa o el Boleptosis subsquuamosa, porque figuran en el libro rojo, donde aficionados a la micología de varios países europeos catalogaron aquellas especies que se encuentran en peligro de extinción.

«En Cortegada son muy abundantes durante la temporada y pueden encontrarse en distintos hábitats, pero el cambio climático podría acabar con ellas porque para eso basta con que se produzca una mínima oscilación de uno o dos grados de la temperatura media habitual, ya que son muy delicadas», explica Ramón Encisa.

En un libro titulado ‘El mundo sin nosotros’, el periodista científico Alan Weisman desarrolla un experimento mental en el que plantea una hipótesis: si los seres humanos dejasen de poblar la tierra, muchos seres vivos evolucionarían hacia sus orígenes primitivo».

Cortegada podría ser un laboratorio para estudiar la validez de esa teoría .

Diario de Pontevedra (6-2-2011)

Foto: Ramón Encisa

El arca de las semillas


El 12% de la superficie del planeta está cultivada, y si le añadimos la destinada a los pastizales, donde se alimenta el ganado, es más de la tercera parte.

La agricultura permitió a los seres humanos administrar mejor su destino, al disponer de una fuente estable de alimentación. El nomadismo al que obligaba la dependencia anterior de la caza dio paso al sedentarismo. La agricultura es el germen de las grandes ciudades, cuya población se abastece del campo a través de una inmensa infraestructura de almacenamiento, conservación y transporte, que permite contar con cualquier tipo de producto en cualquier época del año. El cambio fue trascendental porque, indirectamente, también permite controlar mejor a otros seres vivos, que sirven como alimento o aportan su trabajo.

Siendo así, no deja de llamar la atención que no se hubiese situado ante la tesitura de que la inmensa riqueza genética acumulada pudiera desaparecer, o reducirse significativamente, provocando un empobrecimiento brutal y un retroceso de siglos en la evolución de la especie.

Entre las conclusiones que figuran en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, cuya elaboración promovió la Organización para las Naciones Unidas (ONU), figura una muy clara y concluyente: desencadenará nuevas alteraciones meteorológicas y pestes vegetales desconocidas hoy en las regiones agrícolas, además de temperaturas extremas, que darán lugar a inundaciones y sequías, con su corolario de destrucción.

Ante este horizonte, los componentes de un grupo sin ánimo de lucro, denominado Global Crop Diversity Trust, entendieron que había llegado el momento de poner a salvo el registro genético de nuestras especies vegetales.

Tal determinación cristalizó en la creación de un banco de semillas situado en una cámara acorazada que se encuentra en Noruega, a casi mil kilómetros del Polo Norte. La iniciativa, aplaudida por la más diversas instituciones cuand fue presentada, el 26 de febrero, no es inédita y ya tiene, al menos, un antecedente.

En un granero con trescientos años de antigüedad se encuentra un archivo que contiene más de 160 años de esfuerzos para aprovechar mejor las plantas.

“Los frascos, almacenados por orden cronológico en estanterías metálicas de cinco metros de altura, se remontan hasta la primera época del primer campo de trigo, en 1843. A partir de 1845, al ver que en las primeras muestras aparecía moho, se empezaron a taponar con corcho, luego con parafina y, finalmente, con plomo”, explica Alan Weisman en un libro donde describe un escenario sin seres humanos, titulado ‘El mundo sin nosotros’.

Se encuentra en una localidad del Reino Unido llamada Harpenden (condado de Hertfordshire) y forma parte del Centro de Investigación de Rothamseat. “Con notable previsión”, subraya, lo puso en marcha John Bennet Lawes, que había estudiado Química y Geología en Oxford, para regresar a la hacienda de su padre sin licenciarse.

Miles de ellos todavía no fueron abiertos, y contienen la materia orgánica recogida en la época en la que fueron sellados. Estas muestras permiten analizar las secuelas sobre la tierra y en el aire de los procesos industriales y la utilización de armas químicas en conf lictos bélicos, en forma de nitrógeno, dióxido de azufre, plutonio, plomo o policlorados, procedentes de las fábricas de plásticos.


La bóveda helada en Longyerbyden

“En el caso de que desapareciéramos de repente, y suponiendo que ningún movimiento sísmico sin precedentes estrellara miles de frascos de cristal contra el suelo no resultaría descabellado imaginar que esta singular herencia sobreviviría intacta mucho más que nosotros”, plantea Weisman.

Miles de cajas, ordenadas y etiquetadas, están almacenadas en una cámara excavada en una montaña congelada del Ártico cubierta de nieve. Esta estructura está construida a prueba de terremotos y bombas, ninguna persona tiene todos los códigos de acceso, y se encuentra cerca de Longyearbyden, a 965 kilómetros del Polo Norte. Es una inmensa bóveda construida por los promotores de un proyecto cuyo objetivo es sistematizar la información sobre las plantas y sus genes. Hay cien millones de semillas de 286.630 muestras, conservadas a veintiuún grados bajo cero.

El otro punto de referencia del proyecto es la Universidad de Lovaina (Bélgica), donde un grupo de científicos coordina la búsqueda, selección, análisis y clasificación. El Tratado Internacional sobre los Recursos Fotogénicos de Naciones Unidas creó una red con la misma finalidad, y la labor se completa a través de bancos de semillas ubicados en distintos países.

Un recorrido a través de la historia permitiría comprobar como a lado de creaciones grandiosas, la humanidad también pone de relieve una falta de previsión que podría ser consecuencia de la soberbia basada en la creencia de que es imposible que se produzca un cataclismo que derribe el grandioso monumento levantado.

Pero las advertencias están ahí: a las consecuencias que provocará el cambio climático, se suman el efecto devastador de las guerras y la inestabilidad política.

Este banco permitirá la reproducción de las especies en el momento que los genoplasmas se agoten o resulten destruidos, y supone una garantía frente el alza de los precios de los alimentos básicos, consecuencia de una creciente demanda de los países con economías emergentes y la elaboración de biocombustibles.

Esta iniciativa actualiza la idea que había puesto en marcha John Bennet Lawes hace más de 160 años. Longyearbyden es un asentamiento de 1.600 habitantes situado en la isla de Spitsbergen, que acoge la Universidad de Svalbard, donde jóvenes de 25 nacionalidades estudian Geología, Tecnología y Biología.

También refleja una característica en la que se asentó el desarrollo hasta hace algunas décadas: el respeto al medio ambiente. ‘La tierra donde vives no es una herencia de tus padres, es un préstamo de tus hijos’, dice un aserto indio. La diferencia entre lo que recibimos y lo que entregamos salta a la vista.

Llama la atención que en tan ambiciosa empresa los gobiernos se limiten a desempeñar un papel secundario de colaboradores, en lugar de asumir el protagonismo que le sería exigible.

Diario de Pontevedra (4-5-2008)

A sangre fría en la playa


Cuando el juez que preside la Sección Segunda de la Audiencia Provincial condena al vecino de Vilalonga (Sanxenxo) José Antonio Miniño Pérez a 22 años de prisión por un asesinato consumado y otro en grado de tentativa, el tráfico de drogas ya había sido el origen de numerosos enfrentamientos. Estamos en 1997, y se contabilizaban hasta diez muertes.

La serie había empezado con el tiroteo del tesorero de la Cámara de Comercio de Vilagarcía, José Manuel Vilas Martínez, en Benavente (Zamora) y siguió con el de Eugenio Manuel Simón Pedreira y Luis Sotelo Villar, en Meis.

El tercer capítulo había sido escrito por Antonio Chantada, alias ‘Tucho Ferreiro’, que abatía a Danielito Carballo en Vilagarcía, y a José Juan Agra, en Cambados, antes de suicidarse con la escopeta empleada en los dos crímenes.

A Manuel Baúlo Trigo lo asesinaban de un tiro unos sicarios colombianos en la cocina de su casa de Cambados, mientras que José Manuel Rodríguez Lamas, alias ‘El Pulpo’, se llevaba por delante a Jesús Joaquín Brea Blanco, Mercedes Castaño de la Fuente y Eugenio Riobó Viruel en un apartamento de Peredes (Vilaboa).

Son varias las circunstancias que concurren en cada caso y uno el denominador común: las deudas relacionadas con el trapicheo. Con estos antecedentes, la primera relación que establecen las fuerzas de seguridad al trascender el crimen que tuvo como escenario la playa de A Lanzada era evidente.

Sin embargo, las indagaciones posteriores desbaratan esta relación como el primer detonante. El fallo toca sólo de modo tangencial una transacción de drogas.

Según las declaraciones efectuadas durante la vista oral del juicio a Miniño, que tenía entonces 22 años, todo comienza el 20 de marzo de 1995, cuando Manuel Portas Romero, de 25, lo llama para solicitarle que le venda droga, en una cantidad que no llega a precisar.

Ante el Tribunal, Miniño expone que lo conocía porque, anteriormente, había trabajado para él como transportista de droga. A esas alturas ya se había independizado y los papeles habían cambiado.

Siguiendo el hilo de su exposición, para realizar la operación conciertan una cita en la playa de O Búho (A Lanzada), adonde se dirige Miniño antes de encontrarse con su supuesto comprador. Lo hace para esconder una escopeta. Son cerca de las 21 horas.

Aunque es un antiguo compañero de faena, adopta una medida de autoprotección, dice. Después, sube al coche, enfila por la carretera de la costa y se dirige al punto de contacto, en la churrasquería Xunca Blanca (Noalla-Sanxenxo), donde está Romero acompañado por el cambadés Carmelo Baúlo Santos, de 23 años.

Cenan y se acomodan los tres en un vehículo. Ahora es Manuel Portas quien conduce y su casa, en Vilanova, el destino. El motivo es coger una pieza de ropa, porque hacía frío, expone Miniño.

Cumplida la misión. Desandan el camino, en un Opel Corsa, y se dirigen al lugar donde debería estar oculta la droga. Lo estacionan cerca de las casetas y bajan una rampa. Los tres pisan la arena.

Es entonces cuando sus presuntos compradores sacan una pistola y una navaja, asegura. Para evitar la agresión, Miniño corre hacia el punto donde había escondido el arma.

Mientras, comprueba que por la parte de abajo de la playa se dirigen hacia él otras dos personas. Asegura que estaba muy nervioso. Sin embargo, ni la oscuridad ni el temor le impiden llegar al punto donde de había ocultado la escopeta. Se hace con ella y dispara en dos ocasiones.

Sostiene que no supo en qué dirección y que no tenía la menor intención de matar a nadie: el primer tiro siega la vida de Portas, mientras que el segundo deja herido a Baúlo.

Aunque subraya que desconoce si había herido a uno de ellos o a los dos, debería haber despejado tal duda segundos después, porque se dirige hacia Baúlo, que camina a gatas, y le da varios culatazos con la escopeta para evitar que coja un arma cuya posesión atribuye a Romero y no apareció.

Cabe la posibilidad de que hubiese dado por muerto a Baúlo antes de abandonar el escenario y utilizar su Opel Corsa de color blanco (matrícula PO-3383-AD), que aparca frente al restaurante O Mexilón, de O Grove, y abandona con las llaves en el contacto.

Pero la inmovilidad de Baúlo no era consecuencia de su muerte, sino que había tenido la suficiente sangre fría como para fingir que había fallecido. Cuando su agresor ya se había marchado, pide ayuda a su novia marcando el botón de memoria del teléfono móvil.

En lugar de adoptar la decisión que parecería más lógica, acudir a la Guardia Civil o a la Policía, la novia localiza a un amigo común y ambos van a buscarlo. Lo encuentran en torno a las doce de la noche. Llegados a este punto, tampoco siguen el camino habitual: llamar a una ambulancia. Lo trasladan a un centro sanitario.

Ante el Tribunal, Baúlo asegura que era amigo del fallecido y había conocido al agresor una semana antes. Ese día se encontró con Porto en una cafetería de Cambados y lo invitó a tomar unas cervezas en el Xunca Blanca, desde donde se fueron a la playa.

En A Lanzada, Portas y Miniño bajaron del vehículo, agrega. Creyó que se trataba de una broma cuando sacó la escopeta.

El arma se la había prestado un amigo y vecino, al que se la había pedido con la excusa de probarla porque estaba pensando en compra otra, explicó.

El juez mantiene que se trató de un asesinato a sangre fría, sin encadenarlo con la posibilidad de que el autor hubiese disparado para hacerse con un botín de algo más de medio millón de euros que portaba el fallecido y fue recuperado por la Policía.

Miniño trató de darle la vuelta a la situación, asegurando que sus supuestos agresores quisieron robarle cocaína valorada en 72.000 euros.

Diario de Pontevedra (18-1-2009)

La profecía

Una mujer se levanta una mañana con un presentimiento revoloteando en su cabeza: algo muy grave va a suceder en este pueblo. Su hijo, un mozalbete de 17 años, se ríe cuando se lo cuenta, y se va a jugar al billar. Falla una carambola fácil. Su contrincante cuenta en casa que el origen del error había sido la preocupación provocada por la profecía que había escuchado momentos antes. La madre del contrincante le dice que no se ría de los vaticinios de los viejos. Una pariente la oye, y cuando compra carne pide dos libras en lugar de una, como es habitual, explicando el motivo; algo muy grave va a suceder. El carnicero hace correr la voz y se agota la carne. La gente sale a la plaza e interpreta el calor y el vuelo de un pájaro como dos avisos de que algo funesto se aproxima. Uno sube sus enseres a una carreta y se larga, los otros le siguen. Algunos queman sus viviendas antes de largarse en estampida. En la hilera de carromatos marcha la mujer que hizo el vaticinio: “Yo lo dije, que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca”. Gabriel García Márquez contó esta historia el día 3 de mayo de 1970 en Caracas. Desconozco si estaba pensando en la bolsa, los espasmos de los mercados y las agencias que miden la salud de las economías. Entonces, el capitalismo avanzaba hacia el imperialismo, la segunda fase, y ahora esta entrando en la tercera: el canibalismo.

Diario de Pontevedra (11-2-2011)

lunes, 7 de febrero de 2011

Putas moscas


Resulta unha tarefa complicada esa de adiviñar a idade dun neno cando tivo que deixar a súa infancia nada máis nacer, pero imos supor que esta nena ten uns dez anos. É delgada, como case todas, e camiña de costas.

Sobre a súa cabeza leva seis ladrillos macizos, cocidos nun forno próximo. Posiblemente descoñeza que é a Unión Europea e que os seus funcionarios periféricos pregoan insistentemente a necesidade de reducir, reciclar e reutilizar. Na súa aldea non é unha moda nin un slogan, é pura necesidade. E reciclan cando ten que.

A ilusión de facer unha casa nova pode coa fatiga na súa tarefa de transportar ladrillos doutra casa esnaquizada nun bombardeo. O pesar de quedar sen un teito campa en latitudes próximas.

É todo ollos ese home que camiña cun saco sobre as súas costas. Ollos e barba destacan sobre o resto da imaxe. O saco que leva enriba é inmenso cando o comparamos cos seus ombreiros, e resulta minúsculo se temos en conta que é outro refuxiado e é todo o que ten.

Dúas paredes, compondo un ángulo recto e sen teito, así de espidas, convértense nunha zapatería cuxa oferta é un par de sandalias nunha terra na que as minas antipersoa, esas tan baratas de instalar e tan caras de desactivar, están a encher a terra de amputados.

Son as fotos realizadas por Emilio Morenatti, vítima e testemuña, no sur de Afganistan, que se lles interpuxeron no camiño a os viandantes que percorreron en agosto a recentemente peonalizada rúa Rei Daviña de Vilagarcía.

Foi o eixo central e a novidade do ‘Proxecta 10’, unha proposta que articulan os fotógrafos Miguel Riopa e Jose Luiz Oubiña, con bastante máis vontade que medios, cuxa recompensa foi a gratitude do público, tanto do que fixo un alto no camiño para interiorizar a traxedia que a televisión banaliza como o que asistiu ás proxeccións ao aire libre do 19 de agosto.

Manuel Outomuro abriu o ciclo cunha proposta sobre a moda e o cinema. Paixón e frialdade nunhas imaxes cargadas de plasticidade déronlles paso ás paisaxes áridas e aos rostros tallados polo vento e a dureza da vida en Marrocos que captou Leo Simoes.

Carballos centenarios, enrugas, os netos que se van lonxe, o pobo baleiro, o anticoagulante (Sintron). A angustia da decrepitude, o teléfono, as chamadas perdidas. O poema da vida de Otto Roca alternou co ritual do paroxismo, o delirio, e o vodú na incendiaria colección de fotografías presentada por Luis López ‘Gabú’.

O mar meteuse na rúa Romeu Ortiz para facerse ver a través de dúas canles: a de Jorge Candán, coa súa sorprendente sucesión de imaxes de peixes captadas no fondo convidando ao equívoco, e a que permitiría facer un cálculo aproximado dun quilo de pescada vendo como traballan os mariñeiros aos que seguiu José Romay.

As cores brillantes e intensas de Teresa Sá, as perspectivas orixinais e construcións xeométricas aproveitando a luz de José María Díaz-Maroto, os intensos contraluces no estaleiro de Chou Pesqueira e as dinámicas imaxes captadas por Daniel Rocha en Macau foron o anticipo do regreso.

Avisou o iraniano Reza: Berros, sociedades convertidas en masas fanatizadas e cegas, ollos de odio, horror, amputacións, prostitución, ruínas. E explosións, unha tras outra, ate escurecer o ceo. En Iraq, Líbano ou Afganistán, é o menú de cada día.

E Morenatti ampliou a mostra situada na súa pasarela con outra serie de fotos da que podería extraerse unha conclusión: nalgunhas latitudes, vivir é un accidente, un período de tempo situado entre dúas explosións.

Os aplausos deron paso a unha consumición na rúa A Baldosa. A noite finalizou entre conversacións, reencontros e felicitacións a Oubiña e Riopa.

E ao día seguinte, un grupo de nenos corrían detrás dun camión, todos cuns amplos sorrisos, coma se lle esperase unha choiva de larpeiradas. As garrafas sucias de plástico que levan despexan calquera dúbida: van por auga. Hai que seguir vivindo.

E como a vida sigue, quen ten un pouco, sempre atopa un moito para compartir con aqueles que chegan fuxindo da barbarie. Son os habitantes dunha aldea, que camiñan en ringleira levando alimentos e roupa aos recentemente chegados.

E os rapaces gozan nunha canle de augas estancadas e posiblemente contaminadas. Un home levanta nas súas mans un neno á contraluz dunha tarde na que o pó o envolve todo. Como unha ofrenda, como un desafío á morte, e as moscas están en todas partes. Unha póusase sobre a fronte dun pequeno que non reacciona.

Putas moscas.

(Tempos Novos, Outubro de 2010)

(Foto: José Luiz Oubiña)