domingo, 27 de febrero de 2011

Cortegada, un regalo envenenado


Cuando el Rey Alfonso XIII insinuó la posibilidad de buscar una nueva ubicación para su residencia veraniega, que se encontraba en San Sebastián, un grupo de vecinos, que ya habían protagonizado, cinco años antes, una iniciativa para donarle unos terrenos en Vilagarcía, con la pretensión de que construyese un palacio, empezaron a mover los hilos. Corría el año 1907. Pusieron los ojos en la isla de Cortegada.

Así comenzó el proceso promovido por “vecinos entusiastas” y «altas personalidades». Los notables locales debían de hacerse con la propiedad, y «las altas personalidades de la región» eran los avalistas ante el Banco de España.

La presencia de la familia real iba a convertir a esta isla del Concello de Carril en el eje de la vida nacional. “Aguas arriba del Ulla empezará a extenderse la población veraniega como en la riviera extranjera. El ray-grass inglés, las pelouses, césped aterciopelado de París y chalés y merenderos se alzarán paulatinamente”, profetizaba en 1908 un entusiasmado Domingo Villar Granjel en su obra ‘Cartas sobre Galicia’.

«Soñar no tenía precio», comenta Marcelino Abuín en el libro ‘Vilagarcía y el mar: Historia del puerto’, en el que está documentado este reportaje. En la ciudad «habían fijado la atención de muchas personas que veían una de las zonas con mayor potencial de crecimiento», agrega. La presencia de los monarcas era la clave para impulsar sus potencialidades.

«Entre las dos dilatadas colinas de la isla, se alzará el palacio”, expone Villar Granjel, de 60 metros de fachada y la misma medida de fondo, con un patio de 20 por 24 y torres de 40 metros de altura, dotado de embarcaderos, jardines y parques «como los grandes castillos de los grandes soberanos de Europa».

Además de detallar las características del palacio, también expone las del puente. «Enorme, semejante al Puente de la Torre de Londres, decorado al estilo de la arquitectura civil alemana de la Edad Media», subraya. Será levadizo en el centro, con una longitud de 129 metros y dos grandes puertas ornamentales".

La prisa es la tónica dominante. Sin tener asegurada la propiedad, se informa de la aceptación del monarca y de la próxima visita que realizará a la localidad», advierte el historiador vilagarciano.

Y la llegada del Rey Alfonso XIII tiene lugar a finales del verano de 1907. La visita es breve y no se compromete a acudir durante los cumento se le entregara con las omisiones que se le entregó porque siempre pensó que fuese para ejercer él libremente su dominio en toda la isla, encontrándose con una porción de terreno de la misma litigable por no haberlo cedido su propietarios», podía leerse en las crónicas de la época.

En marzo de 1908, Vilagarcía recibía con amargura la noticia, pero no estaba escrito el último capítulo. Las fuerzas vivas convocaron una manifestación. Se celebró el 17 de marzo.

«Señor, Galicia, que no ha ensombrecido jamás la gloriosa historia de la patria, que no ha delinquido en el perjurio, quisiera no ser, una vez más, la olvidada entre sus hermanas regiones de España No nos olvidéis Señor», suplica el presidente de la Sociedad Agrícola Ría de Arousa en su proclama.

Cuatro días después, el Rey responde que está dispuesto a aceptar el regalo si le entregan la totalidad de la isla. La comisión encargada de las gestiones lo consigue. La escritura de la donación fue firmada el día 16 de julio de 1910 en Madrid.

Pero, por entonces, el monarca ya había puesto sus ojos en la Magdalena de Santander, que se convirtió en su residencia de verano, aunque no por eso renunció al regalo que con tanta insistencia se empeñaron en hacerle.

Y sin residencia real ni isla, los promotores de la iniciativa se vieron ante el compromiso de pagar 620.000 pesetas por los trámites, y parte de los propietarios perdieron el dinero recibido en concepto de indemnización al quebrar el banco Herederos de Francisco Deza.

Abandonada a su suerte, la naturaleza se adueñó de la isla de Cortegada, que fue vendida por Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, a Inmobiliaria Cortegada por 60 millones de pesetas (360.000 euros).

Su proyecto, fechado en 1979, incluía la construcción de un puente, 800 viviendas y hoteles.

La Corporación municipal, presidida por José Luis Rivera Mallo, de Alianza Popular, aprobó el plan parcial en 1984.

Los obstáculos obligan a la inmobiliaria a retrasar la ejecución del proyecto, y en 1991 la Corporación, presidida por el socialista Javier Gago, rechaza el proyecto. La Xunta la declara parque natural.

Perdido su valor como inversión, la Xunta inicia los trámites para recuperarla, para lo que tuvo que pagar 1,8 millones de euros. El desembarco que simbolizó el cambio de titularidad de Cortegada se celebró en agosto del 2007, 97 años después de la fallida donación.

En el amplio y prolijo calendario que desembocó en la recuperación de Cortegada para el patrimonio público jugó un papel decisivo una plataforma vecinal, creada en el año 1989, que logró crear una conciencia ciudadana respecto al valor de la isla mediante un intenso y riguroso trabajo de divulgación de sus valores patrimoniales y naturales.

Diario de Pontevedra (14-02-2010)

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