domingo, 20 de marzo de 2011

Valga/Valka, visado para salir de casa

Los habitantes de una casa que se encuentra en el número 120 de la Calle Voru, de Valga, necesitaron durante varios años contar con un visado especial para salir del edificio. El motivo de tan tragicómica situación no era otro que su situación, porque se encuentra en territorio de Letonia, pero la soberanía de la calle es de la vecina Estonia y, sobre todo, el desacuerdo entre las autoridades de ambos países, aunque acabaron por darle una solución al problema.

Otra situación no menos rocambolesca es la que se puede producir al conducir un vehículo, porque la carretera estonia que conduce a Valga discurre en muchos tramos tan cerca de la línea, que estacionarlo en la cuneta equivale a situarse en Letonia. Al acceder de nuevo a la carretera podría ser denunciado por la policía estonia, al tratarse de una violación de su territorio porque cruza de nuevo la frontera, en sentido inverso en esta ocasión.

Cordilleras, ríos, lagos u otros accidentes naturales sirvieron a lo largo del tiempo para que los seres humanos definiesen las delimitaciones territoriales. De la tarea se ocuparon comisiones mixtas, si imperaba el consenso, porque cuando un país invade a otro, sitúa las marcas donde le conviene, y siempre lo hace anexionándose la mayor superficie posible.

Muchas veces, las rayas son dibujadas sobre un papel en una oficina, y traspasan pueblos y casas. Es lo que aconteció entre los pueblos de Valga, en Estonia y Valka, en Letonia, cuya soberanía pasó de los templarios alemanes (siglo XIII), a manos polacas, suecas y rusas a lo largo de los seis siglos siguientes, con los consiguientes cambios de titularidad. El penúltimo episodio lo escribió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, derribando todas las marcas que diferenciaban las nacionalidades después de la II Guerra Mundial, pero cuando se diluyó el imperio comunista, Estonia y Letonia recuperaron la independencia, y fue preciso levantar fronteras.

Con algunos retoques, prevaleció de nuevo el dictamen que habían aceptado ambos países en 1920, por lo que la mayor parte de Valka quedó en territorio estonio, pasando a formar parte de Valga, mientras que Valka recibió alrededor de ochenta casas dentro de su territorio.

Los problemas no fueron pocos: se establecieron tres puntos de control de pasaportes en el pueblo, y cruzar la ciudad de un lado a otro podía suponer tres horas de espera. El colmo del delirio: para visitar el cementerio, situado en Estonia, los lituanos necesitaban un visado especial, mientras que el permiso para enterrar a un familiar podía tardar una semana.

Otra derivada del absurdo: Valga cuenta con un hospital, cosa que no ocurre en Valka, y sus habitantes tienen que hacer un recorrido de casi 50 kilómetros para llegar al que se encuentra en la localidad de letona de Valmiera. La entrada de las naciones bálticas en la Unión Europea, en 2004, suavizó la situación, pero la renta es un 25% superior en Estonia. También es menor la tasa de desempleo. El Espacio Schengen conlleva, en teoría, la desaparición de las fronteras, pero barreras mentales, reticencias y desconfianzas, fraguadas a lo largo de los siglos, permanecen.

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