sábado, 16 de abril de 2011

Cuando el ‘Xurelo’ puso proa hacia el Atlántico


Las grúas sobresalen en los extremos de dos cargueros holandeses de color verde situados en medio del mar. Unos operarios enganchan en los extremos de sus plumas la carga, entre tres y cuatro barriles de 200 litro de capacidad cada uno. Las cuatro grúas la elevan, giran y la dejan caer. Entre doce y dieciséis en cada maniobra.

Y así, durante varios años.

Que el océano Atlántico estaba siendo utilizado como un cementerio por varias empresas europeas que depositaban en él sus residuos radioactivos era un secreto a voces a principios de la década de los ochenta del siglo pasado.

La organización ecologista Greenpeace había denunciado que la Fosa Atlántica, un espacio de 2.500 kilómetros cuadrados y 4.700 metros de profundidad, situado a 300 millas náuticas, 700 kilómetros del litoral gallego, era el vertedero de ocho países.

En una sociedad que daba sus primeros pasos por una todavía tambaleante democracia, en la que a conciencia ecológica era muy incipiente, un grupo de gallegos decidió que aquello tenía que acabarse, y nada mejor que respaldar su denuncia con pruebas documentales.

Tenía que entrar por los ojos.

Fue así como Esquerda Galega (EG) se puso en contacto con la organización ecologista Greenpeace para organizar una expedición conjunta a la búsqueda de los barcos que estaban convirtiendo el mar en un inmenso basurero. Era el año 1981.

«Propuxémosllo a varios concellos da costa e non tivemos éxito, así que buscamos a maneira de facelo e atopamos receptividade na Confraría de Ribeira. Alí ofreceuse para ir Ángel Vila, patrón e propietario do ‘Xurelo’, un palangreiro de madeira», recuerda Manuel Anxo Méndez, uno de los participantes en la expedición y teniente de alcalde de EG entonces en Moaña.

La estrategia ya estaba decidida: el ‘Xurelo’ partiría del puerto de Ribeira (A Coruña) y el ‘Sirius’, de Greenpeace, zarparía desde el de Plymouth (Inglaterra), para encontrarse ambos en la Fosa Atlántica.

Con Ángel Vila y tres de sus marineros al frente, la tripulación estaba formada por doce jóvenes entre los que también figuraban los tenientes de alcalde de EG en A Coruña y Vigo, Gonzalo Vázquez y Francisco García; Enrique Álvarez, de la Sociedade Galega de Historia Natural; Roxelio Pérez, del colectivo ecologista Natureza, y varios periodistas. Entre ellos, se encontraban Manuel Rivas y el fotógrafo coruñés Xosé Castro.

«Á tardiña do día 15 de setembro, case clandestinamente, zarpamos », indica Méndez. «Tiñan moitas ganas de saír e marchamos pola nosa conta», apunta Ángel Vila.

Castro, que se había acercado a Ribeira con la intención de tomar unas fotografías de la salida, también subió al barco, «con lo puesto», puntualiza.

Era tal el entusiasmo, que no se echaron a atrás a pesar de que momentos antes recibieron la noticia de que el ‘Sirius’ había sufrido una avería y no podría apoyar al ‘Xurelo’.

«La única esperanza sois vosotros», decía el mensaje que les transmitió Remí Parmentier, de Greenpeace.

En este punto conviene recapitular. El ‘Xurelo’ era un barco con 20 metros de eslora y 69 toneladas de registro bruto, utilizado para la pesca de la merluza, que faenó en el banco de Marruecos y en la costa gallega.

«Para andar por aquí, a 40 ou 50 millas defendíase ben», apunta Vila. «¿Como vas ir?” preguntábanme no porto”, recuerda con una sonrisa.

Era lógica la extrañeza de sus compañeros de profesión cuando supieron la que se estaba preparando.

Se iban a unas 700 millas del litoral, alrededor de 300 kilómetros con doce tripulantes que no habían subido nunca a un barco. Les esperaban varios días de navegación en alta mar.

«Que movida, dicían cando o barco daba bandazos», comenta Angel Vila.

El ambiente era de fiesta y las vomitonas se sucedieron. «Fun o primeiro en marearme», desvela Méndez. Sólo se libraron dos: Francisco García y una periodista de El Progreso de Lugo.

La primera cena, preparada por Ciprián, el cocinero, sardinas con cachelos, se fue por la borda.

Tras el cambio de planes, este episodio estuvo a punto de frustrarse cuando el ayudante de Marina de Ribeira envió un mensaje al ‘Xurelo’ conminándolo a regresar. Entonces, ya se encontraba a 250 millas de Fisterra.

«A situación era moi tensa porque o patrón podería ser sancionado gravemente», expone Méndez. «Os militares aínda tiñan moito peso», agrega Vila.

Pero la repercusión mediática que había alcanzado el episodio hizo que las autoridades se retractasen, advirtiéndole de que, a la vuelta, estudiaría las posibles sanciones. «Xa que estamos aquí, imos», resuelve el ribeirense.

«Hoxe, calquera mariñeiro vai, como suele decirse, cos ollos pechados», dice Ángel Vila. Pero hace 29 años los barcos no contaban con los equipos de orientación actuales.

El ‘Xurelo’ disponía de un radar con alcance para 24 millas que estaba averiado y sólo cubría hasta 12, y unas cartas marinas con las coordenadas de la Fosa Atántica.

«O que máis valía era a experiencia do patrón», concluye Manuel Anxo Méndez. Vila puso rumbo al norte y enfiló hacia la punta de Monte Louro (Muros) y Fisterra, para trazar una diagonal desde este punto e internarse en el océano con la convicción de que la Fosa estaría enfrente.

El viento estaba en calma y el barco mantuvo el rumbo marcado, sin desviarse apenas del itinerario que, según las estimaciones de Vila, los llevaría al destino.

Era de noche y habían transcurrido casi dos días de navegación cuando despertaron al patrón para advertirle de que habían divisado dos luces en el radar: eran los dos cargueros holandeses en cuya búsqueda había salido.

Se pegaron a ellos, para seguirlos al amanecer cuando reanudaron el viaje hacia la Fosa Atlántica. Entonces descubrieron que estaban escoltados por una fragata de la Marina holandesa, una circunstancia nada extraña porque la acción, prevista inicialmente entre el ‘Xurelo’ y el ‘Sirius’, no era ningún secreto.

«Puxémonos entre eles facéndolle fotos e gravando en vídeos aquelas descargas de milleiros de barriles. A nosa satisfacción era inmensa porque desde terra nos comentaban a enorme repercusión que tiña a protesta», narra Manuel Ánxo Méndez.

Xosé Castro sacó sus cámaras, una Nikon F2 y una Mamiya, equipadas con objetivos 100-300 milímetros, y comenzó a disparar. Lo hizo durante una hora y tuvo tiempo de consumir ocho carretes en unas condiciones que distaban mucho de ser las ideales.

Enfrente tenía los cargueros ‘Louise Smiths’ y ‘Kristen Smiths’, con 6.800 toneladas de residuos.

«La fragata se nos puso a un lado y al otro teníamos a uno de los barcos. El nuestro, que era como un cascarón, parecía que iba a dar la vuelta», relata.

«No era muy recomendable estar allí», subraya el fotógrafo. «Nos marchamos echando chispas », añade después de precisar que podría haberse llegado a situar a unos 15 metros.

Aquellas fotografías que hizo un profesional, que hoy que tiene 69 años, está jubilado y vive en A Coruña, fueron la prueba evidente de que las denuncias que habían realizado los ecologistas no estaban asentadas en una fantasía ni el eran fruto de una mente calenturienta.

«Una bóla de neve que facía medrar a conciencia ecoloxista en Galicia e no resto de España. Eran as primeiras imaxes que se poderían ver en Europa», recalca Manuel Anxo Méndez.

Después, sembraron el mar de flores rojas a modo de ofrenda en un cementerio nuclear, mostrando las pancartas, gritaron y cantaron el himno gallego.

El barómetro indicaba que la presión comenzaba a bajar y podía acercarse una tormenta. Había llegado el momento de regresar. “O que tiñamos que facer xa o fixemos”, dice Ángel Vila.

Pusieron proa hacia Galicia, siguiendo el itinerario del viaje de ida, y cuando el litoral de Ribeira se divisaba en el horizonte, la tripulación se agolpaba en la cubierta.

Estaban entusiasmados porque su aventura había trascendido a los principales medios de comunicación del mundo. Algo iba a cambiar ya.

Varias decenas de simpatizantes esperaban la llegada del ‘Xurelo’. Pero se anticipó la Guarda Civil del mar, que los aguardaba a la entrada de la ría para identificarlos. «Escondí los carretes en los calzoncillos», desvela Castro.

Dos años después, en 1983, la Organización Marítima Internacional prohibía los enterramientos en el mar.


142.000 toneladas de residuos permanecen sumergidas

La acción del ‘Xurelo’ fue determinante para que varios países dejasen de usar la Fosa Atlántica como un vertedero, pero permanecen sumergidas 142.000 toneladas de residuos.

En un artículo titulado «Xurelo, o barco que cambiou os mares do mundo», el profesor y presidente de la asociación cultural Altofalante, de Ribeira, Luis Teira, subraya que su radiactividad supera el millón de curios, y el accidente de la central nuclear de Chérnobil liberó a la atmósfera cerca de 130.000.

«Los vertidos radioactivos no suponen ni supondrán peligro para esta zona ni para el litoral, ya que las corrientes alejan la posible contaminación procedente de esa área».

Esta sentencia fue emitida por el profesor alemán Werner Feldt, director de investigación del buque oceanográfico ‘Walter Herwing’, en 1985, sin precisar a qué lugar las pudo llevar.

Siguiendo las explicaciones del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el anterior presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, respondió que «los valores de radiación en el Atlántico son semejantes al resto de los mares».

Sin embargo, el CSN sólo realiza las mediciones en el litoral, sin revisar la intensidad en el punto donde se encuentran los bidones.

«A Fosa Atlántica debería ser obxecto de estudo por parte dos países que depositaron alí milleiros de toneladas de residuos radioactivos. O perigo de que aquela contaminación chegue a través da cadea alimentaria aos humanos é moi posible porque os bidóns están sometidos a unas presións fortísimas», advierte Manuel Anxo Méndez.

“La historia de Ángel Vila merecería ser llevada al cine”

«Si en vez de ser de Ribeira hubiera nacido en Gloucester o Devon, probablemente su historia hubiera sido llevada al cine y le pondríamos la cara de George Clooney o de Rusell Crowe», aventura Luis Teira, que se encargó de reunir a parte de los protagonistas con motivo del vigesimoquinto aniversario para rememorar el episodio.

«Pero Ángel Vila, patrón del ‘Xurelo’, sigue siendo casi un desconocido, excepto entre los pioneros del movimiento ecologista en España», añade.

Con 69 años y más de una década jubilado, Vila se toma la vida con calma y resta importancia se escribía con dos palabras separadas entre sí.

Mientras Manuel Anxo Méndez recuerda que entonces siempre hablaba de la necesidad de dejar un mundo mejor a los hijos y los nietos, Vila exponía la semana pasada su admiración «por aqueles chavales», que se atrevieron a subir al barco y jugarse el tipo.

También recuerda con satisfacción como el juez que le impuso la multa mínima de 1.000 pesetas (seis euros) para cada tripulante que había viajado sin estar enrolado, le dijo que estaba agradecido por lo que habían hecho y le aplicó la sanción mínima.

El ‘Xurelo’ fue desguazado en el año 2002. «Como nós, un día tamén teremos que pasar ó outro lado», comenta Vila.

Meses antes de que se hubiesen internado en el océano Atlántico para denunciar los vertidos, el teniente coronel Antonio Tejero había fracasado en su intento de golpe de Estado.

«Eran tempos difíciles», reconoce mientras apura un descafeinado en una cafetería situada en la calle General Franco de Ribeira.

Fotos: Xosé Castro, F.S.

Diario de Pontevedra (28-02-2010)

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