viernes, 22 de abril de 2011

Napoleón en A Illa de Arousa








Al borde de los 5.000 habitantes, el mar es la primera fuente de riqueza de A Illa de Arousa y la ocupación que genera es el argumento que explica porqué su índice de desempleo es tres veces inferior al que se registra en España.

Para entender la conformación social y económica del concello de más reciente creación de Galicia, cuya constitución data del año 1997, conviene viajar a la ciudad francesa de Nantes y a Canet de Mar, en Barcelona, además de hacerle un hueco en esta historia a Napoleón.

En el siglo XIX abundaba a sardina en las costas bretonas, cuyas fábricas de salazón abastecían los mercados, pero era un alimento perecedero, y el emperador Bonaparte necesitaba sustento para cientos de miles de soldados ocupados en el intento de conquistar Europa.

Convocó Napoleón un concurso de ideas, con una cuantiosa recompensa destinada a quien inventase un envase que conservase los alimentos en buenas condiciones durante un margen amplio de tiempo. El ganador fue un pastelero de Nantes, llamado Nicolás Dappert, con un cierre hermético de sardinas precocinadas.

Corría el año 1804, había nacido el ‘sistema Nantes’, y no tardó en tener noticia de este acontecimiento Juan Goday Gual. Este hombre forma parte de una generación de fomentadores catalanes que adquirieron terrenos en parcelas próximas al litoral gallego, propiedades, algunas de ellas, de nobles venidos a menos.

La empresa Conservas y Salazones Goday fue inaugurada en 1879, y su inquieto fundador contrató a Antonio Luis Zulueta y Zulueta, un francés de San Juan de Luz, que se encargó de dotar a la empresa del novedoso sistema.

Dos años después, el rey Alfonso XII visita la factoría, que se convierte en proveedora de la Casa Real y consigue los más importantes galardones en las exposiciones de pesca de Londres (año 1883), Amberes (1885), Cádiz (1887), Barcelona (1888), París (1889 y 1900) y Chicago en el año 1892.

Cuando cede la dirección a su hijo, Manuel Goday Goday, en el año 1892, está construido el edificio, aunque siguen siendo usadas las antiguas instalaciones de salazón, y la plantilla de trabajadores supera el centenar en una actividad con notables oscilaciones por su dependencia de las capturas.

Falleció Manuel Goday en 1937, y con el acceso a la dirección de dos de sus seis hijos, Manuel y José Antonio, la empresa entra en una época de crecimiento y vacilaciones. Con la idea de competir con las fábricas asentadas en Vigo, compran nuevas máquinas, son inflexibles con los trabajadores y ceden una parte de su poder a Banco Simeón, que entra a formar parte de una sociedad limitada.

La pequeña caldera de vapor, comprada en unos talleres de Marín, resulta insuficiente, y adquieren otra en una empresa de Logroño. Sucedió en el año 1941, pesa 47 toneladas y son necesarias tres semanas para trasladarla desde el muelle hasta la factoría, situada a 200 metros.

“La obsesiva, y casi patológica, manía de este empresario le hacía creer que sus empleados le estaban robando”, expone Juan Fernández Casal, refiriéndose a Manuel, en un libro titulado ‘Anecdotario de la conserva’, donde recoge trazos de la historia de la empresa en la que trabajó como jefe de fábrica entre los años 1950 y 1958 y se documenta este reportaje.

“Para el pueblo, eran los amos (…) disfrutaban de una gran influencia en los medios sociales, políticos y las altas esferas de la jerarquía eclesiástica”, subraya Fernández.

La “natural inclinación hacia la devoción religiosa” de las tres hermanas Goday, Jesusa, Carmen y Herminia, las llevó a tratar de usurpar iniciativas y funciones del párroco, que “tuvo que poner en su punto los límites de tal cooperación”, agrega.

También sufren tropiezos “las tres señoritas” en su faceta agrícola y ganadera, porque el pastor alemán que guardaba su afinca encontró día abierta la puerta del corral donde criaban doce gansos, de los que no dejó ninguno vivo, el negocio de venta de leche no resultó, y los empelados de la conservera se las arreglaban para evitar el férreo control que realizaban sobre la plantación y robarles sandias.

“Aquellas mujeres, con sus vestidos claros y vaporosos, pamelas de ala ancha y la característica sombrilla son, a mi juicio, la manera más fiel de reflejar esos recuerdos, ya casi diluidos, de aquellos tiempos” expone Fernández. “Entonces, el modelo de belleza femenina era mostrar una blancura deslumbrante, que era la manera de expresar que no estaban sometidas al trabajo al aire libre y pertenecían a una clase superior”, añade.

Son tiempos en los que la escasez de capturas y los métodos de fabricación anticuados provocan una crisis que desemboca en un enfrentamiento entre los dos hermanos, que se sustancia con la retirada de la gerencia de Manuel. José Antonio se hace cargo de toda la responsabilidad, pero fue incapaz de enderezar el rumbo, y la empresa cerró sus puertas en el año 1958.

Setenta y nueve años de actividad de los Goday también propiciaron la electrificación de A Illa de Arousa, que promovió esta familia catalana con la finalidad de garantizar un suministro estable de energía. No fue fácil la empresa, que comenzó con la solicitud del permiso en el año 1934, ante el desinterés de Fenosa y de la sociedad SGGE por una iniciativa que consideraban costosa y escasamente rentable.

El primer cable submarino para llevar la energía fue instalado en 1946, pero surgieron obstáculos: los contrabandistas necesitaban oscuridad, al igual que los furtivos. Esto explica que un trozo de 40 centímetros de cable hubiera sido pinchado en 37 ocasiones.

Con la experiencia acumulada, los Goday consiguen una subvención de 25 millones de pesetas para poner en macha una nueva instalación. Tienen que salvar la oposición del alcalde de Vilanova, Concello a que pertenecía entonces A Illa de Arousa, y las fuerzas vivas, en las que figuran representantes de conserveras cuyos encargados y responsables comenzaron su andadura en la fábrica propiedad de los catalanes.

Tampoco los vecinos afectados estaban por la labor y hubo amenazas de muerte. Fue necesaria una paciente labor de persuasión para vencer su resistencia. La tarea finalizó en el año 1980.

La construcción de un colegio también figura en su haber, al igual que la adquisición de un camión, que los vecinos bautizaron con el nombre de ‘A Cachonda’.

Juan Fernández Casal no entiende el motivo: “No era elegante ni bonita ni bien proporcionada ni modelo nuevo para asociar la palabra con los atributos que se le asignan a una mujer cuando reúne ciertos atractivos” argumenta.

El Muelle de Pau, situado frente a la Casa Consistorial, era conocido como el Muelle de Goday, una familia que construyó dos barcos de tres palos que surcaban el Océano Atlántico para exportar la producción a países sudamericanos y dos galeones de dos palos en los que transportaban la sardina, la caballa y el bonito desde Vigo además de surtirse de la materia prima procedente de la Ría de Arousa.

Hoy la factoría es un museo, y también se convirtieron en historia las otra ocho que llegaron a estar en activo, nacidas aprovechando la sinergia provocada por Juan Goday Gual a raíz de una invención desarrollada en Nantes, en cuyo origen figura Napoleón, que acabó sus días preso en la isla de Santa Elena.

La última fábrica de conservas echó el candado en 2002, 181 años después de la muerte de un emperador que dejó su huella en A Illa de Arousa sin haber llegado a pisarla.

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