miércoles, 13 de abril de 2011

Palabras envenenadas

Las palabras pueden envenenar. La manipulación de los pensamientos comienza por la del vocabulario que se usa para transmitir las ideas. "Pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo del tiempo se produce el efecto tóxico". Esta frase es del filólogo judío Víctor Klemperer, que estudió minuciosamente la utilización de la lengua por Aldof Hitler y sus secuaces para adormecer las conciencias como paso previo a la acción bélica. Los aventajados alumnos del Fhurer llaman rescate al chantaje. Primero hunden las economías de los países más débiles, y cuando andan a la deriva les lanzan un flotador para que no se hundan, que le van a cobrar a precio de extraperlo. Irlanda, Grecia y Portugal. En realidad, lo que salvan son los intereses de los grandes bancos europeos, que temían por el futuro de sus fructíferas inversiones, a costa de asfixiar a millones de ciudadanos. De esta tarea sucia se encargan los gobiernos, aplicando planes de ajuste salvajes. Son mercenarios, cómplices y marionetas de quienes les dejan un pedacito de la tarta, y traicionan el contrato establecido con sus votantes en las elecciones. Antes Hitler y ahora los mercados. Son pozos sin fondo, fieras insaciables. Ceder conduce al precipicio. Islandia puso el contrapunto en la urnas, negándose por dos veces a entregar 4.000 millones de euros a un banco con tentáculos en Holanda y el Reino Unido. "La peor de las opciones", sentenció el primer ministro de un gobierno que se autodefine de centroizquierda y no tiene la dignidad necesaria para presentar la dimisión. Falso: la mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario