sábado, 11 de junio de 2011

La historia a la hora de la sobremesa

Pudo morir abrasado, que le hubiesen aplastado el cráneo o recibir cuatro tiros. Pero el destino quiso que Ricardo Dios viviese 99 años, en los que compartió charlas y sobremesas con Alexander Fleming, Severo Ochoa, José Banús o William Barron Hilton.

Nacido en Catoira en el año 1906, en una familia de siete hermanos y unos padres que vivían del campo, su infancia fue corta. No le gustaba ir a la escuela. Para evitarlo, un día apiló leña, se metió enmedio y le prendió fuego. Cuando se percató de lo que había hecho, sus gritos alertaron al vecindario, y salió indemne.

«Vostede non me vai tirar nada, pero sáquese de aí que lle pode escapar das máns, e entón si que me mata», le respondió a Francisco de Guillermo, un vecino enojado porque le había sacado el carro en la noche de San Juan para dejarlo frente a la iglesia. Esta escena se desarrolló con Ricardo Dios en el interior del pozo de su casa.

Debilucho y pillo, lo tenía tan claro cuando era un chaval que llevaba las vacas a pastar como a los 30 años, el día que decidió desertar de la zona roja para pasar a la dominada por las tropas del general Franco en Brunete (Madrid).

No sintonizaba con los republicanos, pero la guerra lo sorprendió en una zona que dominaban, y sus comentarios negativos habían llegado a oídos de sus superiores.

El mando de su compañía pronunció su nombre y le ordenó que lo acompañase. El resto del guión ya lo sabía: un tiro por la espalda. La mediación de otro mando evitó el trágico desenlace a última hora, y como sabía que estaba marcado y acabaría siendo asesinado, cruzó la alambrada durante la noche.

Después de ser investigado, las autoridades del bando nacional lo dejaron en libertad y regresó a Catoira, pero por poco tiempo porque en Madrid había dejado a sus esposa, Pilar de la Morena, a sus dos hijos y un restaurante alquilado que, con el paso del tiempo, acabaría convirtiéndose en el punto de encuentro de los personajes más famosos de la época.

Como le sucedió a tantos jóvenes, el futuro de Ricardo Dios empezó a perfilarse a los 19 años, cuando el servicio militar lo llevó a Ferrol, y desde allí a Santander. Fue en esta ciudad donde supo hacerse valer, y ganar su primer sueldo, de 20 pesetas, que le pagaba un superior con el que trabajaba de ayudante.

De regreso a Ferrol, fue el asistente de otro alto cargo y se echó una novia que acabó zoscándole un golpe con el hierro de la cocina. Las relaciones entabladas durante su vida militar le sirvieron para encontrar trabajo en la casa de un tío del Padre Llanos, el promotor del Pozo del Tío Raimundo, en Madrid, en 1930.

Dos años después, lo llaman desde el restaurante El Mesón, situado en la carretera de Colmenar. Aceptó la propuesta y las cosas se torcieron pronto, pero tuvo tiempo para ganarse la confianza de sus propietarios, que se lo cedieron en régimen de concesión por 40.000 pesetas.

Fue una etapa muy dura, en la que se abastecía de leña que transportaba desde el monte del Pardo en bicicleta o a lomos de un burro. Cuando estaba tratando de levantar el negoció, estalló la Guerra Civil y los milicianos invadieron el establecimiento.

Su vida dio otro giro y acabó en una colectividad de labradores de Viñuelas, donde hacía la comida de los soldados y trabajaba la tierra ayudado por dos bueyes, llamados Carbonero y Sevillano, antes de ser llamado al frente en Brunete, donde escapó, primero de la muerte y después de las tropas que apoyaban la República.

Tras en reencuentro con su familia, aguardó a que finalizase la guerra para regresar a Madrid, encontrándose con la sorpresa de que El Mesón había sido confiscado, pasando a propiedad de una orden religiosa.

Ricardo Dios estaba tan convencido del éxito del restaurante que no dudó en pagar 5.300.000 pesetas a las monjas después de una negociación en la que ambas partes habían acordado un precio menor, que las religiosas subieron a última hora. Jubilado ya, en su casa de Catoira comentó que habría desembolsado el doble si se lo hubiesen reclamado.

Y entonces comenzó la historia de un restaurante en el que trabajaron más de un centenar de vecinos de Catoira. No era un establecimiento al uso. Ricardo Dios también compró varias hectáreas de terreno en las inmediaciones del establecimiento, donde crío vacas, cerdos o aves, además de cultivar legumbres variadas y fabricar jabón.

Sus vecinos se encargaban de todo, desde la construcción de las mesa hasta servirlas como camareros, o las obras de reparación y mantenimiento, pasando por la matanza de los animales y la elaboración de la comida.

Se puso de moda, y una tarde se presentó Carmen Franco, acompañada por la hija del general Varela, con la intención de merendar, pero no contaban con la cartilla de racionamiento.

Agustín, el hermano de Ricardo, le negó el pan que solicitaban, pero tuvo el tacto necesario como para ofrecerles unas gallegas de fabricación propia. Ellas se fueron tan felices y El Mesón recibió una felicitación de la autoridades por no haber hecho excepciones.

A partir de la década de los 50 llegaron los mejores momentos del negocio. Cochinillo, cordero, perdices, merluza al pincho, callos o paella eran algunos de los platos más solicitados.

‘Vajilla tosca, mantel limpio y buen yantar’, era el lema del restaurante, en el que Ricardo Dios compartió mesa y mantel con el descubridor de la penicilina, Alexander Fleming, Premio Nobel de Medicina, al igual que otro cliente, Severo Ochoa.

También tuvo tiempo para departir con José Banús Madsdedeu, el promotor de urbanizaciones y complejos residenciales en la Costa del Sol, conocido entonces como ‘El constructor del Régimen’, o el actor mexicano Fortino Mario Moreno Reyes ‘Cantinflas’, que causaba furor.

El presidente de la cadena de hoteles Hilton, William Barron Hilton, se dejó ver por allí, y además de saciar el apetito con una paella, su comida campera contó con la presencia de burros y carros cargados de paja, que trajeron desde Alcobendas para que el excéntrico padre de Paris se hiciese una foto de recuerdo.

El rey Hassán II de Marruecos dio una propina de 70.000 pesetas a una prostituta que le contrató un intermediario de Vigo.

Carmen Sevilla, Augusto Algueró, el rey Juan Carlos; su padre, Juan de Borbón, o el expresidente de Italia, Sandro Pertini figuran en la amplia relación de comensales de El Mesón, que también sirvió de plató para el rodaje de películas como ‘Cuernos de mujer’, ‘Historias de la radio’ o Anillos de oro’, que reportaba a su propietario 200.000 pesetas por medio día de alquiler.

No quedó constancia del menú elegido por Moisés Kapenda Tsombe, pero lo que está acreditado es que la comida que ingirió en su restaurante fue la última que disfrutó en libertad, porque el avión en el que regresaba desde Madrid el líder de la revuelta secesionista en el estado de Kampala (Congo) fue secuestrado y desviado a Argelia, donde lo encarcelaron y murió entre barrotes de un ataque al corazón en el año 1969.

Y después de una prolongada trayectoria empresarial, y de haber dado varias vueltas al mundo, Ricardo Dios, que no dejó de hablar en gallego ni de visitar a sus vecinos todos los años, regresó definitivamente a casa, donde falleció en el año 2005, haciendo bueno un dicho: «Podes sacar a un catoirés de Catoira, pero non a Catoira dun catoirés».

Foto: Archivo Pepe Castaño

Diario de Pontevedra (12-06-2011)

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