sábado, 31 de diciembre de 2011

Dinamita cerebral

Jaraca

Nos metieron jaraca otra vez. Tampoco se extrañó nadie porque todos conocen el género. Aprovecharon el día para tratar de colar la inocentada. Cobrarán esos millones que aparecen publicados en cuanto periódico, gaceta, hoja volandera, panfleto, parte hablado y espacio informativo se editan diariamente, pero sabemos que el coste de la gran vida que se pega el campechano y toda su prole, a costa del sudor de millones de personas, multiplica varias veces esa cifra. La desfachatez no tiene límites. Un euro sería un precio inasumible porque lo aupó al poder un dictador. Sus corifeos no se atrevieron a reclamar la restitución de la República, alaban su transparencia y llegan a proclamar a los cuatro vientos que la publicación de unos datos que nada tienen que ver con la realidad contribuirá a aumentar el reconocimiento de la institución. Dependemos de un espermatozoide y un óvulo. Medievalismo puro. Y congelan el salario mínimo. 640 euros mensuales. 140.000 trabajadores tiritando. Medio millar de empleados a su servicio. Con otros 10.000 salvadores enviados por el destino se acabaría el paro. Las Cortes españolas del año 2011 recuerdan a las de Francia de mediados/finales del Siglo XVIII. Pocos años antes de la Revolución Francesa, los cortesanos aplaudían a rabiar y apoyaban sin fisuras a otro, porque sabían que sus destinos estaban inexorablemente unidos.


Su palabra

El campechano utiliza los aviones del ejército de un país que no acaba de enterarse de cuál es el peligroso e hipotético enemigo exterior que podría estar tramando la inminente invasión de la sagrada patria para acudir a competiciones deportivas y fiestorros varios, civiles y militares. En su juventud se dejó ver con amiguitos cuyos papás eran los déspotas implacables y corruptos de paraísos del petróleo. Protagonizaron las más intrépidas aventuras, convenientemente versioneadas por las revistillas, cuyos directores tuvieron un exquisito cuidado en silenciar aquellas en las que había asuntos de faldas. Lo aupó al cargo un viejo genocida. Es un secreto guardado bajo siete llaves el método que le permitió amasar una inmensa fortuna, y supo manejar sus influencias para buscarle trabajillos a toda su prole. Cholletes de esos de representación, y zarandajas parecidas, que les permiten contar con unas suculentas nóminas cuando finaliza el mes sin la necesidad de arrimar el hombro ni durante media hora. Pero son insaciables y se metieron en varios charcos, provocando su disgusto y la escandalera, porque últimamente el personal lo está pasando mal y empieza a rebotarse. Sus coristas lo consideran un ser enviado por la providencia para llevar por el buen camino a su rebaño. No abrió la boca en los últimos días. El pueblo se muerde las uñas y quiere escuchar su palabra.


Gatillo

Todos los días acaban en la basura millones de toneladas de comida en perfecto estado y cientos de miles de utensilios que podrían seguir usándose. Desperdiciamos más agua de la que consumimos. Sobre la superficie de la tierra y en el mar hay recursos naturales para todos. El parque de viviendas basta para nadie tenga que dormir en un portal o una chabola. Los medios de producción hacen posible contar con los bienes y servicios necesarios pagando unos precios accesibles. La esperanza de vida va en aumento. Hay más riqueza y menos justicia que nunca. No estamos en crisis. Es una mentira, repetida un millón de veces, que está provocando el efecto buscado por quienes la propagan: crear el miedo, la antesala del pánico, el disolvente de la solidaridad entre quienes trabajan. Rotos los vínculos, podrán hacer a su antojo. Obligarnos a regresar a las cavernas. No soportan que seamos felices. Quieren humillarnos. No debemos nada a nadie. Es una inmensa falsedad, como las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, la gripe aviar y la A (H1N1). Todas beneficiaron a quienes nos intoxicaron con ellas. Los gobiernos fueron sus tontos útiles, sus cómplices. Los ministros no ganan credibilidad aunque lloren ante las cámaras. Son unos impostores. Resultan patéticos. Ni siquiera lo conseguirían metiéndose en la boca el cañón de una pistola y apretando el gatillo.


Troya

El dinero procedente de los impuestos se gasta en joyas, viajes, prostíbulos, vehículos de lujo, sobornos, matones, agradecimientos, banquetes, regalos o chantajes. Sirve para torcer el brazo del juez más firme y honrado y calla las bocas de los más exaltados. Las comisiones fluyen sin cesar a través del mapa componiendo una intrincada red formada por miles de tuberías subterráneas que se entremezclan hasta hacer casi imposible llegar a los puntos desde los que se alimenta con riadas de millones de euros robados. De ellos se nutren las tramas de delincuentes que anidan en los partidos políticos. Son parte de ellos y se ocupan de realizar los trabajos sucios. Sus secuaces acceden a los puestos en las administraciones públicas a través de concursos y oposiciones amañados desde los que realizan los manejos que les ordenan quienes les hicieron el favor. Ellos cumplen gozosos y satisfechos. Comen de sus manos. Los invasores lograron eludir las murallas con sus argucias y ahora destruyen sistemáticamente todo atisbo de justicia social que todavía seguía vigente. Sus aliados estaban en el interior de una ciudad cuya fortificación fue minada paulatinamente por quienes juraron defenderla. Se sienten fuertes y sus miradas reflejan la codicia por el botín que ven tan próximo y sus infinitas ansias de venganza. No hablamos de Troya, hablamos de España, ese inmenso caldero de la basura con forma de piel de toro. Ese paraíso invadido por la venenosa flor de la corrupción.


El coronel

Así, a lo bobo, van colando los mensajes. Utilizan su alambicado lenguaje para atontarnos, y cuando estamos inermes nos meten otra puñalada. Que Silvio Berlusconi es un personaje ridículo y sin escrúpulos era una verdad universal, además putero y mafioso. Que en Grecia intentan regatear el fisco tampoco es ninguna sorpresa. Con Italia temblando y Grecia en el barranco, podría llegarle el turno a España. Cabría plantearse qué dirían entonces, además de restregarnos nuestro tradicional apego por la economía sumergida y la vagancia que nos caracteriza. Mientras esperamos acontecimientos podemos verificar que están cambiando la monserga dialéctica. El ataque temible de los mercados y la necesidad de tranquilizar a la fiera pasaron a un segundo plano. Ahora, la responsabilidad de la crisis cae sobre otras espaldas. Los especuladores que la causaron jugando con la deuda pública para hacer sus negocios traspasan la pesada carga a un crápula salido y a un presidente elegido por los ciudadanos y expulsado por las empresas que mueven la economía cuando cometió la torpeza de pretender consultarlos. Y cuando también fracasen los tecnócratas elegidos a dedo les recomiendo que tiren de los militares. Alguno habrá que esté dispuesto a realizar el supremo sacrifico por esta afligida patria. Siempre nos quedará un teniente coronel para regresar al Congreso de los Diputados.


La calavera

Caen las máscaras, una tras otra. Y al final queda la calavera. La última de las máscaras. El rostro verdadero. Tanto tienes, tanto vales. La socialdemocracia aceptó el juego, sabiendo que las cartas estaban marcadas, y ahí está el resultado: la moda, la tendencia, la ortodoxia, lo políticamente correcto es prescindir de los políticos que eligen los votantes cada cierto tiempo y entregar los gobiernos a los gestores. No somos ciudadanos con derechos y aspiraciones, somos mano de obra. Y cada día menos. Expertos de probada fiabilidad aceptan sacrificarse en aras del sacrosanto mercado y los balances saneados. Frente a la incertidumbre que podrían generar las revueltas callejeras de las gentes pidiendo pan y justicia, nada mejor que un frío economista formado en las mejores escuelas de negocio. Los consejos de administración toman el relevo de los de ministros. Grecia e Italia son la avanzadilla. Portugal aplica con mano dura los latigazos sobre las espaldas de los contribuyentes. El círculo se cierra y el absurdo alcanza sus mayores cotas: los responsables de la crisis se ponen las alas de ángeles salvadores. Siempre movieron los hilos del guiñol, pero guardaban las formas. Ahora, ni eso: mandan a la jauría de sabuesos a ocupar los despachos de los titiriteros y movilizan a una legión de capataces para poner orden en sus fincas, hartos y aburridos de la incompetencia de los gobiernos serviles.


Cobradores

A los campeones del mundo de la democracia no les gusta ni un pelo que los griegos se acerquen a las urnas para decir si les parece bien que su Gobierno les haya cortado una mano y si estarían dispuestos a dejarse chapodar el brazo entero. Podría suceder que se negasen, y sería un ejemplo preocupante porque cabe la posibilidad de que los contribuyentes de otros países, a los que ya les arrancaron algún dedo, se opongan a que les sigan rebanando las extremidades. Tiene gracia que quienes aplican la ortodoxia al control del déficit incumpliesen alegremente los límites pactados hace algunos años. Nadie se atrevió a levantar la voz . Mal ejemplo el de Islandia para esa mala gente, que no tuvo el menor reparo en organizar consultas e invalidar sus resultados en el proceso de formación de ese engendro llamado Unión Europea. Aquí sabemos de eso porque del no a la OTAN de González pasamos a convertirnos en sus lacayos de la mano de ZP, con otra consulta tan trucada como las otras. Los gobernantes griegos gastaron lo que no tenían en armas cuya venta benefició a Francia y Alemania. Sus bancos les concedieron los créditos para pagarlas y ahora sus cobradores del frac, Merkel y Sarkozy, quieren la pasta cuando saben que solo tiene agujeros en los bolsillos. Los dos son cómplices de la masacre que están sufriendo sus ciudadanos por una responsabilidad que no es suya.


El ático

Les cuentan que van a cargarse a una pandilla de vagos que dormitan con un sueldo asegurado de por vida y el populacho aplaude la medida sin percatarse de que hablan de los profesores que al formar a sus hijos realizan una labor de redistribución de la riqueza, porque los dotan de conocimientos que les permitirán competir en igualdad de condiciones con los vástagos de los poderosos. Tampoco quieren percatarse de la asfixia de la sanidad o de que los servicios sociales son raquíticos. Esa masa inerte es cómplice de la inmensa estafa llamada España, donde todos tratan de hacer trampas sin darse cuenta de que, al final, los perjudicados van a ser ellos, porque son los más débiles. Quienes mueven los hilos del entramado tienen a buen recaudo sus fortunas. De vez en cuando detienen a una banda de narcos por blanquear unos milloncejos. Vale, pero el 35% de la riqueza que producimos no cotiza, y las empresas que buscan otros horizontes para salvaguardar sus beneficios figuran en el Ibex 35. En fácil aprobar una ley para perseguir el fraude, pero la voluntad de aplicarla se comprueba cuando se amplían las plantillas de agentes encargados de perseguir el delito y cuentan con independencia para realizar su trabajo. Eso no sucede. Cuando deberían mirar qué sucede en el ático, ellos siguen machacando a los que malviven en el sótano.


Escrito

No me resigno a asumir que una banda de delincuentes decida nuestro destino y reconozco que dudo de que algo vaya a cambiar por más que las calles se llenen de ciudadanos exigiendo que se ponga fin a esta carrera hacia el abismo, aunque no pierdo la ilusión de que así sea. Tengo absolutamente claro que quedarse en casa lamentándose no valdrá de nada, por eso admiro a quienes se empeñan en recordárnoslo todos los días y se juegan el tipo mientras nosotros pasamos a su lado como si fuese algo ajeno. Observo a los militares desfilar y me pregunto qué patria defiende esa gente que venera a los santos y pasea a una cabra cuando ya no hay tenientes coroneles iluminados dispuestos disparar una ráfaga con su ametralladora para salvar a una España que zozobra en el mar de los caimanes financieros. Reniego de quienes, pudiendo cambiar las reglas del juego siguen sin atreverse a imponer la progresividad en el pago de los impuestos ni a eliminar los paraísos fiscales, y apelan a la neutralidad para dejar a los trabajadores indefensos en unas negociaciones en las que son la parte más débil y están solos. Ellos son los responsables de lo que está sucediendo y nos quieren cobrar la factura con la colaboración de los partidos y los sindicatos, que se dedican a analizar las crisis y pactan la tajada que les corresponde por negociar los despidos colectivos. Queda escrito.


Delincuentes

Le bastaron tres minutos para decirlo todo y le sobró tiempo. Nos advirtió de que no nos hiciésemos ilusiones porque los gobiernos no nos van a sacar del abismo. La razón es simple: quienes manejan los hilos de la economía no son nuestros representantes. Como agente de bolsa que es no se cortó al decir que le resbala, porque su oficio es ganar dinero, y animó a que los espabilados se aprovechen de la oportunidad que supone la miseria de millones de seres humanos para hacer medrar sus fortunas. Se impone el miedo y los ahorros que creemos tener seguros se van a volatilizar. Esta crisis económica es como un cáncer y no tiene sentido esperar confiando a que desaparezca. Otra recesión está cerca, vaticinó Alesio Rastani. Lo pusieron a pan pedir los mismos que manejan la suficiente información como para saber que apuntó en la dirección correcta. Unos días después, Goldman Sachs ratificó sus previsiones. Más tarde lo hizo el FMI. Grecia continúa en el barranco, Italia se asoma a él, en España el número de desempleados sigue al alza, los exdirectivos de Novacaixagalicia se reparten el botín de una entidad que distribuye bonos-basura, y los gobiernos se preparan para aflojar pasta de nuevo a los banqueros, mientras ajustan las cuentas a los trabajadores y arrestan a quienes exigen justicia en las calles, en lugar de enchironar a esa pandilla de delincuentes de cuello blanco.


Bajos fondos

Primero lo eliminó, cuando pudo reformarlo si no le gustaba el impuesto de Patrimonio que estaba vigente cuando accedió al poder y ahora, en un desesperado ramalazo de izquierdismo, lo pretende recuperar. Aunque se les hubiese ocurrido antes, los dirigentes PSOE tampoco evitarían la bofetada que les propinaron los votantes y la paliza que les espera por haber congelado las pensiones o rebajado el sueldo a los funcionarios, entre otras lindezas. Si el PP está en contra porque entiende que castiga a los ahorradores, cabe preguntarse porqué lo mantuvo durante los ocho años del mandato de Aznar y nadie abrió la boca entonces. Si antes criticaban a los socialistas por eliminar un impuesto que gravaba a los más ricos, cómo es que ahora lo hace porque sostiene que perjudica a la clase media ¿Acaso mejoró tanto su nivel y no nos enteramos? Lo que ahora pide el candidato Alfredo era lo que planteó Blanco, y casi lo corren a gorrazos sus compañeros del glorioso partido. Es una medida que no corregiría ninguna injusticia ni propiciaría un incremento significativo de fondos públicos. Somos la primera economía sumergida de Europa, la esencia de la corrupción, y ni el PSOE ni el PP se atreven a realizar la inmersión para limpiar los bajos fondos. Saben dónde están sus límites. Son los cooperadores necesarios en la comisión de un delito de proporciones descomunales.


A Teresa

Serían unas veinte personas las que se concentraron en la plaza de Barcelos de Pontevedra una mañana de domingo. Pidieron ayuda para sus hijos, esclavizados por la heroína. Sucedió a finales de la década de los ochenta y daba la impresión de que les daba vergüenza reclamar justicia. Poco tiempo después, en Vilagarcía exigieron que deportasen a los drogadictos a la isla de Cortegada. Fue necesario un trabajo de concienciación y denuncia para que los considerasen enfermos y las autoridades dejasen de compadrear con los narcotraficantes. Pero en cuanto los yonquis abandonaron las calles con sus espectros pálidos y los comerciantes ya no tuvieron que demandar su expulsión de la vía pública, la sociedad bajó los brazos. Nuestros representantes, los mismos que miraban hacia otro lado mientras el veneno que destruía a varias generaciones de jóvenes entraba por vía marítima, aérea y terrestre, volvieron a mostrar su verdadero rostro. Teresa Noceda, la suerte de tu hijo no les importa, ni la de otros miles que tuvieron un final igual de dramático que el tuyo, ni la de los familiares de enfermos de larga duración o de discapacitados. Conciben la salud y los servicios sociales como negocios. Bajan de los automóviles, escenifican una sentida declaración, hablando en gallego o en castellano, y se largan tan elegantes y satisfechos de haberse conocido. El poder es una máquina sin ojos.


Mentiras

Mienten cuando dicen que el Gobierno gasta por encima de sus posibilidades. Lo que invierte en el apartado social está por debajo de cualquiera de los quince países de la Unión Europea. Lo que ocurre es que los ingresos son demasiados bajos, y tal cosa no sucede porque no expriman a los trabajadores. En este apartado, España está a la altura de los países punteros del continente. La cuestión es que no se atreve con los ricos ni con los banqueros, cuyas empresas esconden el dinero en los paraísos fiscales. Las rentas derivadas del capital tributan el 10%, mientras que las del trabajo lo hacen en un porcentaje tres veces superior. Si aplicasen la misma política fiscal que Suecia, ingresaría 200.000 millones de euros más al año, pero los socialistas se arrodillan y tampoco mueven un dedo para combatir la economía sumergida, que se lleva el 30% del PIB en esta tierra de tramposos. Con la excusa de tranquilizar a los mercados, privatizan el Estado y dejan a la intemperie a los ciudadanos. Suministran metadona, pero esos yonquis de la economía exigen heroína. Aplican las ultraortodoxas políticas que propugnan los neoliberales. Y cuando llegue la hora del relevo, la pandilla de asesores económicos de un presidente patético se irá a los puestos de los que vinieron: la banca y la gran patronal, cuyos capos los recompensarán por el trabajo sucio que hicieron. Perritos falderos.


Caso abierto

Esa España ejemplo del mundo por su ejemplar transición, vigilada por la vieja guardia del dictador, la que protagonizó una recuperación económica subida al ladrillo y la destrucción del medio ambiente, la que organizó cruzadas y aborrece la ciencia, muestra su imagen más feroz cuando sale el tema de los 150.000 muertos por defender la República que siguen tirados en cualquier parte. No hay compasión cristiana en la reserva espiritual de Occidente. La izquierda traicionó a su gente al aceptar ese paripé de reconciliación con quienes mantuvieron el poder y la riqueza ganados con las armas. Semejante engendro alcanzó un extremo patético cuando los representantes del bando golpista desfilaron al lado de quienes sirvieron al régimen legal. Cabe preguntarse qué pasaría en Alemania si se plantease la organización de una marcha con antifascistas y nazis codo con codo. No hay dictadores buenos. Resulta doloroso hasta un grado superlativo que el presidente del Parlamento, hombre de misa e hijo de un falangista, no hubiese condenado el golpe del 1936. No deberían extrañar los sucesos en Poyales del Hoyo porque siguen considerándose los vencedores. La ley de amnistía que hizo posible esta barbaridad puede ser revocada, como sucedió en otros países. Los responsable todavía no podrán respirar tranquilos. El caso sigue abierto. La última palabra no está dicha.


Noruega

El terror no llegó a Noruega. La serpiente había incubado su huevo en casa, pero no nos percatamos, a pesar de que durante las últimas décadas lo hubieran protagonizado neonazis y ultraderechistas y las víctimas hubieran sido inmigrantes e izquierdistas. El único asesino extranjero que se recuerda fue otro blanco: un agente de los servicios secretos del Gobierno de Israel, que se equivocó de víctima y acabó con un inocente. Ahora es uno de los nuestros, no un musulmán, y cuando quedó claro cambió la retórica: ya no se habló de guerra, sino de un loco. ¿Qué pensarán los familiares de los enfermos mentales sobre el uso de ese término? Anders Behring atizó el odio contra los extranjeros, los izquierdistas y los homosexuales, como hacen tantos contertulios. Cuando daban por hecho que era obra del terrorismo islamista, los líderes mundiales se alinearon contra el enemigo común ¿Y ahora? «Odio a los maricones. No los soporto porque yo pago mis impuestos», vomitó un españolazo, con dos cojones, después de agredir a un homosexual en Madrid. Será acusado de agresión y pagará una multa, cuando se trata de un atentado contra la dignidad del ser humano. Debería pudrirse en el trullo. No. Ya no basta con la manida retórica de más democracia. Es el momento de lanzar una ofensiva contra el fascismo, pero los partidos que deberían abanderar esta causa desertaron.


La rabia (VI)

Cuando los cálculos electorales pesan más que los principios, los resultados a corto plazo se convierten en la prioridad, y la acción política, enfocada como un juego de tácticas en lugar de incardinarse en una estrategia con unos objetivos nítidos y ambiciosos, se transforma en mercadeo. Olvidadas las señas de identidad, los partidos que se definen de izquierda aceptan la injusticia como sistema, limitando su actuación a una serie de retoques de mínima trascendencia en la fachada en lugar de cambiar los cimientos del edificio, las normas del juego, para que la mayoría social en la que se asienta su legitimidad, conseguida por medio de los votos, sea la que decida en función de sus intereses. El trilero les deja ganar las primeras manos para que se confíen, antes de acabar por desplumarlos y echarlos a patadas de los salones, donde no dejaron de ser considerados unos intrusos arribistas. La historia se repite una y otra vez y solo cambian los protagonistas y las excusas. El resultado está ahí: los impostores convirtieron en franquicias las siglas de los partidos. Con sus cambalaches, traiciones y trapicheos, se aproximan a una nueva debacle, con cinco millones de parados, más de 100.000 muertos en las cunetas por haber defendido la democracia y la República, el franquismo sociológico triunfante y ufano y sin un solo argumento que apuntale la ilusión en el futuro. Queda el 15-M.


La rabia (V)

El Gobierno destina 25 millones para financiar la visita de Joseph Ratzinger. El resto lo ponen empresas que cotizan en el Ibex 35 y esconden sus ganancias en paraísos fiscales. Habrá instalaciones públicas para que los creyentes pernocten por la cara, mientras miles de ciudadanos buscan comida en los contenedores de la basura y duermen en la calle. El ministro de Trabajo, que estaba al otro lado de la barricada en la última huelga general y con la pegatina de la UGT, predica ahora la sumisión de los obreros. Los ingresos de los banqueros se incrementaron en un 36% con respecto al año 2009. El Fondo Monetario Internacional exhorta al Gobierno a que siga apaleando a los trabajadores: después de cortarles las manos, que les pode los brazos. Las compañías que gestionan los recursos básicos estafan a los consumidores. Los potentados declaran unos patrimonios ridículos a Hacienda y no pasa nada. La amenaza de los desahucios es una nube cada día más grande y oscura. Pagamos un ejército que no encuentra las fronteras de antaño ante las que parapetarse y levantar la gloriosa bandera y es incapaz de hacer frente a los golpes de estado que organizan y ejecutan las multinacionales sin pegar un tiro ni lucir trapitos de colores. Dicen que no hay alternativa. Se equivocan quienes sostienen que solo fallaron los controles. La corrupción es el sistema.


La rabia (IV)

Cuando se agoten los adjetivos para calificar las acciones violentas, las causas que provocan la rebelión de quienes no se resignan a que el sistema los convierta en seres marginales seguirán vigentes. Es posible que el humo se pierda en el horizonte, pero la hoguera seguirá encendida y no será posible apagarla a porrazos. Cuando no se tiene nada ni siquiera queda el miedo, porque nada se puede perder. Es fácil condenar a quienes se avalanzan sobre un furgón policial. Más que hacerlo, porque para eso también hay que ser valientes. Muchos lo piensan pero reprimen la rabia. De momento. La presión aumenta día a día, los banqueros siguen pidiendo recortes y los gobiernos obedecen. Hundieron en la miseria a millones de seres humanos, destrozaron todas sus ilusiones, y ahora ya los tienen ocupando sus flamantes plazas, calles y avenidas, en las entradas de sus mansiones y ante las puertas de sus parlamentos. Están ahí para recordárselo. Sacralizan la Constitución como si de un libro sagrado se tratase, la pisotean constantemente, olvidan que el trabajo y la vivienda dignos son dos derechos fundamentales que figuran en ese texto. Son cómplices de los delincuentes que se introducen en las instituciones como sanguijuelas para chuparnos la sangre. Antes o después, acabará levantándose el viento que llevará lejos de aquí toda esta peste.


La rabia (III)

Aquellos que manejan fortunas amasadas a costa de la miseria de los demás marcan las pautas que siguen los gobiernos encargados de elaborar unas leyes que les permiten multiplicar sus beneficios e impedir que se cuestione la continuidad de un sistema injusto de raíz. No contentos con eso, crean los paraísos fiscales para evitar el pago de impuestos. Es un billón de dólares el que se esconde. Son 175.000 millones de euros los que salieron de España. Es el 30% del Producto Interior Bruto. Son las empresas que cotizan en el Ibex 35 las que usan este atajo, y son los ciudadanos que cobran un salario mensual quienes tienen que cargar con el peso de las cotizaciones para hacer posible un simulacro de estado del bienestar. Repsol, BBVA, Banco Santander, Gas Natural o Ferrovial están en una lista en la que también tienen cabida deportistas y artistas que se envuelven en la bandera española mientras escuchan el himno. Dinero que se mezcla con el de los narcotraficantes, los mercaderes armas o de los proxenetas. El de los sobornos, los chanchullos, las comisiones o los chantajes. Aseguran que van a poner fin a esta situación. Mienten. Llegan al poder porque antes permitieron ser castrados. Convierten los derechos en mercancía. Reducen la aportación a la sanidad, la educación o los servicios sociales mientras blindan sus salarios. Son los testaferros de los oligarcas.


La rabia (II)

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, le respondió su homólogo de Estados Unidos, Barack Obama, que si quiere mantener una base militar gratis en su territorio deberá permitirle la instalación de otra en Miami en iguales condiciones. El expresidente de Brasil Lula rechazó la oferta para que se aprovechase de los cómodos plazos del Fondo Monetario Internacional. Pagó y se sacó la argolla de los pies. El de Argentina, Nestor Kirchner, dio un portazo a los usureros. Evo Morales se parece a sus compatriotas más pobres. El venezolano Hugo Chávez el control del petróleo a la oligarquía. Paraguay eligió a un representante de la Teología de la Liberación, Fernando Lugo, y al frente de Uruguay está un exguerrillero, José Mújica, como lo fueron Lula y su sucesora, Dilma Rousseff. Todos firmaron un documento en el que se comprometieron a no dejar sola a Cuba. El miedo al ogro soviético fue el origen de la Europa social, después de la II Guerra Mundial. Derribado el Muro de Berlín, el liberalismo está convirtiendo el planeta en un infierno. Mientras el viejo continente se arrodilla, Sudamérica brota con fuerza, una vez más, y su ejemplo demuestra que es posible otro mundo, y que la rabia, contenida durante siglos y ahora encauzada en la dirección correcta, puede convertirse en la energía que viaje a través del océano y provoque el cambio al otro lado del Atlántico.


La rabia (I)

Mantener una ley electoral injusta y antidemocrática. Propiciar la eliminación de los valores que deberían distinguir a la izquierda. Convertir la economía en una sucesión interminable de peajes inaccesibles para estudiar, recibir asistencia médica, contar con un servicio de atención para los mayores, beber agua potable o respirar aire puro. Ahondar la sima de la desigualdad económica, que culminará con la desaparición de las clases medias. Recortar el gasto público, radicalizando una fiscalidad regresiva que libra de cargas a los ricos y a los rentistas inmobiliarios y financieros, mientras se ensañan con los más débiles. Promover unas políticas públicas segregacionistas en función de la capacidad económica, privatizadoras y externalizadoras. Arrojar a la población trabajadora a la servidumbre. Entregar el ahorro a la especulación financiera internacional a los mercados. Mercantilizar y devastar el patrimonio y los recursos naturales. Haber convertido la economía productiva en un casino. Este es el programa que están cumpliendo a rajatabla los partidos que se relevan alegremente en los gobiernos. Los mismos cuyos dirigentes piden a la población, víctima de sus traiciones, que presente alternativas para justificar su presencia en las plazas y calles de España. Toda una vida de la moqueta al coche oficial ¿Qué más quieren? Provocan arcadas. Deberían largarse todos.


La rabia

La soberbia y la ambición cegaron sus ojos, diputados, senadores y sindicalistas olvidaron el mandato que le había sido encomendado y se echaron en los brazos de los oligarcas. Se convirtieron en sus lacayos, comieron de su mano, les dieron todo lo que le pedían y creyeron que la duración de esa trama delictiva sería eterna. Cuando la rabia, originada por la traición, llevó a la gente a las calles, respondieron con altivez y paternalismo. Quisieron criminalizarlos. Sus explicaciones son intercambiables: las causas que lo motivan deben desembocar en alternativas claras, dijo uno. Cualquier opinión merece todos los respetos, sentenció otro. Las razones que tuvieron las perdieron cuando la foto final son los puñetazos a los policías y los cristales rotos, mantuvo un tercero. Precisamente porque los tres partidos de ámbito estatal utilizan un discurso tan parecido, y no responden a las expectativas que crearon, firmaron su sentencia. Empieza la cuenta atrás. La utopía es una realidad prematura. Lo era Internet, la penicilina o el matrimonio entre homosexuales. Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir. El fuego que se enciende en las plazas convertirá el sistema en cenizas, las nuestras incluidas, y sobre ellas se levantará un nuevo orden. Es la reacción definitiva frente a quienes quieren conducir a los seres humanos a las cavernas y convertirlos en esclavos.


Matar

Matar a una persona no significa acabar con las ideas que defiende o en las que se escude para justificar sus actos. Matar a una persona es, simplemente, acabar con su vida, y esta acción, que en algunos casos extremos puede tener una justificación humana, nunca debería contar con parapetos morales ni legales, de manera que, si no se produjesen circunstancias que eliminasen la responsabilidad del autor, quien mata a otro ser humano es un homicida o un asesino. No sorprende observar las reacciones tras el asesinato de Bin Laden. Son las lógicas después de la campaña de los gobiernos incitando al odio. Progres y fachas celebran el ritual de la sangre. De la tortura se encargó un indeseable, y ofició de sacerdote en el sacrificio supremo un Premio Nobel de la Paz. Bin Laden es una creación de la fábrica de monstruos de EE UU, cuyo control perdieron sus autores. El origen de las masacres no responde en exclusiva a las bestiales injusticias económicas que niegan el futuro a millones de personas, pero son el caldo de cultivo del fanatismo. Matar es muy fácil. El peligro de que se repitan las masacres está tan latente hoy como hace una semana. Festejar una muerte es aterrador, debería provocar inquietud, más todavía si quienes dan saltos de alegría elevan la mirada al cielo para alabar a sus dioses, tan generosos, moldeables y comprensivos ellos.


Publicado en el Diario de Pontevedra, entre los meses de julio y diciembre de 2011.

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