lunes, 30 de mayo de 2011

Bajo el techo de la improvisación


Mariela abre la puerta, invita a pasar, saluda y ofrece un café. Ya está preparado, y se agradece en una mañana gris y salpicada de chubascos. Aunque el calendario se empeñe en recordar que estamos en la frontera del verano, resulta atrayente sentarse ante una chimenea en la que arden dos troncos, en cuyo frontal está sujeto un cartel que advierte al visitante de que acaba de entrar en un hogar cristiano donde está prohibido decir palabrotas y fumar.

Es la influencia de una iglesia minoritaria que busca a sus fieles por los extrarradios. Los pastores evangelistas se ocupan de la comunidad gitana del poblado asentado en la falda del monte Xiabre, en Trabanca-Sardiñeira (Vilagarcía). Su influencia espiritual permite entender por qué el consumo de bebidas alcohólicas se redujo hasta magnitudes casi insignificantes entre el centenar largo de habitantes que viven bajo los techos improvisados de una veintena de chabolas y unas pocas casas de ladrillo.

Waldemir observa a los visitantes con la mano derecha apoyada marco de la puerta. No tiene trabajo. Es su marido. Mariela extiende un brazo para indicar las maniobras que debe realizar para girarse cuando está en cama, porque le duelen los huesos. Es la artrosis. El día lo lleva bien, pero cuando cae la noche y se acuesta, empieza el sufrimiento, comenta. Tienen en torno a sesenta años.

Duerme sobre un somier vencido por el paso del tiempo y el uso, que le provoca una curvatura en la columna vertebral. “Él no se entera”, dice refiriéndose a Waldemir, que sonríe. Alba López se ofrece para ayudarla a buscar otro en el punto limpio donde trasladan los camiones del servicio de limpieza los enseres que ya no tienen utilidad en otras viviendas, situado en las proximidades. Ella responde con una afirmación resignada y sin mostrar el más mínimo interés por la propuesta.

Llega Ramiro, uno de sus cinco hijos, con un cable en las manos y unos alicates. Su coche, un Ford Escord, está aparcado enfrente. Explica que está intentando arreglarle la bocina. Tampoco trabaja, aunque aclara que lo hace esporádicamente. Está casado y tiene tres vástagos. Le concedieron un piso en la ciudad, que utiliza para dormir con su familia, comer y poco más, porque se siente enjaulado y necesita disponer de espacio a su alrededor y aire libre. Por eso sube a la montaña, explica.

Del techo cuelga una ristra de chorizos y un lacón. Verdura, costilla y pan, mucho pan, son la base de su alimentación. Acaban de comprar la mesa de la cocina y las sillas. El mueble está repleto de loza. En el otro extremo de la pieza está asentado un sofrá cubierto de una manta arlequinada de colores rojo y negro. Mariela muestra su disgusto porque le hicieron unas fotografías sin su permiso. Es la suya una casita limpia y ordenada. “Es uno de mis mayores logros”, dice Alba López.

Componen una familia hospitalaria, afectuosa y humilde, cuyo sustento son las pensiones no contributivas y otras prestaciones sociales. Hablan un castellano mezclado con palabras que delatan su origen. Son ciganos, una rama del tronco gitano procedente de la región de Trás-os-Montes, situada al norte de Portugal, que se asentó en Galicia, Navarra Asturias y Cataluña durante la década de los sesenta del siglo pasado. Esta estampa tendría notables paralelismos con la habitual en cualquier aldea de Galicia hace cuatro décadas.

Algunas viviendas del poblado se encuentran al borde de la carretera asfaltada. Para llegar a otras hay que internarse por pistas repletas de baches rebosantes de agua y flanqueadas por eucaliptos. En este territorio abundan las cajas de los camiones convertidas en viviendas y pueden verse chabolas construidas con planchas de latón y tablas, montones de basura, ropa tendida a secar bajo la lluvia y algún perro.

Alba López hace carantoñas a Rafael, un niño de 14 meses que ya pasó en dos ocasiones por el quirófano y está pendiente de una nueva intervención, y advierte a Rosana de que si no se acerca al departamento de Servizos Sociais del Concello no podrá inscribirse en un curso de jardinería. No le atrae, porque sólo pagan 120 euros y tampoco entiende la importancia de la formación para abrirse puertas y ganar independencia.

Resulta más atractivo quitar el carné de conducir, sobre todo a las mujeres, que disponen de un margen mayor de maniobra a medida que se impone el control de la natalidad. Llega Soraia, que tendrá que intentarlo de nuevo con el examen de teórica.

Tres hijos, cuatro, a sumo, es la descendencia habitual. Cambian las costumbres: varias parejas de Trabanca-Sardiñeira se casaron por el rito civil. Los chavales acuden al colegio público de Carril, que abandonarán cuando les llegue la hora de ponerse a trabajar. La chatarra, la instalación de las atracciones en las fiestas que se celebran en pueblos y aldeas, la venta de globos y golosinas y ocupaciones eventuales componen el mapa laboral.

Años atrás cultivaron los huertos con la ayuda del Concello de Vilagarcía, pero al llegar el verano, van de un lado a otro siguiendo el calendario de los festejos, y aquella experiencia quedó en el olvido. Es jueves. Alba López se despide hasta el martes de la próxima semana. Ella es el vínculo entre dos sociedades que ocupan el mismo espacio geográfico, se miran con cierto recelo, y siguen trayectorias diferentes.

Por deseo de quienes facilitaron la elaboración de este reportaje, todas las situaciones descritas en él proceden de una visita al poblado de Trabanca-Badiña, pero ninguno de los nombres utilizados se corresponde con los de las personas entrevistadas.

En los 39 asentamientos chabolistas esparcidos por 19 municipios de las 19 provincias gallegas viven 3.381 personas.

La mayor parte de ellas se establecieron en la provincia de A Coruña. Son 1.828, en 14 poblados. Penamoa, con 524, es el más habitado. As Rañas, O Portiño y A Ponte Pasaxe se encuentran en el municipio. Regueira Greande, As Columnas, Pazos, O Seixo Branco y Taboada están en Ferrol. O Freixeiro y San Mateo (Narón), A Conlleira (Ribeira), Castiñeiro do Lobo (Ames), y una antigua nave del banco BBV, en Culleredo,, completan la relación.

En Pontevedra son 851 los que viven en chabolas. A Salgueira, As Penís, Navia, As Carneiras y O Caramuxo (Vigo), Moreira, A Mota, A Relva y Ribeira (O Porriño), Moreira y As Raposeiras (Marín), Trabanca-Badiña y Cornazo (Vilagarcía) y O Vao, en Poio, figuran en el listado.

A Pena, O Pedroso y O Toural son los asentamientos en O Carballiño, y A Fontenla, O Salgueiro, Caldeliñas, Campo Grande y Grupo Monterrei, los de Maside. La lista en la provincia de Ourense también incluye el de Campanillas, en Xinzo de Limia. En total son 421 habitantes.

Estos datos figuran en un informe de la Consellería de Vivenda e Solo, que indican que en la provincia de Lugo son 281 las personas que viven en chabolas, distribuidas en tres puntos: O Carqueixo, en la capital, As Lamas (Monforte) y Toucedo, en Quiroga.

Buena parte de ellos están enclavados en puntos potencialmente peligrosos por encontrarse cerca de vías de alta intensidad de circulación automovilística y del tendido ferroviario, y en zonas húmedas y especialmente expuestas a inundaciones y desprendimientos.

El 53% ocupan espacios degradados y el 10% se levantan en las proximidades de vertederos. En el 90% disponen de energía eléctrica, aunque los contadores escasean y siguen siendo una práctica común las conexiones ilegales.

El agua llega al 87% de las viviendas, el 70% dispone de red de saneamiento y el 82% tiene acceso a través de pistas asfaltadas.

El citado documento también indica que la iluminación pública alcanza a un 77% de los núcleos, y la recogida de basura, al 79%. El transporte público baja al 54% y el acceso a la línea telefónica es del 15%.

El nivel de escolarización es alto, un 87%, pero también lo es el del absentismo escolar (67%). El 70% de los mayores de 20 años no tienen el graduado de Educación Secundaria Obligatoria, y la presencia en las universidades es testimonial y mayoritariamente femenina.

Entre los mayores, la formación ocupacional y la alfabetización completan el panel formativo.

La venta ambulante y la chatarra constituyen las dos actividades principales, pero la economía de subsistencia que caracteriza a este colectivo tiene una base fundamental; el 82% de los ingresos procede de las prestaciones sociales.

Estudios de ámbito estatal precisan que la esperanza de vida de los gitanos es diez años menor que en el resto de la población. En Galicia es especialmente significativa la prevalencia de enfermedades crónicas, resultado de las condiciones insalubres de las viviendas, con un 61%, al igual que las mentales e infectocontagiosas, con un 43 y un 38%, respectivamente.

El tráfico de drogas es una actividad que se realiza en seis poblados. Cuatro están en la provincia de A Coruña: Penamoa, Freixeiro (Narón), A Conlleira (Ribeira) y Seixo Branco (Ferrol), uno en Lugo (O Carqueixo) y otro en O Vao (Poio).

Los choques interétnicos más significativos se registraron en los tres emplazamientos más poblados de A Coruña: Penamoa, O Pontiño y A Ponte Pasaxe. En los de O Freixeiro y A Conlleira también saltó la chispa en alguna ocasión, al igual que en O Vao.

“A mayoría dos asentamentos non son especialmente conflitivos, a pesar da versión discrepante de moitos son seus vecinos e da mayoría social”, concluye el informe de la Consellería de Vivenda e Solo.

La opinión de un grupo de vecinos de Caritel (Ponte Caldelas), donde viven varias familias procedentes de O Vao, no concuerda con esa valoración. Tampoco en el barrio de A Ponte y la calle Aquilino Iglesias, de Lugo, donde tenía previsto comprar viviendas la Xunta para los gitanos de O Carqueixo.

Penamoa también está ante una encrucijada, porque el trazado del cinturón de circunvalación de A Coruña, cuya construcción proyecta la Consellería de Política Territorial, Obras Públicas e Transportes, obligará a desalojar el mayor poblado gallego.

En torno al 80% de las ayudas presupuestadas por la Xunta de Galicia entre los años 2002 y 2007, para colaborar con los concellos en la erradicación del chabolismo no fueron solicitadas. Durante los últimos cinco años, de siete millones de euros solo fueron invertidos 1,2.

(Diario de Pontevedra, 22-06-2008)

martes, 17 de mayo de 2011

Paqui Pacheco muere abrasado


De los diez componentes del equipo de fútbol ‘Dejadnos Vivir’, la droga se llevó por delante a ocho. El último murió quemado ayer, alrededor de las 11.40 horas, al lado de su casa de Vilanova. Francisco José Bóveda, conocido por el sobrenombre de Paqui Pacheco, es la última baja.

Lo encontraron muerto en un patio situado entre dos edificios de la calle O Campo, en la que desemboca la carretera que bordea la playa de As Sinas al internarse en Vilanova. Tenía 49 años.

A la espera de los resultados que deparen el análisis de los restos recogidos por la Policía Judicial de la Guardia Civil y la autopsia, todos los indicios apuntan que su fallecimiento fue accidental.

Las versiones recogidas en el lugar de los hechos señalan que el fuego se propagó por sus ropas cuando trataba de encender un cigarro. La suciedad que se acumulaba en sus prendas, la barba y sus largas melenas sirvieron de combustible.

La Policía Local participó en un operativo en el que la Guardia Civil trató de salvaguardar la escena del suceso de la vista de los curiosos, que se arremolinaron en la zona a medida que se extendió la noticia por Vilanova.

Pasadas las 13.00 llegó una juez de Cambados, que ordenó el levantamiento del cadáver, que se llevaron en un furgón a Pontevedra. Una hora después, sólo quedaban en el lugar de los hechos algunos familiares y amigos de la víctima llorando su pérdida.

«Vaya muerte llevó el pobre», comentó un hombre de unos 60 años al encontrarse con el despliegue policial cerca de su casa cuando llegaba para comer. «A su manera, fue feliz», agregó.

Si lo fue es una incógnita imposible de resolver, porque Paqui Pecheco perdió el contacto con la realidad hace más de veinte años. Fue a finales de la década de los 80 del siglo pasado cuando se marchó a un festival de jazz que se celebraba en norte de España, unos dicen que en Vitoria y otros indican que en Donosti.

Allí se comió un LSD y ya no regresó del viaje.

Áccido lisérgico: colores intensos y brillantes, imágenes distorsionadas... Desde entonces, vagó por Vilanova y sus alrededores.

Era aquel hombre que siempre iba muy abrigado, incluso en los días de sol radiante, que cruzaba el puente en dirección a A Illa. Siempre solo y en silencio.

Hubo un tiempo en el que hablaba a sus más allegados, aunque sus respuestas se reducían a monosílabos y daba la impresión de que no llegaba a conectar con sus interlocutores.

Nunca protagonizó un incidente, ninguna de las personas que se ofrecieron a hablar de él pronunció una palabra negativa sobre Paqui Pacheco.

Vivía en un bajo acondicionado en el edificio donde también lo hacía una hermana mayor que él, que se encargaba de su alimentación, siempre con el cartón tetrabrik de vino en una mano.

«Lo vi esta mañana cuando salí a trabajar», comentó una mujer. «Andaba a su aire y no se metía con nadie. Era la vida que tenía». añadió. Un grupo de chavales contemplaba la escena, uno tenía su bicicleta al lado y otro, un quad.. Eran media docena, y ninguno había nacido cuando entró la droga arramblando con todo.

En aquellos tiempos, Paqui Pacheco era un futbolista del Vilanova Atlético, categoría juvenil. realizaba la función de medio centro, era el organizador del juego, un estilista, comentan quienes lo vieron en sus años felices.

Cuando se comió el ácido era un chaval pletórico de ilusiones y de sueños, que se desvanecieron en el desvarío que provocan las drogas.

Sucedió en una época en la que el jardín de Vilanova era el centro de reunión de unos chavales inquietos y creativos.

Y llegó la descarga del tabaco de contrabando, el dinero fácil y las drogas. Ayer se escribió el último

capítulo. Del equipo de fútbol quedan dos componentes. Uno, apodado O Galo, padece cirrosis.

Podría ser el siguiente.

El equipo fue el eje del documental ‘Marea Blanca’

Las vivencias de los componentes del equipo de fútbol denominado ‘Dejadnos Vivir’ sirvieron de eje para la elaboración de uno de los trabajos más impactantes de la serie de TVE Documentos TV.

Se titula ‘Marea Blanca’, y hace un recorrido por la Vilanova de la década de los ochenta y los estragos provocados por el consumo de drogas.

Este trabajo recibió el premio Reina Sofía y, aún hoy, hay quienes tuercen la mirada cuando se menciona: unos porque la herida permanece abierta, y otros porque consideran que da mala imagen a la localidad y quieren pasar página.

Desenfreno y atracos

Después de haber pagado con ocho años de cárcel y acumular doce a la sombra por su dedicación al trapicheo, nuestro protagonista se encontró, la noche del día 5 de enero, con un colega en su piso de Vilagarcía (Pontevedra).

Más tarde se presentó un tercero, y uno de ellos propuso colocar un billete falso de 50 euros. Descartaron la idea, y como tenía un coche se echaron a la calle.

En el banco le había prestado más de 4.000 euros que ya casi había pulido, pero le quedaban algunos fondos.

Y comenzó el desenfreno: pastillas, metadona, alcohol y nada de comida.

Cuando se acabó el dinero legaron las alucinaciones: se encontraban en un estado paranoico y veían agentes uniformados que los perseguían por todas partes mientras conducían el coche.

Así deambularon de un lado para otro, y a mediodía del día 6 estaban al otro lado de la ría, en Rianxo (A Coruña).

A primera hora de la tarde atracaron una farmacia, y antes habían asalto a una tasca, de la que se llevaron 120 euros y dos botellas de bebida destilada.

El coche los dejó tirados; regresaron a Vilagarcía en autobús, para subirse a un taxi que los llevó al lugar de Guillán. Allí fueron detenidos y la localización del vehículo sirvió de prueba para que la Policía los entregase en los Juzgados como presuntos autores de ambos delitos.

Él era el único que tenía antecedentes penales y asegura que en su declaración exculpó a los colegas, afirmando que les estaba apuntando con una escopeta desde el asiento de atrás del vehículo, la misma que había sido utilizada en los atracos a la farmacia y a la tasca: con los cañones pegados con cinta adhesiva, sin culata, martillo ni cartuchos.

Tiene casi cincuenta años y su mujer también está presa, en el penal de A Lama (Pontevedra). “Bueno, tenía”, escribe desde la prisión de Teixeiro (A Coruña). “Ahora no sé”.

(Diario de Pontevedra, 23-01-2004)

jueves, 5 de mayo de 2011

Matar

Matar a una persona no significa acabar con las ideas que defiende o en las que se escude para justificar sus actos. Matar a una persona es, simplemente, acabar con su vida, y esta acción, que en algunos casos extremos puede tener una justificación humana, nunca debería contar con parapetos morales ni legales, de manera que, si no se produjesen circunstancias que eliminasen la responsabilidad del autor, quien mata a otro ser humano es un homicida o un asesino, en función de las circunstancias que concurran. No sorprende observar las reacciones tras el asesinato de Bin Laden. Son las lógicas después de la potentísima y prolongada campaña de los gobiernos y sus terminales mediáticas incitando al odio y envenenando a los ciudadanos. Progres y fachas, por fin de acuerdo, celebran juntos el ritual de la sangre, y solo discrepan en cuestiones de tipo procedimental. De la tortura se encargó un indeseable, y ofició de sacerdote en el sacrificio supremo un Premio Nobel de la Paz. Bin Laden es una creación de la fábrica de monstruos de EE UU, cuyo control perdieron sus autores. El origen de las masacres no responde en exclusiva a las bestiales injusticias económicas que niegan el futuro y la más mínima esperanza a millones de personas, pero son el caldo de cultivo del odio y el fanatismo. Matar a una persona, o a miles, es muy fácil. El peligro de que se repitan las masacres está tan latente hoy como hace una semana. Festejar una muerte es aterrador, debería provocar inquietud, más todavía si quienes dan saltos de alegría elevan después la mirada al cielo para alabar a sus dioses, tan generosos, moldeables y comprensivos ellos.

Diario de Pontevedra (06-05-2011)