martes, 20 de marzo de 2012

La promesa de 'Ricucho' y la gratitud de Fleming

"Siempre dijo que como le tocase una vez la Lotería, le haría un monumento al doctor Fleming. Yo creo que todos los años decía que le iba a tocar», recuerda Rosario Sánchez, la esposa de Luis Enrique Campos. Y le tocó.

Fue sonado aquel sorteo de Reyes del año 1976, porque el primer premio correspondió a Vilagarcía íntegramente. Las dieciocho series del número 72246. Ni más ni menos que 720 millones de pesetas. El salario base mensual en España era inferior a 15.000 pesetas.

«Siempre jugaba, y en el sorteo de Navidad le había tocado la terminación. Me acuerdo bien de que estábamos en casa de mis suegros, con sus hermanos y toda la familia, cuando dijo ‘me va a tocar la de Reyes’», agrega.

Habitualmente, la compraba en una administración de A Coruña, pero aquel año se retrasó y ya no encontró toda la que quería cuando fue a buscarla, por lo que tuvo que adquirir alguna en un despacho de Vilagarcía.

Una parte la convertía en participaciones que regalaba a sus numerosos clientes y amigos.

Esta costumbre se había convertido casi en una obligación. Así lo debió de entender alguno de ellos, que llegó a amenazarlo por haberse olvidado de entregársela, subraya Rosario Sánchez.

Antes del mediodía «me llamó mi suegra. ‘Dicen que le tocó la lotería a ‘Ricucho’, me dijo». Era el rumor habitual en las fechas navideñas. «Qué tontería, y le hace usted caso, parece mentira, le respondí». En esta ocasión era cierto y fueron centenares los que resultaron beneficiados. Enrique Campos ya era conocido entonces por el sobrenombre de ‘Ricucho’, que nada tiene que ver con el guiño que le hizo la diosa fortuna. Era entonces un hombre muy popular y conocido en la localidad y en varios municipios situados a en los márgenes de la ría de Arousa por su intensa actividad comercial.

En el año 1954 se ganaba la vida distribuyendo patatas, vino, piensos, cereales y otros alimentos que llegaban en el tren a la estación y almacenaba en una nave para su posterior distribución a minoristas y establecimientos comerciales y de hostelería.

Y siguió haciéndolo después de que un accidente provocado por un camión, cuando se disponía a subir a su moto en la calle Cervantes, estuviese a punto de provocarle la amputación de su pierna izquierda aquel año.

‘Ricucho’ tampoco dejó de subir al barco a vapor que cruzaba la ría de Arousa para visitar a sus clientes en Boiro, A Pobra o Rianxo, hasta donde se desplazaba en la moto desde el puerto de Taragoña después de protegerse el pecho con hojas de periódicos.

De carácter extrovertido, trabajador, optimista y con un don natural para entablar relaciones con cualquiera y hacer amigos, ‘Ricucho’ era el rey del Carnaval. Llegadas las fiestas, la incógnita de los vilagarcianos era saber qué representación improvisaría en compañía de su familia. Los Campos acaparaban los primeros premios del concurso que se celebraba en el Liceo Marítimo.

Cuentan que su cuerpo quedó cubierto de papeles de colores cuando sacaron del armario una sábana, sin percatarse de que envolvía el confeti, y la extendieron sobre su cadáver en el velatorio celebrado en su domicilio el día 14 de noviembre del año 2001. Tenía 76 años.

Aquel grave percance, que pudo haberle costado la vida y le obligó a permanecer internado en varios hospitales, luchar y sufrir durante años, no cambió su forma de ser. En el Sanatorio Domínguez, de Pontevedra, estuvieron a punto de amputarle la pierna izquierda.

Salvó la extremidad porque mantenía la movilidad en el pie, y su tratamiento médico siguió en varios centros sanitarios de Barcelona, donde ’Ricucho’ llegó a hacerse fotos representando el papel de médico mientras operaba a los galenos que lo atendían.

Fue entonces, en el peor trance de su vida, cuando hizo pública su solemne promesa de que si le tocaba la Lotería financiaría la construcción de un monumento dedicado a Alexander Fleming, el descubridor de la penicilina, que entonces llegaba a España de contrabando desde Portugal y le salvó la pierna. «Lo decía todos los años», indica su esposa.

También anunció que, si llegaba ese día, nadie se enteraría de la inversión económica para costearlo. Y cumplió. Hoy, nadie de su familia tiene ni idea de la cifra, y tampoco saben qué parte de los 720 millones de la Lotería de pesetas le tocó.

Quien podría haber desvelado el precio del monumento era su autor, pero Alfonso Vilar también falleció. Y si fuese preguntado por este asunto, probablemente hubiese mantenido el secreto, porque así se lo había prometido el escultor de Vilalonga (Sanxenxo) a su amigo ‘Ricucho’.

El día 16 de enero de 1976, envió una carta al Concello de Vilagarcía en la que aludía, en tercera persona, al accidente sufrido y a su promesa de levantar el monumento a Fleming, «que, con motivo de haberse visto favorecido con la Lotería de Reyes, de tan grato recuerdo en esta población, volvió a su mente la promesa que no había podido llevar a la realidad», indica el escrito. Lo acompañaba con lo que calificó de «dibujos simples, ya que el original será notablemente mejorado, de lo que se proyecta realizar».

El Concello respondió afirmativamente a su petición para permitir su instalación y a la ubicación que propuso, los jardines que llevan el nombre del Premio Nobel. Fue así como el destino quiso que se erigiese un monumento a un científico cuyo descubrimiento salvó la vida de millones de personas en un lugar al que los vilagarcianos se dirigieron para conducir a sus muertos porque fue el cementerio hasta los primeros años del siglo XX.

Eran tiempos en los que los jardines del alcalde Francisco Ravella, situados frente a la Casa Consistorial, era un lugar llamado Campo das Cabritas, una denominación que deja a las claras que se trataba de un espacio eminentemente rural, y los vecinos usaban el término arrabales para referirse a la parcela que ocupan los jardines del Doctor Fleming y el colegio Anexo A Lomba, situados a pocos metros del Concello.

El Gobierno local recibió con satisfacción la propuesta de ‘Ricucho’ y le dio su autorización de inmediato. También se comprometió a ocuparse del mantenimiento del monumento, que fue inaugurado en la fecha más señalada de la ciudad, el 16 de agosto del año 1976, día de San Roque.

El acto comenzó con un paseo de la comitiva de autoridades desde el Concello hasta los jardines. Varios centenares de vilagarcianos presenciaron el acontecimiento, presidido por el alcalde, José Luis Nogueira, en el que también estuvo presente el vicecónsul de Gran Bretaña en Vigo, Juan Manuel Cogolludo, y otras autoridades civiles y militares. Alfonso Vilar y su esposa acompañaron a ‘Ricucho’ y Rosario Sánchez.

Un amigo del promotor de esta iniciativa, que pasado el tiempo acabaría convirtiéndose en el presidente de la Xunta de Galicia, el doctor Gerardo Fernández Albor, se encargó del discurso. No pudo acudir la viuda de Fleming, Amalia, que recibió una invitación y un álbum con fotografías de la inauguración enviados a través de la Embajada Británica.

En el año 1977, Luis Enrique Campos Dopazo, ‘Ricucho’, recibía en su domicilio de la avenida del Generalísimo una carta, escrita a mano y en inglés sobre un fino papel de color azul, firmada el día 6 de febrero en la calle Kanari 23 de Atenas por Amalia Fleming.

«Apreciado señor Campos: El embajador británico en Atenas me ha dado un álbum con fotos del hermoso monumento que ha dedicado usted a mi esposo. Le escribo la presente para darle las gracias y decirle cuan conmovida estoy por el hecho de que mantuviera usted su promesa después de 20 años», puede leerse en sus dos primeros párrafos.

«No hay duda alguna de que mi esposo hubiera sido muy feliz de saber que había contribuido a salvar su vida. Amaba el país de usted y a los españoles, que mostraron un aprecio semejante por su obra.

Una vez más, deseo agradecerle su generoso gesto y confío en que usted y su familia se encuentren con salud y felices al recibo de ésta», concluye la misiva.

El día 4 de julio de 1980 Amalia Fleming se encontraba en Madrid para asistir a la Asamblea de Parlamentarios del Consejo de Europa en calidad de diputada del Partido Socialista de Grecia. Su fama había trascendido de la circunstancia de haber estado casada con Alexander Fleming porque luchó contra la ocupación nazi de su país y contra la dictadura de los coroneles, además de presidir la Asociación de Mujeres Universitarias y pertenecer a Amnistía Internacional y a la Asociación de Ayuda a los Perseguidos Políticos.

En la capital de España dijo lo siguiente: «Un obrero muy pobre, que se hallaba al borde de la muerte, salvó su vida gracias a la penicilina. Recién curado, prometió hacer dinero y levantar un busto de bronce a mi marido. Las cosas no le fueron bien, pero 20 años después le tocó la lotería y cumplió su promesa».

Estas palabras fueron recogidas por la prensa. Nadie le preguntó a quien se refería. Hablaba de ‘Ricucho’.


Diario de Pontevedra (18-03-2012)

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