miércoles, 4 de abril de 2012

"Custa pegarlle porque é un veciño"

Fago o papel de soldado con moito agarimo, pero o de pegarlle xa non. Hai que facelo, pero aínda que penses que non, cústame un pouco porque é un veciño», argumenta José Manuel Moraña, el técnico de sonido de la Orquesta Marbella, de 39 años, que tiene impresa en su ADN la huella de haber participado en los actos que se celebran durante la Semana Santa en Paradela (Meis) desde hace media vida.

Es el responsable de descargar golpes sobre las espaldas de Enrique Barros, utilizando una cuerda, cuando este delineante de 32 años sube con un cruz a cuestas que pesa 30 kilos los 300 metros de distancia que hay entre la iglesia y el alto del monte de A Croa, representando el papel de Jesucristo el día de Viernes Santo.

Tiene que hacerlo rodeado de público. Muchos son habituales y asisten en silencio, pero sucede también que quienes acuden por primera vez a esta cita protestan ante la dureza de las escenas de las que son testigos.

«Ao público tes que amosarlles algo. Aínda que non o fagas a gusto, estamos representando. Non é o primeiro que nos chama animais, e as veces dache ganas de dicirlle que non se meta, pero non podemos respostarlle de mala maneira», agrega.

El castigo a Enrique Lucio comienza con la flagelación, que se celebra en el atrio de la iglesia de santa María el Jueves

«A xente suspira. Pensa que vai ser a cousa máis frouxa, ata que ve como se lle poñen vermellas as costas e que non é mentira», dice Fran Fontenta.

Fontenla es un repartidor que hace de soldado desde hace cuatro años. «Onde máis impacta é abaixo», dice para explicar que es en el atrio donde Lucio recibe el peor castigo. Manuel Simón asiente. Tiene 48 años, es albañil, y desde hace más de tres décadas también realiza el mismo papel.

Sobre el escenario situado al lado de la iglesia, rodeado de vecinos y ante miles de espectadores, Fontenla reconoce que no es fácil el trago porque es una escena que, por razones obvias, ensayan. «Quieto, realmente, non está, porque, queiras ou non, o corpo pídeche ir para outro lado porque estante mallando», expone. Trata de que el impacto se produzca en la zona más próxima a los hombros porque es donde hace menos daño, «pero o ano pasado moveuse e veu as estrelas», recuerda.

Fran Fontenla, José Manuel Moraña y Manuel Simón se ríen, al igual que Diego Angueira, Óscar Portas, Manuel Ángel Fontán, Ramón Muñiz y Bruno Moraña, seis vecinos que participan en la representación y los acompañan en la conversación celebrada el jueves 15 después de un ensayo. Manuel Moraña permanece serio.

«Físicamente, claro que quedas un pouco moido porque, a parte dos letigazos, que é o que máis impacta á xente que vén a ver os actos, están as caídas no camino do monte da Croa e estar atado na cruz. Despois veñen unha ou dúas semanas nas que casi non me movo», expone Enrique Barros.

Quien además de representar a Jesucristo es el director de los actos y artífice de que las representaciones que se celebran en Paradela hubiesen alcanzado su máximo nivel de esplendor subraya que retexto cibe el castigo «co gusto de saber que é algo que sinto por dentro e é un papel que me encanta interpretar », asegura.

Quienes se convierten en soldados durante dos días al año saben que deben representar un papel, y no vale quedarse cortos porque consideran que sería una falta de respeto al público que acude cada año en mayor número. «Enrique dinos que fagamos o noso papel como o vivimos. Insiste en que lle deamos con naturalidade», apunta José Manuel Moraña.

«A política queda fóra», responden al unísono cuando se le plantea que desde hace menos de un año Barros es concelleiro del PP.

Enrique Barros cogió el relevo de Fernando Oubiña en el papel de Jesucristo, y antes de Oubiña fue Manuel Moraña el primer vecino que lo hizo. «Empecei ós 11 anos a levar a cruz ó lombo», afirma.

«Daquela eramos todos rapaces de once, doce ou 13 trece. A xente da parroquia non quería participar porque pensaba que era facer o jilipollas», añade. Fueron tiempos en los que tenían que ponerse barba postiza o pintarse la cara con carbonilla asemejarse a los personajes bíblicos. «E desde entón xa houbo trallazos», precisa.

Poco a poco, lograron llamar la atención de los vecinos y ganar su respeto. Con el paso de los años su fama se extendió más allá de los límites del municipio, y entre todos consiguieron que esta fiesta fuese declarada de Interese Turístico.

La continuidad está asegurada porque todos subrayan que participar es un motivo de orgullo, y solo así puede explicarse que la práctica totalidad de los más de cien personajes que lo hacen posible vivan en una parroquia de un millar de habitantes.

Es una tradición que vincula a las familias través de varias generaciones. Quienes asistan a los actos podrán ver a figurantes

de 90 años al lado de otros que no cumplieron los tres.

Afirman estar orgullosos de hacerlo, y este sentimiento colectivo explica que también confeccionen los trajes, los cascos y el resto del atrezzo y monten y desmonten los escenarios, uno cada día.

«As veces pregúntolle, ‘Enrique, pareceuche mal?’», confiesa José Manuel Moraña, que antes de soldado hizo de apóstol. Fran Fontenla fue angelito y después cogió el látigo.

Todos lo celebran la noche del domingo con una queimada. Se hacen la foto de grupo, y cuando acaban los actos empiezan a pensar en los retoques que harán para el año siguiente.

Diario de Pontevedra (25-3-2012)


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