martes, 11 de septiembre de 2012

75 años después del asesinato



Mientras en España se libraba una guerra entre quienes defendían el régimen democrático establecido y la República y en Galicia los rebeldes ya campaban a sus anchas, cabe imaginarse la escena que se produjo a las puertas de la cárcel de Pontevedra un día del año 1937.
La protagonizó una mujer desamparada, que se desplazó desde Vilanova de Arousa hasta la capital de la provincia, llevando un colchón.  Su único objetivo era que los guardias del nuevo régimen le permitiesen dejarlo allí para que se lo entregasen a su hijo.
Burlas, amenazas y sarcasmo fue la respuesta que le dieron, antes de acreditar su brutalidad realizando una práctica común por entonces, le cortaron el pelo a cero para que regresase humillada a su pueblo.
Era la madre de Paco Reirís, uno más entre tantos miles de detenidos al que acribillaron a balazos en Pontevedra. Transcurridos tres cuartos de siglo desde que se produjese aquel asesinato, un grupo de vecinos saldrán esta tarde a la calle para homenajeralo en un acto promovido por la Asociación Cultural Roi Vicente.
Además de pagar una deuda pendiente con quien fue una víctima por haber defendido la libertad, la organización de este acto también se convierte en la mejor oportunidad para dibujar los perfiles de una figura que, como tantas otras, quedaron difuminados en la niebla de 40 años de dictadura y otros tantos de olvido.
En Paco Reirís confluyeron dos características, su pronunciado cariño por el municipio en el que nació y la conciencia de clase que lo empujó a liderar luchas sindicales en el sector de la conserva.
Una de las tareas en las que se implicó a fondo fue en la defensa de Vilanova de Arousa, y lo hizo en una época en la que sus vecinos tuvieron que hacer valer sus mejores recursos para impedir que el vecino Concello de Vilagarcía se anexionase varias parroquias limítrofes.
Como teniente de alcalde, también promovió una campaña de recogida de firmas destinada a impedir que alcanzasen sus propósitos los promotores de una campaña promovida con la finalidad de que Vilanova fuese absorbida por Vilagarcía.
Como miembro de la Corporación municipal, Paco Reirís participó en las gestiones que hicieron posible la apertura de la calle que une A Pastoriza con Os Olmos, y que lleva su nombre desde que lo decidió así una de las primeras corporaciones municipales, una vez restaurada la democracia, con mayoría socialista.
Pero la actividad en la que dejó impresa su huella, y posiblemente también la que tuvieron más en cuenta quienes decidieron acabar con él, fue su labor como sindicalista. En aquella época, el sector conservero era el más fuerte en la economía de Vilanova y las condiciones de trabajo que debían soportar los operarios, a cambio de un salario mísero, rayaban con la esclavitud.
De sol a sol era el horario que debían cumplir, y la palabra derechos prácticamente carecía de vigencia. Su activismo hizo posible que se implantase la jornada de ocho horas, además de lograr que las madres con hijos lactantes dispusiesen de permisos para ocuparse de ellos.
Los jerifaltes del franquismo no le perdonaron la afrenta. Paco Reirís fue arrestado en Vilanova y lo trasladaron hasta Cambados, donde el Pazo de Fefiñáns había sido convertido en un centro de detención masiva.
Desde Cambados lo llevaron en un camión hasta Cesantes, y en esta localidad lo embarcaron hasta la isla de San Simón, que era en aquellos tiempos un campo de concentración en el que miles de personas fallecieron o esperaron la muerte.
A Paco Reirís lo sacaron de allí para llevarlo de nuevo a Pontevedra, donde lo acribillaron a balazos el día 11 de mayo del año 1937.


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