domingo, 7 de octubre de 2012

Con un dedo de la mano izquierda



Escuchó dos veces la frase ‘si no mueres hoy, no mueres nunca’ y, además de superar dos situaciones críticas, separadas entre sí por más de cuatro décadas, también fue capaz de vencer las limitaciones que le provocó el segundo de los episodios. 
 Xosé Lois Vila Fariña (Baión-Vilanova, 1954) sigue haciendo lo que le apasiona, plasmar sobre el papel la riqueza etnográfica de la tierra que lo rodea, para que la respeten, y las tradiciones, vivencias e historias de sus vecinos, para que no caigan en el olvido.

 «Eu nacín primeiro, iso foi o que me salvou», asegura, porque el día 21 de abril del año 1954 vino al mundo en el lugar de Serantes, en la parroquia vilanovesa de Baión. Era mediodía y la sorpresa de Manuel y Peregrina se produjo cuando comprobaron que eran padres de gemelos. Pero Manuel, su hermano, murió a los dos días.

Si vida nunca fue fácil, y el segundo revés fue la enfermedad pulmonar de su padre, un maestro que no había aprobado las oposiciones e impartía clases particulares, que lo obligó a permanecer durante largas temporadas en un hospital de Vigo y falleció ocho años después de su nacimiento.

Su madre lo enseñó a leer, tarea en la que también colaboró su padre cuando la enfermedad le daba alguna tregua, y a los cinco años trataba de descifrar qué decían los periódicos. A tan temprana edad, «naqueles tempos era un prodixio», afirma.

Las cosas volvieron a torcerse cuando le atacó el virus de la meningoencefalitis. Durante casi cuatro meses estuvo postrado en  una habitación de un hospital de Vigo. Fue entonces cuando le dijeron que si esa enfermedad no acababa con él, no moriría nunca.

Vila fue ingresado en el Hogar Padre Salvado, de Tui. «Aquilo era o inferno. Cortábannos o pelo ó cero todos os meses, había que falar en castelán e facíannos rezar máis que ós curas», recuerda.

Y allí tuvo que permanecer durante cinco años, en los que compartió con un grupo formado por cinco compañeros su afición por la historia y la mitología que había despertado la lectura de un diccionario en su casa de Baión. Sus escenas favoritas estaban en La Odisea y La Ilíada. Héctor y Aquiles eran sus héroes.

También protagonizó dos intentos de fuga. El primero fue en solitario. Una noche abandonó el colegio, se puso a caminar en dirección al Monte Aloia y acabó durmiendo cerca de una taberna. 
El día siguiente reanudó la marcha con la intención de llegar a Vigo, pero en Mos llamó la atención su presencia y acabó en el Cuartel de la Guardia Civil.

«¿Te has escapado?», le preguntó un cabo después de comprobar su procedencia. Vila respondió con una afirmación. «No me extraña», le dijo el guardia, que sabía cómo se las gastaban en el Hogar Padre Salvado.

Le cayó una bronca después de haber estado un día en la enfermería, y su segunda fuga frustrada hubiera sido masiva si la intentasen los 35 alumnos que ocupaban su dormitorio, pero solo respondieron tres: él, un chaval de Dena (Meaño) y otro de Pontevedra.

Eligieron el trazado del ferrocarril para encaminarse hacia Pontevedra, y es posible que hubiesen llegado a otra capital, Ourense, de no haber sido interceptados por los guardias de la frontera cuando caminaban en dirección a la ciudad de As Burgas.

No llegó hasta su casa, pero alcanzó el objetivo que buscaba porque lo expulsaron. Sucedió en  1967, tenía doce años y comenzaba una nueva etapa en su vida. Regresó a la escuela de Baión, y asegura que aprendió más en un año que en cinco en Tui.

Sacó el certificado de Estudios Primarios. Le atraía la mecánica, pero tuvo que convertirse en aprendiz de sastre. Lo dejó a los tres años y tampoco le convencieron la electricidad ni la electrónica, actividades a las que se dedicó durante un corto espacio de tiempo.

Sus problemas de visión no lo desanimaron, y por este motivo quedó exento de hacer el servicio militar. Enseñó a leer y escribir y dio clases de recuperación en la casa de su madre.

Era entonces Vila un joven cargado de ilusiones que reflejó en la creación de una revista de periodicidad mensual, titulada ‘O noso pobo’. El primer número salió a la calle en enero de 1982 y su sueño finalizó en junio de 1985. Fue un proyecto que califica de «épico», y tuvo una segunda etapa entre 1993 y 2000.

La diabetis que le detectaron tampoco lo desanimó. Como los panaderos o las lecheras, Vila recorrió, andando, todos los meses los lugares de la extensa parroquia de Baión para vender los 350 ejemplares de su revista puerta a puerta, primero a 125 pesetas y más adelante, cuando compró la fotocopiadora, a 250.

Empezó, entonces, su etapa de colaborador en varios diarios, en los que dejó escritas más de un centenar de crónicas, al tiempo que publicaba libros sobre Vilariño (Cambados) o Ribadumia y hacía  trabajos de investigación sobre Cristóbal Colón y su posible origen gallego, reflejados en cuatro ejemplares de una revista.

Publicó sobre el Monte Lobeira, Pontearnelas, el vino de Barrantes, la Cámara de Comercio, Baión, una síntesis histórica de Galicia, Domingo Fontán,  Vilanova, y se estableció durante una temporada en Poio para dedicarse durante varios años a investigar las raíces gallegas de Cristóbal Colón, sobre el que elaboró una obra de teatro y varias revistas.

El trabajo de dilvulgación le permitía ir tirando, y no lo abandonó después del 11 de septiembre de 2005. Aquel día se dirigía a casa de su madre cuando cayó al suelo. Creyó que había resbalado pero no pudo levantarse. Acudió un vecino en su ayuda. Es todo lo que recuerda.
  
Hasta noviembre estuvo internado en el Hospital Montecelo, de Pontevedra. Allí supo que había sufrido una hemiplejia que le paralizó la mitad de su cuerpo y una descompensación visual que hizo necesario tapar el cristal derecho de sus gafas.

Con 51 años acabó en una residencia de ancianos de Vilagarcía, donde permaneció hasta mayo de 2006. Tuvo que aprender a escribir de nuevo. «Tiña ideas, a cabeza funcionábame, pero non podía escribir».

Le regalaron un ordenador, y mientras le habilitaban una casa adaptada a sus necesidades, se levantó de nuevo contra la adversidad como sabe hacerlo, escribiendo. Y llegó entonces la etapa más prolífica.

Xosé Lois Vila Fariña elabora la historia de A Illa junto con Juan Dopico, y la de Vilanova, publica una monumental encicolopedia de Baión, un trabajo sobre aforsimos, una obra de teatro, nuevas aportaciones relacionadas con Cristóbal Colón, aborda el origen del vino albariño y las biografías de su amigo Domingo Fontenla y Julia Becerra Malvar.

A raíz de aquel episodio escuchó por segunda vez la frase, ‘si no mueres hoy, no mueres nunca’. Vila se rebela. Vila no se resigna. Desde entonces, firmó 21 publicaciones. 

Ahora trabaja en la historia de la parroquia de Tremoedo (Vilanova). Medio ciego, y tecleando sobre el ordenador con el único dedo de la mano izquierda que atiende las órdenes de su cerebro, el índice.

Diario de Pontevedra (07-10-2012)

2 comentarios:

  1. Excelente, noraboa! lastima non ser do Grove... ti xa me entendes jeje. Saúdos

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