domingo, 17 de junio de 2012

La sortija del tratante de fieras

Cuando intentaba recuperar un cadáver que había quedado encajado en la cala de O Curro tirándole de un brazo, el otro le cayó sobre su espalda, provocando un susto de muerte a un paisano de Camelle (A Coruña) cuya intención posiblemente hubiera sido tratar de aprovecharse de la desgracia ajena. Dicen que huyó del lugar con el corazón en la boca.
Tuvo más fortuna una pareja que volvía de la finca, porque se encontró con una cartera cuando sacó el cuerpo del agua. Le arrancaron con los dientes la sortija que lucía en un dedo y se repartieron un fajo de billetes. La mujer llamó a su marido para que regresase de América, y el chasco que sufrieron fue monumental cuando comprobaron que aquel botín no les impediría seguir siendo pobres.
Los naufragios siempre provocaron un aluvión de acontecimientos. Incluso los más escabrosos acabaron siendo de dominio público a través de las conversaciones que se mantenían en las tabernas jugando la partida. Es lo que aconteció en este caso, y así fueron recogidos por Rafael Lema en un libro titulado ‘Costa da morte. Un país de sueños y naufragios’, editado por el Grupo de Acción Costeira 3.
El ‘City of Agra’ era un barco de 4.000 toneladas, tripulado por 71 personas, en el que viajaban dos pasajeros. Había partido de Liverpool el día 29 de enero del año 1897. El 3 de febrero navegaba a 35 millas de A Coruña con destino a Calcuta, cuando se levantó un temporal. Su capitán perdió la referencia del cabo Vilán y acabó embarrancando en A Pedra do Canesudo, en la ensenada de Arou,
La embarcación partió de inmediato en dos pedazos y el pánico cundió entre la tripulación, formada por marineros de nacionalidad india, que trataron de escapar de la muerte trepando por los palos. Muchos de ellos acabaron destrozados sobre la cubierta.
Otros se subieron a dos botes. Uno fue destrozado por las olas contras las rocas. El otro se internó en el mar y los náufragos fueron recogidos por el carbonero inglés ‘Onega’. Algunos alcanzaron la costa a nado, agarrándose a troncos. Los habitantes de Camelle se la jugaron para salvar la vida de quienes habían quedado en el pecio. Murieron 39.
La noticia llegó cuatro días después a A Coruña, y el cónsul británico se hizo cargo de los 42 supervivientes, que fueron alojados en dos establecimientos.
A los indios los acomodaron en Casa Diego, mientras que los europeos encontraron aposento en un establecimiento mejor acondicionado, Casa Cosme, prolongándose la división en función de su clase social también en una tierra que para todos era extraña.
Uno de los pasajeros del ‘City of Agra’ era Mister Dunn, que había sido contratado para encargarse de la dirección de una plantación india de té durante ocho años. El otro se llamaba Mister Jamrach, un tratante que surtía de fieras a varios zoos europeos y se desplazaba para cumplir con el encargo que le había hecho el de Londres.

Jamrach era entonces un apellido que identificaba a un potente emporio, fundado por Jacob Gotthold Jamrach (1792-1860), al que dio continuidad su hijo Johann Christian Charles Jamrach (1815-1891). Estaba asentado en los muelles de la capital inglesa, con oficinas en St-George’s Este.
Mark Twain dejó escrito que P.T. Barnum, dueño de un circo en Estados Unidos, acordó con Charles Jamrach la compra de 18 elefantes con la condición de que ‘Jumbo’, que se encontraba en el zoo londinense,  figurase entre los proboscidios.
Ante la negativa del vendedor, P.T. Barnum adquirió una opción de compra sobre la entonces abandonada casa natal de Shakespeare. El escándalo que provocó en Inglaterra fue monumental. Jamrach se vio presionado por el Gobierno y tuvo que ceder el paquidermo para que P.T. Barnum renunciase a la operación urbanística y la vivienda del dramaturgo no cayese en manos extranjeras.
Charles también se hizo famoso por haberse enfrentarse a un tigre de Bengala que había escapado de su jaula y se llevó, presa de sus colmillos, a un niño de ocho años sujeto por su ropa. En una placa figura que Jamrach agarró por el cuello a la fiera, obligándola a dejar su presa. «El niño salió indemne y el tigre, dominado, fue devuelto a su jaula», puede leerse en un grabado sobre el bronce.
Albert Edward, su hijo, fue el representante de la tercera generación al frente de la empresa más importante del mundo. Sus viajes a India y África fueron habituales e hizo donaciones de animales traídos desde Australia a la Universidad de Oxford y a otras instituciones.
Su hermano William también se dedicaba a esta actividad, aunque el máximo responsable de la empresa de compra-venta de animales salvajes cuando se produjo el naufragio era Albert, por lo que Rafael Lema mantiene que todo apunta en la dirección de que fue la víctima del ‘City of Agra’.
Siendo así, era el cadáver de Albert Jamrach el que estaba atrapado entre las rocas y encontró el vecino cuando merodeaba por la orilla del mar días después de que el ‘City of Agra’ hubiese naufragado, y su brazo el que le provocó el susto. También el que halló aquella pareja que creyó haber encontrado una fortuna en su cartera.
Estudioso de la teosofía, el budismo y las religiones orientales e importador de objetos antiguos y reliquias, de su dinero no quedó rastro alguno.
La Corona inglesa otorgó condecoraciones y agradecimientos a quienes participaron en el operativo de salvamento. En Camelle se conservan las medallas, en las que figura la leyenda ’For gallantry and humanity. 3 february 1987’.
La campana del barco fue donada a la iglesia del Espíritu Santo, que entonces era una capilla, y cuando suena se hace presente de nuevo el recuerdo del ‘City of Agra’ partido en dos pedazos y hundiéndose en A Pedra do Canesudo.
Es posible que la sortija que arrancaron a dentelladas del dedo del cadáver de Albert Jamrach esté guardada en un joyero de cualquier vivienda de Camelle o la luzca algún vecino.

Diario de Pontevedra (17-6-2012)