lunes, 9 de julio de 2012

La proeza cartográfica de un sabio

Armado con un instrumento de medición llamado teodolito, que se usa para obtener ángulos verticales y horizontales y también está dotado de herramientas auxiliares para medir distancias y desniveles, un buen día Domingo Fontán Rodríguez se dispuso a recorrer Galicia.
Había encargado esta herramienta a un óptico de París para afrontar una misión, inédita en España, que iba prolongarse desde el año 1817 hasta el 1834. La de levantar la Carta Geográfica siguiendo un método científico por primera vez, la triangulación geodésica.
«Se echó a los caminos para convertirse en un personaje celebérrimo en cada comarca por la que iba pasando, y al que los campesinos trataban con una mezcla de reverencia y conmiseración, las que merecía un sabio que tenía el comportamiento de un loco», escribe Miguel Anxo Murado en ‘Otra idea de Galicia’.
Nació en una familia, que él mismo calificó de «no escasa fortuna», el día 17 de abril de 1788 en el lugar de Porta do Conde (Portas). Estudió en Baliñas y Búa (Barro), hasta que a los doce años se hizo cargo de su educación uno de sus tíos, el sacerdote Sebastián Rodríguez.
Bajo su tutela inició una nueva etapa a caballo entre Noia y Santiago, donde ingresó en la Universidade para cursar estudios en disciplinas tan diversas como teología, matemáticas, astronomía, derecho, filosofía y lenguas española y francesa. Galicia se convirtió en su gran pasión. 
Humanista y liberal, sus ideas sociales avanzadas le depararon problemas personales y profesionales. Los partidarios del rey Fernando VII lo acusaron de traidor y fue juzgado, condenado y amnistiado, purificado era el término que se usaba entonces, en dos ocasiones.
La inquietud por la cartografía se la inoculó un profesor, el lalinense José Rodríguez González, conocido como ‘El matemático de Bermés, que impartió clases en la Universidad de Gotinga (Alemania) y, como su discípulo, también fue represaliado por sus ideas políticas.
Compaginó su grandiosa empresa con la función de profesor en la Universidade de Santiago, secretario de la Deputación Provincial de Galicia y diputado en Cortes por las provincias de Pontevedra y Lugo en tres ocasiones.
Lo hizo en solitario, durante las vacaciones, financiándose con sus propios medios y alguna ayuda puntual. Unos dicen que estableció su primera estación geodésica en una aldea de Ordes y otros sitúan este hito en la torre del reloj de la Catedral de Santiago
El matemático de Portas estaba convencido de que no podía entenderse Galicia sin el conocimiento profundo de su geografía, y en sus periplos localizó más de 4.000 iglesias que no habían sido catalogadas.
«Fontán rayó entre lo mítico y lo poético, porque a lo largo de sus diecisiete años de recorridos a pie y a caballo llegó a conocer personalmente a casi todos los gallegos vivos en aquel momento, además de todos y cada uno de sus pueblos, valles, ríos y montañas», expone Murado.
Cuenta Murado que el sabio de Portas realizó un añadido de última hora a su monumental obra, al percatarse de que había olvidado incluir en ella el nombre de su lugar natal, Porta do Conde.
Xosé Los Vila Fariña, en  ‘Vida y obra de Domingo Fontán’ indica que las gestiones para la impresión de la Carta Geométrica comenzaron en el año 1834, cuando fue entregado a la reina María Cristina de Borbón,  pero no culminaron hasta 1845, «y fue necesario que su autor se desplazase a París en el año 1838, dado que por los lares hispanos no se hallaba grabador que se sintiese capacitado».
«Se compone de doce grandes hojas, tamaño 600x700 milímetros, en una escala 1:100.000, llevando al lado de la escala en kilómetros otra en leguas de 20.000 pies y una tercera en millas, de 60 de largo. Las alturas sobre el nivel del mar van dadas en varas castellanas, equivalentes, cada una de ellas, a 835 milímetros», precisa Vila Fariña.
«Nuestra madurez intelectual como personas puede remontarse a la forma en que trazamos los dibujos de nuestro entorno. Comenzamos con representaciones primitivas y literales del terreno que vemos a nuestro alrededor, y vamos avanzando hacia representaciones cada vez más precisas y abstractas del espacio geográfico y topográfico», expone Nicholas Carr en ‘Superficiales’. Este proceso «representa una revolución de los modos de pensar», concluye el cartógrafo Vicent Virga.
Adrián Solovio, el personaje en el que se identifica a sí mismo Otero Pedrayo en la novela ‘Arredor de si’, finaliza su recorrido por Europa ante el lecho de su tío moribundo, quien le pide que ilumine con una lámpara el mapa de Domingo Fontán para pasar su mano por los lugares que conoció.
«Para uns a Terra é o pequeno berce no que naceron (...) Para outros, a Terra e tan grande que soamente alcanzan a vela no mapa de Fontán» (Castelao, ‘Sempre en Galiza’).
Durante los últimos tiempos, no pocos alcaldes justificaron los gastos en fiestas gastronómicas diciendo que era la mejor manera de poner a sus respectivos municipios en el mapa, cuando de ese trabajo ya fue realizado hace nada menos que 278 años.
Cabe preguntarse qué habría sido del ilustre geógrafo si para llevar a cabo su inmensa obra hubiese tenido que participar en cuanta papatoria se celebra en Galicia a cuenta del erario público. Es muy probable que acabase con el colesterol por las nubes y el hígado reventado.

Diario de Pontevedra (08-07-2012)