domingo, 30 de junio de 2013

A los pies del Tungurahua



Dejarlo todo y cambiar de vida. No regresar. El paréntesis que supone unas vacaciones permite descubrir potencialidades y facetas que las obligaciones del día a día mantienen ocultas, y que afloran a la superficie cuando uno se convierte en dueño de su tiempo. Entonces sobrevuela la tentación, que incita a dar un giro, para acabar desvaneciéndose casi siempre.
Tal cosa le sucedió a Andrea Crespo Torres cuando se encontraba a los pies del Tungurahua, un volcán situado en Ecuador. Marcó el número de teléfono de Tele Mundo, en Miami, y le comunicó al responsable de su departamento que no contase con ella, porque había decidido caer en la tentación y no estaba dispuesta a quedarse con la miel en los labios.
Las dos personas que la acompañaban en lo que había sido proyectado como una semana de vacaciones retornaron a la ciudad estadounidense, y Andrea Fernández buscó un apartamento en Baños de Agua Santa, dispuesta a sacarle el máximo provecho al dinero que había logrado ahorrar después de haber trabajado durante dos meses montando noticias en el segundo canal de televisión más potente de Estados Unidos después de Univisión.
Situada en un punto próximo al centro geométrico del territorio ecuatorial, Baños de Agua Santa es una localidad asentada a 1.820 metros de altitud sobre el nivel del mar, asentada sobre un valle que rodean paredes de un intenso verde, por las que se deslizan   cascadas de agua plateada que lamen la piedra, cuyos 20.000 habitantes viven con una maleta al lado de la puerta porque saben que el volcán puede rugir en cualquier momento y, cuando lo escuchan, saben que deben evacuarlas de inmediato.
«Nunca había estado sola en ningún sitio, pero algo me decía que tenía que quedarme allí», explica Andrea Crespo.
Pero lo que es sola, estuvo muy poco tiempo, porque en un pueblo que vive primordialmente del turismo y ofrece la posibilidad de practicar  deportes tan poco convencionales como rafting, canoa, kayaking, puenting, escalada o downhill, además de natación, sus pasos se cruzaron con los de los componentes de un equipo francés de parapente acrobático.
«Debuté a lo grande», comenta. Y tanto, porque el feliz encuentro, que tuvo lugar en enero del 2011,  le permitió volar en tándem y observar el Tungurahua, un volcán cuyo nombre lo dice todo en dos palabras quichuas: tungur (garganta) y rauray (ardor).
Su última erupción se produjo en el año 2012  y hasta hoy están registrados varios episodios; el último tuvo lugar el 21 de agosto, cuando 16 explosiones fueron el detonante de una lengua de ceniza incandescente de 25 kilómetros de longitud.

Vídeos y fotos. «Me encantó el tema, empecé a grabar vídeos y hacerles fotos y me uní al grupo», comenta. Pero antes de incorporarse al equipo de parapentistas, que hizo escala en Ecuador después de haber realizado saltos en Perú y Chile,Andrea Crespo tuvo tiempo para ir a al mercado, como si se encontrase en  A Illa de Arousa, su localidad natal, hacer amigo y recorrer la Ruta de las Cascadas.
Antes de llegar a Baños de Aguas Santa había recorrido las calles de Guayaquil, una ciudad cuyo tráfico define con la palabra caótico y bajo un calor aplastante. «Dicen que es bastante peligrosa y que abundan los secuestros exprés, pero yo estuve allí una semana y no me ocurrió ningún percance», recuerda.
«Tienes que saber cuándo no debes sacar la cámara y qué barrios evitar según qué hora» agrega. Guayaquil quedó atrás y el destino la llevó hasta una localidad llamada San Juan Bautista de Ambato, situada a poco más de una hora de la selva amazónica, a una altitud sobre el nivel del mar de 2.577 metros y con un amplio historial de destrucción, por terremotos y erupciones volcánicas.
Desde este lugar divisó por primera vez el imponente cráter del Tungurahua, elevándose más de cinco kilómetros, y se encaminó hacia Baños de Agua Santa para tenerlo más cerca.
 Finalizada la escala en esta localidad, se dirigió con los parapentistas de Grenoble hacia San Pedro de Pelileo, tierra de grandes ebanistas, conocida con el sobrenombre de Ciudad Azul porque  la actividad económica que le reporta más beneficios es la confección de pantalones vaqueros.
Pasan los pueblos, pasan las ciudades y queda atrás Ecuador en el peregrinar buscando las cumbres desde las que saltar y dejarse levar por el viento. Así llegaron a Manizales y a Pereira, dos ciudades de Colombia cuyos cafetales vieron desde el cielo.
«Medellín es la cara opuesta de Bogotá, Cali o Quito», expone Andrea Crespo, que guarda en su memoria la imagen de una ciudad de arquitectura moderna, cuyo metro nada tiene que envidiar al de cualquier capital europea.
Fue el punto final de la experiencia, y después se desplazó hasta Bogotá para subir a un avión que la dejó en el aeropuerto de Miami de nuevo. Se había marchado por una semana y transcurrieron tres meses.
No es una modalidad deportiva de riesgo, pero no por eso deja de reconocer que resulta peligroso viajar en autobús por Ecuador y Colombia a través de unas estrechas y sinuosas careteras, habitualmente de tierra, escarbadas en las faldas de las montañas, que dejan a la vista los precipicios.
«Compiten entre ellos para llegar antes a las paradas y coger a los pasajeros, y luego es habitual que paren en una fuente para permitir que una mujer pueda bajar a coger agua», comenta.
Hacerlo de noche, siendo mujer, y sola, incrementa las posibilidades de verse en un apuro. Ella lo hizo. «Será por ignorancia, pero no pasé ningún miedo. Cuando regresé, mis amigos y conocidos preguntaban que si me habían robado, y les respondí que volví con mi cámara, mi ordenador y mi teléfono móvil», apunta.
Y regresó con el bienestar que le dejó haber sentido la amabilidad de desconocidos que pronto dejaron de serlo porque siempre se mostraron dispuestos a ayudarla, con una sonrisa en el rostro, y que le abrieron las puertas de sus casas.

Tópicos. Los tópicos, tantas veces hijos de los prejuicios, se caen caminando «La compañía Avianca usó, en Miami, un lema parecido al que utilizaron hace años en Euskadi: Colombia, el único riesgo que puedes correr es querer quedarte», expone su compañero, Cándido Couceiro Mouriño, de Rebordelo (Cotobade), en una conversación celebrada en el parque de O Piñeiriño de Vilagarcía, que no suscita el interés de ‘Romeo’.
«Ahorita pueden ser horas, no puedes cabrearte, y cuando una discusión parece que va acabar a golpes finaliza con sus protagonistas riéndose», comenta Cándido Couceiro recordando una escena vivida por ambos en Santo Domingo, donde también presenciaron una pelea de gallos en el autobús, con el revisor realizando las funciones de árbitro.
Y de regreso a Miami, con los bolsillos prácticamente vacíos, el viaje siguió reportando beneficios a Andrea Crespo, que se encontró con una oferta de trabajo de Tele Mundo, empresa que la contrató de nuevo al considerar que su experiencia en Ecuador era el mejor aval para encargarse de la grabar varios episodios del programa ‘Ecuatorianos por el mundo’, que emite la televisión pública.
 Tuvo tiempo para regresar a Vilagarcía, documentarse y hacer los preparativos necesarios para permanecer mes y medio lejos de casa en una gira que la llevó a Ucrania, Austria y Eslovaquia.
«Fue perfecto, porque el trabajo me permitía hacer lo que más me gusta, viajar», reconoce. El calor plomizo de América del Sur dio paso a temperaturas bajo cero en Kiev, donde entrevistó a un estudiante de mecánica de aviación.
Ante su cámara también pasaron un abogado de una consultora del Consejo de Energía Nuclear de Gratz, una cantante de la Ópera de Viena o un monitor de zumba que intentaba enseñar a bailar a unos aprendices de aficionados más bien inexpresivos.
«La gente fue muy abierta porque necesitaba decir cómo vive y comunicarse con los suyos, algunos lloraban», comenta antes de subrayar que para los entrevistados fue una sorpresa mayúscula encontrarse con una entrevistadora y cámara española de A Illa de Arousa. «Ya veis, me enamoré de vuestro país», les respondió.

canadá. Viajar y conocer nuevas culturas empuja a Andrea Crespo y a Cándido Couceiro, pero también la necesidad obliga, por eso ambos, de 31 y 34 años, respectivamente, están preparándose para dejar España ante la falta de alternativas laborales, y ya tienen decidido el destino, será Canadá.
«Surgió la posibilidad y sabíamos que aquí no vamos a tener una oportunidad, siendo yo cámara y él arquitecto, barajamos Latinoamérica y Europa para decidirnos por Canadá», comenta Andrea Crespo. Ya cuentan con el visado, viajarán después del verano y todavía no eligieron la ciudad.
«Amigos míos, y amigos de sus amigos que salieron de la Escuela de Arquitectura de A Coruña, como yo, están en Vancouver y Montreal y nos aclararon muchas dudas porque ya pasaron por la situación a la que vamos a enfrentarnos nosotros», argumenta Cándido Couceiro. Otros se fueron a China y la práctica totalidad de su promoción optó por emigrar.
El destino podría ser Quebec o Montreal, que está a cinco horas de Miami, donde vive la madre de Andrea Crespo, y a una y media de Nueva York, pero no descartan Edmonton, en Alberta, porque su industria petrolera es fuente de trabajo, ni Calgari, donde tampoco falta ocupación para profesionales formados y con conocimientos de idiomas como ellos.
La elección de la ciudad tendrá que esperar, pero parece secundario escuchando la pregunta que se hace Cándido Couceiro: «¿Qué puedes esperar de un país en cuya bandera hay una hoja de arce?». A renglón seguido, responde, «lo dice todo».
Quien no dice nada es ‘Romeo’, un galgo inglés que corretea por el parque de O Piñeiriño y encontró abandonado hace cuatro años Andrea Crespo en Sanxenxo. También viajará a Canadá. «Si pudiese hablar, me gustaría saber si será su primer viaje», plantea.



Diario de Pontevedra (29-06-2013)

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