viernes, 7 de junio de 2013

Raíces del Lérez en las manos de Rivas



La acción del viento y la lluvia, la labor constante de los insectos y los gusanos, el empuje perpetuo del agua en su fluir y el inexorable paso del tiempo acaban por vencer a los árboles, que se derrumban sobre el cauce del río, donde el acelerado proceso de podredumbre que sufren provoca que se partan en pedazos.
 Secundino Rivas Vidal usa un reloj pero no es su esclavo porque es dueño de su tiempo, y cuando le da la gana agarra las herramientas y se encamina hacia le río Lérez, que recorrió mil veces en el tramo que surca el municipio de Cerdedo. «Xa teño moito río andado», subraya. El invierno pasado fue pródigo en temporales y dejó a la vista raíces que sacó del agua.
Sin esperar a que sequen, en su casa les quita toda la podredumbre hasta llegar a su hueso. Después comienza la labor creativa que despliega, cuyo inicio es no pocas veces a ciegas, hasta que observa una figura que le llama la atención o intuye que pronto va a encontrarse con ella.
«E se non vexo nada, profundizo máis», comenta Rivas. Habitualmente son formas humanas o de animales.
Finalizado este proceso, llega la hora de sanear la madera muerta, que parece cobrar vida y expresividad cuando a las caras que talló con una suave intervención les instala los ojos que compró un día cuando practicaba la taxidermia, afición de la que renegó hace ya muchos años. Entonces, sus piezas parecen devolver la mirada a quien las mira y resultan un tanto inquietantes.

Sondea el río Lérez desde hace algo menos de medio año, emplea varios días, con sus correspondientes noches, en su transformación y duerme un rato por la mañana, en una casa que rezuma arte por sus cuatro esquinas, cuyo atractivo desorden compondría el mejor escenario para el rodaje de una película, con la alegre banda sonora que protagonizan 11 periquitos, que pronto serán más, y el ronroneo de un gato.
En este entorno, Rivas elaboró 37 piezas, y su primera intención es completar una serie de 40, aunque tampoco descarta la posibilidad de llegar al medio centenar. Es posible que las exponga en el mes de agosto.
Y después dejará de buscar figuras en las raíces para poner sus manos sobre otro material noble, con el que manifestó por primera vez su vena artística, la piedra. Tiene un bloque de grandes dimensiones esperándole, que le trajo un vecino.
Tan autodidacta es con la madera como con la piedra, y tampoco sería descabellado pensar que Rivas sea el continuador de la vocación de sus abuelos, de Cerdedo y Sabucedo (A Estrada), porque ambos fueron canteros. Ellos la trabajaron con un fin utilitario, mientras que él muestra su vena artística, ni que la capacidad para expresarse mediante sus manos también la herede de su padre, que llevó el hierro hasta el rojo vivo en su forja.
Rivas escuchó la llamada de la piedra en una noche estrellada del verano del año 2006. Estaba tratando de acondicionar lo que había sido el taller de su padre para dedicarlo a usos recreativos. Puertas y ventanas permanecían cerradas, cuando le sorprendió una corriente de aire fresco.
 «Empecei a ver cousas novas, sentín que a pedra chamaba por min e empecei a traballar como un tolo», recuerda de aquela experiencia. «Foi así como coñecín a Maribel», agrega refiriéndose a un ángel que talló sobre una nube. Su tercera obra. Una vagina y un pene fueron las dos primeras.
Para surtirse de material acude a una finca, que fue de sus abuelos, situada en las cercanías de su vivienda, y solo tiene que recorrer sus muros para elegir aquellas piezas que encajen en el proyecto que anida en su mente. A continuación, el gran pájaro de la imaginación extiende sus alas y comienza el repenicar de los cinceles.
Cuando esto ocurre, más de una vez se olvidó de ponerse de nuevo los guantes y las gafas después de haber hecho un alto para fumar un cigarro, y lo pagaron sus ojos o sus dedos al recibir el impacto de las esquirlas y de la maza, y también experimentó el dolor que provocan las tendinitis.

De su única exposición, celebrada en Cerdedo enel año 2011, guarda muy buenos recuerdos, y desde entonces cree que su labor es reconocida, aunque sea frecuente que tal cosa suceda con plenitud hasta que alguien, llegado de fuera del pueblo, llame la atención sobre la obra del artista de la localidad.
«Eu son un maniático dos bos acabados»·, comenta mientra suenan en su aparato de radio Pink Floyd, The Doors, Led Zeppelin y otros grupos de la historia del rock que son su banda sonora desde que era un chaval.
«Abeja blanca zumbas ebria de miel en mi alma/y te esfuerzas en lentas espirales de humo», recita al tiempo que le echa una calada a su cigarro. «Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma», continúa recitando Rivas. «Eso dicía Pabo Neruda, pero Pabo Neruda dicía moitas cousas»...



 Diario de Pontevedra (25-05-2013)

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