domingo, 27 de octubre de 2013

Desiderio, libros y periódicos

No le dejó un buen recuerdo a Desiderio Dovalo Méndez su paso por la parroquia de Mogor (Marín) a la que llegó después de haberse ordenado sacerdote en 1921 y ejercer como coadjutor en la de San Bartolomé (Pontevedra). «Alí había moitos protestantes e tivo algún problema», reconoce su sobrino Pablo Dovalo.
Aquel episodio fue el contrapunto en una trayectoria de seis décadas en las que se convirtió en el cura por autonomasia de Meaño. En su pueblo natal dejó una imagen de hombre afable, discreto e innovador en algunos aspectos, mientras que de su segunda seña de identidad, el humanismo y la cultura, solo unos poco supieron hasta que falleció.
El germen de la vocación se lo inoculó su tío, Francisco Dovalo, párroco de Nantes (Sanxenxo). En su casa vivió durante varios años. Cuenta Pablo que en una ocasión, con 15 años, se metió en un pozo para sacar una cabra de una vecina que había caído en él.
Durante las vacaciones daba clase a los niños y demostró ser un buen ojeador, porque convenció a su tío de que entre sus alumnos de que valía la pena apostar por un chaval que «servía para crego». Su nombre es Cesáreo, fue cura en Samieira (Poio) y tuvo que pagar la chaqueta y el pantalón que le compraron en Sanxenxo con el dinero de los primeros entierros en los que ofició.
Acostumbrado a decir las misas en latín y de espaldas a sus feligreses, le costó a Desiderio Dovalo aceptar las directrices del Concilio Vaticano II, pero no le quedó otra opción. Lo que no permitió fue que a un cura joven se le viesen las piernas durante al eucaristía.
Cuenta Pablo que en la década de los 70 llegó un sacerdote que oficiaba con pantalón corto. Desiderio observó que se transparentaban sus extremidades. En Casa Valentín compró unas telas que cosió a las albas para poner fin al escándalo. «Non teñen vergoña ninguna, pouco lles falta para dicir a misa en calzoncillos», llegó a comentar.
Más de un chaval quedó atrapado por su bastón tratando de subir el muro de la finca que rodeaba su casa después de robarle fruta, y su sobrino reconoce que se quedó con las ganas de participar en la rapiña, por ser quien era, además de mantener la boca cerrada, porque si se chivaba podía atrapar.
También le robaron unos gallos, pero supo quien había sido el autor del hurto y esperó su momento. Llegó cuando se presentó en su casa para pedirle los papeles para casarse. El cura le cobró 3.000 pesetas. «500 polos papeis e 2.500 polos meus galos que comestes na casa da Cadela de Dena», le explicó al sorprendido novio, que no tuvo más remedio pagar.
Feligreses suyos que hoy rondan el medio siglo de vida reconocieron sentirse aliviados cuando les tocaba confesarse con él en los años posteriores a su Primera Comunión, porque en lugar de preguntarles por sus pecados les hacía responder, con una afirmación o una negativa, a una especie de cuestionario que elaboraba siguiendo los mandamientos.
También fue exitoso su método para motivarlos, mediante la entrega de vales con puntos con los que participaban en sorteos de libros o estampas, y supo ganárselos convirtiendo su televisión, la primera instalada en Meaño, en la de todos los chavales.
Pudo haber cambiado de destino, pero le gustó estar al lado de su familia, dice Pablo Dovalo, que desde los once años fue el encargado de tocar el armonio en la iglesia, relevando a su padre.
No sacó el carné de conducir. «Quedou moi queimado», dice su sobrino al referirse a la experiencia automovilística de Desiderio. En una ocasión, él y otros curas acabaron empujando un el taxi de Baldomero. Resultó un esfuerzo inútil porque no tenía gasolina y no llegaron al entierro que deberían haber concelebrado.
En otra ocasión el vehículo en el que se desplazaba acabó en una cuneta de Dena. Con más de 70 años era habitual ver su figura por las carreteras del municipio. «Non, vou a andar que teño presa», respondía cuando algún vecino lo invitaba a subir a su coche.
A medida que transcurrieron los años, las distancias entre tío y sobrino se redujeron, y fue Desiderio le narró a Pablo un episodio que éste ya había escuchado.
En 1936 estaban prohibidas las manifestaciones religiosas en la calle y tocar las campanas y el cura contravino ambas órdenes. Pablo afirma que sufrió una agresión y los santos acabaron en el suelo cerca de la puerta de la iglesia. «Aguantou estoicamente», subraya. Pero se enteraron los soldados del banco franquista, que le hicieron preguntas.
«Me tío díxolles que non acontecera tal cousa». Así impidió que fuesen detenidos y fusilados varios vecinos que rompieron varios cruceros, asentados sobre unos muros, y participaron en actos de resistencia durante los inicios de la Guerra Civil. Una noche llamaron a su puerta.
Era Luis Lage, un vecino que se presentó con sus agresores, dispuestos pedirles perdón. Desiderio Doval les puso como condición que reconstruyesen los cruceros. Poco después de cumplir su compromiso, varios huyeron por la puerta de atrás de la Casa Digna, donde los sorprendieron los soldados. Algunos se marcharon a Argentina.
El cura de Meaño hizo oídos sordos a las recomendaciones de los obispos y de otros párrocos de que se retirase. No le quedó más remedio que ceder algo de protagonismo a otros compañeros, pero manteniendo hasta el final el control de su parroquia.
Pablo Dovalo recuerda la sensación de alivio de Desiderio cuando supo del interés de su sobrino por conservar su biblioteca, porque dudaba de su destino si se los hubiesen llevado a Santiago, y una iniciativa del Grupo de Amigos de Meaño impidió que su hemeroteca fuese pasto de las llamas.
Su cuantía asciende a 4.829.000 pesetas, y tendrán preferencia loa aspirantes de Meaño o Nantes, puntualizó el arzobispo de Santiago, Rouco Varela, en una carta.
Más de un millar de volúmenes, entre enciclopedias y libros de religión, historia, la justicia soviética, la Gestapo, los evangelios apócrifos, las desviaciones sexuales, las sectas, los derechos de la mujer o la magia están en el bajo de la casa de Pablo Dovalo.
Otra parte del legado de un hombre que versificada en griego y latín se encuentra en el Pazo de Lis, convertido en el Museo da Muller Labrega. En siete armarios están recopilados 10.000 ejemplares de periódicos y revistas, desde La Codorniz a El Alcázar.

Todo está a disposición de quien quiera investigar y escribir un libro sobre Desiderio Dovalo Méndez, la ilusión y el deseo incumplido de su sobrino Pablo.

Diario de Pontevedra (27-10-2013)

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